EL CONTROVERSIAL DONALD TRUMP

Y cumplió una promesa de su campaña electoral. Y de forma por demás pomposa (muy propia de su estilo de show-man), lo ha anunciado al mundo desde los bellos jardines de la Casa Blanca: la salida de Estados Unidos de América del Acuerdo Marco sobre el Cambio Climático firmado en Paris en Diciembre del 2015.

Esta decisión, que ha causado un tsunami global de críticas contra el inquilino “temporal” de la “West Wing” del ejecutivo estadounidense, hay que entenderla dentro de un contexto más amplio del que nos comparten la prensa global o los analistas políticos. Esto por cuanto hay un claro rechazo contra Donald Trump – el cual es absolutamente justificado – que no debería de nublarnos la mente al momento de analizar este tipo de decisiones. Las mismas son extremadamente significativas para la comunidad internacional como para dejarnos guiar por sentimientos de rechazo, sea este ideológico, partidista y hasta personal, por el 45avo presidente de los Estados Unidos.

Me explico:

La decisión de Donald Trump tiene un impacto que es, esencialmente político y, desde esta perspectiva, de indiscutible corte populista porque, y esto es un hecho irrebatible, Estados Unidos no podrá salirse de forma efectiva de ese acuerdo sino hasta el 2019, prácticamente cuando la administración Trump estará a punto de terminar. Claro, existe la posibilidad de que sea re-elegido, pero eso, a como van las cosas, parece una absoluta imposibilidad.

El Acuerdo de Paris del 2015 NO es un acuerdo vinculante ni de cumplimiento obligatorio para ninguno de los Estados firmantes. Es básicamente una forma de pedirles a los países firmantes que, como mínimo, continúen haciendo lo que ya han venido haciendo para mitigar los efectos del cambio climático. La meta principal es mantener el calentamiento del planeta, debido a ese real e ineludible cambio climático que estamos atravesando, por debajo de los 2 grados Celsius por encima de los promedios pre-industriales, meta que para muchos especialistas es prácticamente imposible de alcanzar. Este propósito es, no obstante, un encomiable esfuerzo global que trata principalmente de enfocarse y potenciar los procesos que se requieren para alcanzar esa meta. O sea, por primera vez los países participantes de la conferencia parisina se comprometieron a realizar esfuerzos en ese sentido y se someterán a revisiones periódicas para determinar el avance de los mismos. La idea detrás de estos procesos es que, con el tiempo, la cooperación entre los países firmantes se facilite, se haga más relevante y pueda ser compartida y aplicada por toda la comunidad de naciones. El punto, aunque parezca quimérico, es que los países, el mundo empresarial, las ONG y la comunidad internacional en general, se comprometieran a “hacer algo” para detener el calentamiento global debido al cambio climático. Pero la realidad es que “nadie” sabe exactamente qué es lo que realmente se puede hacer, ni si podría funcionar de forma efectiva o cual es la escala de eficiencia requerida. El acuerdo de Paris fue diseñado para, precisamente, encontrar respuestas para estas serias cuestiones y lograr alcanzar una meta que cada día que pasa se hace más urgente.

Politicamente, el binomio de cooperación Obama/Xi (USA/China) fue instrumental para alcanzar ese acuerdo; pero dadas las posiciones políticas tan polarizadas y contrarias a su administración que había en esos momentos en los Estados Unidos (principalmente por parte de la mayoría republicana que controlaba el Congreso), Obama procedió a firmar el acuerdo en base a un decreto ejecutivo con lo cual obviaba el refrendo del Congreso. Esta maniobra dejaba margen, tanto a él como a su sucesor, para hacer cambios sin necesitar la aprobación del Capitolio. Así que Trump puede, sencillamente aprovechando esta circunstancia, retirarse del acuerdo de forma unilateral y, si lo prefiere, podría hasta simplemente decidirse a no implementar algunos aspectos del acuerdo a los que obviamente se opone. Además, y como ya fue indicado, los términos negociados en el acuerdo le impiden que pueda comunicar la retirada efectiva de USA hasta noviembre del 2019.

El efecto más notorio, por inmediato de esta decisión, lo es la inminente suspensión de la financiación estadounidense de casi el 23% del presupuesto total que utiliza la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, así como la suspensión de su ayuda financiera a los países menos desarrollados para implementar sus programas para combatir ese cambio y dentro del Marco del Fondo Verde. En otras palabras, es una decisión que tiene consecuencias inmediatas de índole presupuestaria, o sea, financiera.

A pesar de ello, el acuerdo puede perfectamente ser implementado a nivel estatal e, inclusive, a nivel de ciudades en USA. Realísticamente, más del 70% del cumplimiento por parte de USA de ese acuerdo está en manos estatales, en las manos de los alcaldes de sus ciudades, en las ONGs y en la empresa privada, aspecto que le quita peso político específico a la decisión del señor Trump. Por ejemplo, California, que es por mucho el estado de mayor relevancia económica de la Unión, una de las 10 economías más grandes del planeta por derecho propio y una fortaleza del partido demócrata, ya está implementando ese acuerdo y no hay nada al alcance de Donald Trump que obligue a ese estado a detener dicha implementación. Ciudades como Los Angeles, New York, Pittsburg, Miami y muchas otras también están implementando legislación y medidas para mitigar los efectos del calentamiento global y del cambio climático. La posición de grandes conglomerados empresariales (los más grandes del mundo) así como industriales, incluyendo petroleros, ya han anunciado que continuarán implementando políticas amigables con el ambiente emanadas de ese acuerdo, y no se alinearán con las políticas establecidas por este presidente en esta materia. El efecto real de esa decisión es, por consiguiente, exiguo desde una perspectiva de política interna estadounidense, pero monumental desde una perspectiva de imagen geo-política tanto para Estados Unidos como para el mismo Trump.

Las críticas de la UE, China, Rusia y otras potencias industriales y económicas, incluyendo a Brasil, no dejan de ser lógicas, pero no por ello menos oportunistas pues con ellas se demuestra que se apresuran a llenar, por necesidad o por interés nacional, el vacío que esta retirada significa para la imagen de liderazgo global que supuestamente Estados Unidos está dejando de lado con las decisiones de este presidente. Pero una cosa es la retórica y otra muy distinta la realidad por cuanto USA sigue siendo (y lo seguirá siendo con, sin o a pesar de Trump) el país más poderoso y más rico del mundo por lo menos en el futuro inmediato y en el mediano plazo. Debido a esa aparente renuncia al liderazgo global que ha ostentado USA, los países tanto aliados como enemigos ahora tienen la obligación específica de demostrar que son capaces de tomar el relevo y cumplir con los compromisos adquiridos en Diciembre del 2015 (que no son vinculantes ni obligatorios). Y ello incluye no solo la reducción de la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero, sino el cumplir con los compromisos presupuestarios tanto para con la Convención como para con su implementación particular del acuerdo. Ese 23% que está zafando USA hay que compensarlo de una u otra forma. Está claro que era relativamente fácil alegar que la responsabilidad financiera de USA es y era mayor a aquellas de la UE, o Rusia, India o China por cuanto USA es la economía más grande del mundo y supuestamente es y había sido el mayor contaminante del planeta. La verdad es que el mayor contaminante global, en estos momentos y medido por países y en base a la totalidad de sus emisiones, es China, segundo USA, tercero India, cuarto Rusia y quinto Japón. Pero es importante indicar que la UE en conjunto representa casi el 15% del total de emisiones contaminantes del planeta, lo que la hace la zona de mayor incidencia PER CAPITA en el problema. No obstante, y a pesar de las circunstancias, las contribuciones financieras de estos países, y en particular de los países de la UE, India y Rusia al financiamiento de la Convención Marco de la Naciones Unidas para el Cambio Climático, son muy inferiores a los aportados por Estados Unidos, y en menor medida, por China. En otras palabras, esos países están “cobijados” por la responsabilidad financiera de USA a pesar de que su incidencia colectiva en el efecto invernadero es similar o superior al de Estados Unidos. Además, países como China, Rusia e India, y de acuerdo con lo negociado en Paris, tienen peyorativas que ponen en desventaja los intereses tanto económicos como comerciales de USA, en particular lo referido a la producción de carbón. Y esto es lo que, y lleva cierta razón, no le gusta a Donald Trump.

En general, Donald Trump está siguiendo una línea de acción que se puede resumir de la siguiente forma: “Los tiempos aquellos cuando USA subvencionaba a todo el mundo han acabado. Es hora de que cada quien asuma la responsabilidad que cada quien tiene, y en especial, la responsabilidad presupuestaria y financiera que ello implica”.

Es prácticamente la misma idea que está aplicando con sus “aliados” de la OTAN: cada país debe de ser responsable de cooperar de acuerdo a lo pactado: el 2% de su presupuesto nacional debe de ser destinado a la manutención de la alianza. Y el hecho es que varios países simplemente no cumplen con lo pactado. En otras palabras, si quieren seguridad pues que paguen por ella porque los Estados Unidos de la administración Trump no están dispuestos a seguir cargando con el peso de ese fardo.

Aparentemente, para Donald Trump, la política exterior de USA es una cuestión de responsabilidad efectiva y, sobre todo, proporcionalmente compartida.

En todo caso, y como ya fue referido, las consecuencias de esta decisión de Donald Trump probablemente no afecten gran cosa a un proceso que, dentro de los Estados Unidos, ya está muy arraigado y que ha calado profundamente en el pueblo estadounidense. Los efectos negativos son, por el contrario, de alcance geo-político pues es evidente que esta administración proyecta desconfianza no solo entre sus aliados, sino que globalmente. Además, aparenta renunciar de forma por demás inexplicable (no hay una Doctrina Trump definida que lo respalde) al liderazgo mundial que USA ha tenido desde ya hace más de un siglo en prácticamente todos los grandes temas y acontecimientos de relevancia planetaria. O, por lo mínimo, ese liderazgo – otrora evidente – está cambiando la filosofía que por largo tiempo fue su norte: la presencia dominante de Estados Unidos en prácticamente cualquier asunto de relevancia política, militar, económica y financiera en cualquier región del mundo. Y la actitud de Donald Trump, muy peyorativa por cierto, es: “si están de acuerdo pues perfecto y, si no lo están, pues perfecto también…”

Donald Trump, y aún es temprano para juzgar de forma objetiva, puede perfectamente ser el presidente que fue consecuente con su modo de pensar al exigir y obtener de los demás el respeto a las responsabilidades que les son inherentes o, por el contrario, ser el presidente que terminó convirtiendo a los Estados Unidos en un país reflejo de su personalidad: egoísta, aislado, sin empatía, poco confiable, matón e impulsado por sus apetitos inmediatos, en lugar del país que tradicionalmente ha sido el abanderado de los ideales democráticos y de los intereses compartidos de largo plazo. Indistintamente del resultado de esta dicotomía, de lo que sí estoy seguro es que no logrará hacer a “America Great Again” porque, de todos modos, “America is a great nation, anyways”.

No me cabe duda alguna de que Donald Trump sea una imagen altamente controversial, pero es a este magnate megalómano, irritantemente populista, superficial y conflictivo a quien el pueblo estadounidense le dio un alucinante poder al hacerlo su presidente. Pero… Estados Unidos ya ha demostrado fehacientemente que tiene la suficiente solidez institucional y madurez cívica para corregir sus errores electorales. Y no me sorprendería, para nada, de que esta gran nación procediera a corregir lo que, para muchos, ha sido su peor error electoral en toda su historia política.

No obstante, ya sea por oportunismo, por irracional rechazo partidista o por un genuino interés global, el planeta también tiene el incuestionable derecho a estar seriamente preocupado por lo que hoy día se gesta en Washington o en Mar-a-Lago, porque las consecuencias son, precisamente, planetarias. Todos, de una forma u otra, nos veremos afectados por esas decisiones.

Por lo general soy una persona muy positiva, pero en este caso sí creo firmemente que las sorpresas con este impredecible presidente, para bien o para mal, aún no han terminado…

UNA MEZCLA REPUDIABLE

Leí una publicación del vice-ministro de justicia que, en principio, me pareció muy fuera de tono. Es más, me pareció hasta toscamente burlista. Y es que hay asuntos con los que no se puede ser burlista, ni MUCHO MENOS tomar a broma.

Por un lado, los derechos de la población carcelaria costarricense no es un asunto de comicidad. Es un asunto serio. Muy serio. Y en ese sentido, hay que reconocer que se están haciendo esfuerzos importantes para cumplir con los acuerdos internacionales firmados por Costa Rica. Considero, por lo tanto, de muy mal gusto y fuera de toda norma que una autoridad de alto nivel del Ministerio de Justicia salga a hacer ese tipo de declaraciones como las que publicó en sus redes sociales.

Por otro lado, y esto es para mi lo más importante, utilizar la figura de Jesús para hacer conciencia sobre un tema que no tiene relación con un hecho histórico trascendental para la historia de la humandiad y, además, de profunda relevancia para la religiosidad de un pueblo como el nuestro, es muy crticable, por decir lo menos. Veamos porque:

Jesús fue primero acusado ante el Sanedrín y de acuerdo con los principios de la Ley Mosaica, conocida como La Tora. Especificamente, se le acusaba de blasfemia. La pena por ese delito, si se era encontrado culpable – como lo fue a pesar de los errores procesales – era la muerte por lapidación. Siendo Israel en ese momento supeditado a la ley del Imperio Romano, tal pena no podía llevarse acabo pues solo las autoridades romanas tenían el derecho para condenar a muerte a un reo. Las autoridades religiosas judías debían de presentar a Jesús ante el poder imperial que, por demás está decirlo, no lo encontraron responsable de ese delito. En consecuencia, los sacerdotes judíos añaden la acusación de sedición contra el imperio romano, una acusación que era inexistente en el primer juicio al que fue sometido Jesús en el Sanedrín.

En el derecho romano, el acusado debía de ser procesado en el lugar de residencia; y dado que Jesús era nazareno, se le remite ante Herodes Antipas quien considera al acusado digno de escarnio pero no lo considera un delincuente y, por lo tanto, lo remite nuevamente ante Poncio Pilatos, prefecto de Judea. Poncio Pilatos lo condena a ser azotado y, ante la presión de Caifás, sumo sacerdote del Sanedrin, decide someter al acusado a plebiscito y que fuese el pueblo judío el que decidiera su destino. El resultado de ese plebiscito todos lo sabemos: Barrabás obtuvo la absolución y la libertad y Jesús fue condeando a la muerte por cruxificción. Roma, como podrá notarse, se cuidó de NO condenar a muerte a Jesús de acuerdo a sus normas jurídicas.

La muerte por cruxificción era una pena máxima que aplicaban los romanos para delitos de carácter político, y se consideraba que la misma debía servir como ejemplo para inhibir la comisión de actividades que atentaran contra el dominio y la hegemonía de Roma. Al haber sido sometido a esa pena máxima, y desde el punto de vista estrictamente jurídico, Jesús podría ser considerado uno de los primeros reos de conciencia de nuestra era.

Considerando todas las contradicciones inherentes al juicio de Jesús (procesado en base a dos normas jurídicas diferentes como lo eran la Ley Judía y el Derecho Romano) y sobre todo que Jesús NUNCA fue declarado culpable directamente por el derecho romano, podemos concluir (y personalmente estoy convencido de ello) que el nazareno murió en la cruz siendo INOCENTE y víctima de elucubraciones políticas. Es por ello que, si a algún altruismo soy movido por el proceso de Jesus, su detención, su encarcelamiento, sus azotes y posterior muerte, es a tener CONSIDERACION por los reos de conciencia.

No puedo aceptar este ejemplo, como lo sugiere el vice-ministro Feoli, para tener consideraciones semejantes para con reos que han sido procesados por crímenes como robos, violaciones y otros; y que fueron sometidos y condenados de acuerdo a nuestro ORDENAMIENTO JURIDICO. Mis consideraciones para con este tipo de delincuentes, muchos confesos, no van más allá de que se debe de respetar sus derechos humanos, pero no alcanzan NUNCA para justificar su libertad, y mucho menos de la forma como ha procedido la actual administración.

En definitiva, el señor vice-ministro, si hubiese conocido a profundidad el proceso jurídico al que fue sometido Jesús, no hubiese cometido la “gracia o la burla” (vaya usted a saber) de usarlo como ejemplo para provocar empatía de los costarricenses por su lucha política.

Al final, lo hecho por el vice-ministro Feoli no deja de ser una fea, amorfa y repudiable mezcla de religión y política…

BATALLA DE RIVAS Y JUAN SANTAMARIA

Hubo varias batallas importantes durante la Campaña Nacional de 1856-1857 contra el filibustero William Walker y su ejército de estadounidenses y mercenarios afincados en Nicaragua, de donde pensaban expandirse al resto de las hermanas repúblicas centroamericanas.

De ellas, y dado que este martes celebramos los 161 años de esa victoria clave del ejército nacional al mando de nuestro presidente Juán Rafael Mora Porras, me interesa hacer unos breves comentarios sobre la Batalla de Rivas II, librada por nuestro ejército en tierras nicaragüenses. Haré referencias a las dos primeras batallas de Rivas, pues la tercera batalla se realizó desde el 3 de Marzo al 1 de Mayo de 1857, cuando se rinde William Walker. Esta III batalla y su resultado debería de ser de festejo obligado por todos los países centroamericanos, y en especial en Costa Rica pues lideró las huestes centroamericanas, con José Joaquín Mora Porras (hermano de don Juanito) como Comandante en Jefe de las fuerzas aliadas, a la victoria final.

En primer lugar y como ya fue apuntado, en Rivas se libraron 3 batallas. La primera fue el 29 de Junio de 1855 durante la cual el héroe nacional nicaragüense, el maestro Emanuel Mongalo, quemó el mesón o casona donde se acuartelaban las huestes de William Walker, haciéndolas huir en bandada. Esa casona pertenecía a don Máximo Espinoza. Mongalo no solo logró quemar ese inmueble, sino que sobrevivió a su gesta y murió en 1872. En 1977 el senado nicaragüense declara el día 29 de Junio como Día del Maestro en su honor; y fue declarado héroe nacional de Nicaragua en 1982.

La segunda batalla de Rivas se libra el 11 de Abril de 1856 entre el ejército expedicionario costarricense y las huestes filibusteras que se habían acuartelado en el mesón o casona propiedad de don Francisco Guerra. Se aclara con esto que los inmuebles involucrados en ambas batallas de Rivas son diferentes, y que la segunda batalla se realiza casi 9 meses después de la primera. El héroe de esta segunda batalla lo fue el soldado Juán Santamaría, quien fue el que quemó esa casona, con lo que logró que los filibusteros huyeran en bandada y Costa Rica declarara victoria. La acción le costó la vida al soldado Juán Santamaría, quien en principio fue una más de las muchas víctimas costarricenses que cayeron durante y después de esa batalla, fuese por las balas, las ballonetas o por el cólera, epidemia que asolaba Nicaragua desde 1853 y que afectó tremendamente no solo a nuestro ejército, sino a nuestro país cuando la misma fue introducida a nuestra Patria por los soldados que regresaron de Nicaragua. Es importante hacer notar que esa epidemia le costó a Costa Rica aproximadamente el 10% de su población total, o sea unas 10 mil víctimas mortales.

Han habido cuestionamientos sobre la existencia del soldado (tambor) Juán Santamaría y, una que otra vez, se ha querido dar a entender que el héroe de Rivas lo fue Emanuel Mongalo, o que su existencia es una elucubración de los políticos nacionales que buscaban un héroe popular para minimizar la figura de don Juanito o justificar la legitimidad de la República Liberal que caracterizó a Costa Rica entre 1870 y 1914.

La existencia y sacrificio de Juán Santamaría están plenamente documentadas tanto en documentos emitidos por el ejército (Juán se enroló en Alajuela bajo el mando del Coronel Manuel del Bosque), por el gobierno de la República de aquellos años como por testimonios orales de soldados que pelearon junto a él en la II Batalla de Rivas. No obstante, no fue sino hasta 1891, casi 30 años después de su muerte, que se le reconoció su gesta y fue aceptado como héroe nacional. El reconocimiento oficial no fue sino hasta el 2011…!!!

Pues bien, espero que les haya quedado claro que tanto Emanuel Mongalo como Juán Santamaría existieron y ambos fueron héroes en diferentes batallas; y ambos son héroes nacionales de sus respectivos países.

Toda la Campaña Nacional 1856-1857, la II Batalla de Rivas y el sacrificio de Juán Santamaría en particular, son momentos culminantes de nuestra historia patria debido a que, como resultado, Costa Rica le da un fuerte impulso al proceso de construcción de su Estado-Nación y, a la vez, representa el fortalecimiento de nuestra identidad nacional y de nuestra independencia.

PERSPECTIVAS SOBRE EL CONFLICTO SIRIO

Quisiera hacer una aclaración para tratar de poner varias cosas en perspectiva sobre el conflicto en Siria, puesto que para una ala ideológica en este país, esta es una guerra de agresión perpetrada por los países imperialistas para adueñarse de sus recursos:

Siria es el 66avo productor de petróleo del mundo. Sus reservas de gas natural probadas son las 45ava del planeta. Por ahí no va la procesión. Es más, produce tanto petróleo y gas natural como Albania.

La mitad de su territorio es practicamente improductivo, pero tiene una producción agrícola (trigo principalmente) que representa casi el 30% del PIB del país. Fosfato es un producto que produce en cantidades exportables y, conjuntamente con la exportación bovina y de algodón, representan casi el 40% de su PIB.

La importancia de Siria es estratégica pues tiene fronteras con grandes países productores de petróleo y gas natural que piensan utilizar su territorio para gasoductos y oleoductos, principalmente destinados al mercado europeo. Rusia tiene intereses estratégicos militares/venta de armas y gasoductos en Siria y China tiene intereses comerciales y financieros.

Además, es un país gobernado por una minoría alawita a la que detestan los fundamentalistas saudíes y los fanáticos yihadistas. Tradicionalmente, tanto su padre como Bashar al Asaad, han sido muy tolerantes con los cristianos y con otras sectas religiosas. El problema de Asaad es su secularismo en una región dominada por el sectarismo, el fundamentalismo y el fanatismo musulmán sunita wahabi liderado por el régimen teocrático y restrictivo de Arabia Saudí. Y además, Siria es el escenario de fondo de la pugna entre Arabia Saudí e Irán.

En Siria no hay recursos que tienten a nadie… lo que hay es una guerra de odio y de sectarismo religioso que define intereses económicos y militares estratégicos tanto para potencias regionales como globales.

Esa es la verdadera tragedia de un pueblo una vez próspero y que hoy es una carnicería de la cual TODA la humanidad debería de sentirse avergonzada.

BREVE HISTORIA DE SIRIA

En la antigüedad, Siria era el nombre genérico dado por la antigua Grecia a la región comprendida entre la península de Anatolia en Turquía y el Sinaí egipcio.

En la parte central de sus costas se desarrolló, entre 1200 y 700 AC, la civilización cananea, de amplia referencia bíblica, y conocida por los griegos como fenicia. Esta civilización, de marinos y comerciantes, fue la creadora de la primera economía mercantil del planeta y fueron ellos los primeros en circunavegar Africa, los creadores del alfabeto y fundadores de ciudades mediterráneas como Cartago (el más poderoso rival que enfrentó Roma a lo largo de su historia republicana) en las costas del moderno Tunez y Cadiz en la actual España. El territorio fue parte del imperio construido por Alejandro Magno y, a la muerte de éste, se convirtió en el centro del estado seléucida (por Seleuco, general de Alejandro), que se extendía hasta la India.

En el período romano Siria es convertida en provincia del imperio e incluía las grandes ciudades de Damasco, Antioquía, Palmira, Petra y Jerusalem. Además, en los territorios de la Gran Siria o el área cultural siria se incluían los estados actuales de Siria, Israel, Palestina, Líbano, Chipre y Jordania.

Después de la división del Imperio romano (395 d. C.) – el Imperio de Occidente con su capital en Roma y el Imperio de Oriente (o Imperio bizantino) con capital en Constantinopla – Siria permaneció como provincia bizantina durante 240 años hasta el inicio de la arabización del territorio entre los años 660 y 750 DC. Al inicio de la arabización, Damasco fue declarada la capital del territorio.

Los egipcios iniciaron en el siglo XIII el proceso de expulsión de los cruzados, lo que convirtió a Siria en una virtual provincia egipcia hasta el siglo XVI, cuando los egipcios perdieron definitivamente el dominio del país en favor de los otomanos.

El imperio Otomano cayó después del fin de la I Guerra Mundial y, por mandato de la Liga de las Naciones y en base a los Acuerdos Sykes-Picot, Siria y Líbano quedaron bajo la jurisdicción de Francia desde 1922 hasta 1943, aunque la ocupación del territorio por parte de las fuerzas militares francesas termina en 1946. A partir de ese año y hasta 1956 Siria se sumió en una vorágine política que vio pasar a 20 gabinetes diferentes y redactó cuatro constituciones separadas. Es importante notar que ya en 1956 Siria firma con la URSS pactos políticos, comerciales y militares, lo que indica una relación con el gigante eslavo de más de 6 décadas. En 1958, Siria y Egipto se unen y forman la República Árabe Unida que se disolvió en 1961.La tumultuosa vida política Siria continuó hasta que en 1970 llega al poder Hafez al-Asad.

Y en el año 2000, después de la muerte de Hafez al-Asad (conocido como el León de Damasco) le sucede su hijo Bashar al-Assad.

El resto es historia conocida…

¿ESPAÑA CIVILIZADORA?

España FUE colonizadora, no civilizadora. El proceso civilizatorio es posterior a la conquista y, en realidad, empieza a darse con la colonia a partir de finales del siglo XVI y principios del XVII de la mano del clero. La colonia fue ante todo un proceso de explotación basado en la codicia apoyado por la superioridad militar y, por lo tanto, fue un proceso económico-mercantilista extractivo y depredador diseñado y ejecutado por el estamento político/militar dominante (español) tanto en las Américas como en la madre patria. Lo civilizatorio fue secundario.

La conquista, a como también la colonia, costaron muchas vidas, pero el más alto porcentaje no fue producto de una política de exterminio (que hubiese sido contraproducente desde el punto de vista tanto económico como político), sino el resultado de enfermedades para las cuales el nativo no estaba naturalmente preparado imunológicamente. El interés económico no hubiese podido ser impuesto y desarrollado SIN la ayuda obligada (prácticamente esclavista) de la población local. Es por ello que la encomienda, la mita y el trajín, entre otras, fueron instituciones de explotación económica utilizadas por los colonizadores.

Decir o afirmar que el motivo principal de la conquista y colonia de las Américas fueron tanto la evangelización como el proceso civilizatorio no solo es inexacto, sino completamente ofensivo. Es demostrar una ignorancia tan abyecta como estúpida.

¿AISLACIONISMO?

El vacío absoluto no existe, y menos en política o en economía.

Si alguno se retira… no faltará quien ocupe su lugar. Eso es una ley incuestionable.

Si USA se aisla o quiere imponer a ultranza sus reglas en el proceso de globalización económica y comercial por medio de renegociaciones unilaterales o bilaterales…vendrá otro, desde las tierras de los Estados en Guerra, que intentarà ocupar su lugar.

El aislacionismo no es forma de liderar y mucho menos premisa para cimentar respeto en un mundo profundamente sumido en la IV Revolución Industrial (4.0).

En el actual momento histórico global, el aislacionismo es, por el contrario, sinónimo de crisis y fracaso.

¿PARA QUE SIRVEN LAS IDEOLOGIAS?

Yo creo que todas las ideologías, al ser concepciones humanas, son intrínsicamente imperfectas. Además de ello, al ser seres humanos con todas sus virtudes y defectos los que las ponen en práctica, se cae invariablemente en el error, en el interés personal, en la imposición político-económica y en la insatisfacción individual y social.

La historia, desde que hemos llevado registro de la misma, confirma esta tesis. El principal error, y que da origen a todos los demás, es creer en la perfección de “una ideología”. En este orden de ideas, creo que “ideologías” tanto de la izquierda como de la derecha son muy suceptibles de equivocar el camino y caer en distorsiones groseras como lo son las tiranìas y las dictaduras, o en convertir países en “fincas privadas” de una familia gobernante y hereditaria, o en creer que la absoluta libertad del mercado o la rígida planificación estatal son los panaceas para todos los males de nuestra especie.

El socialismo tiene extraordinarios postulados que no riñen en nada con nuestra naturaleza pues todo acto humano es, por definición, social; pero su praxis política, especialmente aquella derivada del socialismo marxista/leninista o maoista, tiende a desvirtuar esa esencia. Las ideologías de derecha, sin restricciones tanto políticas como jurídicas, tienden a desvirtuar el sentido social de la actividad política y económica.

He abogado toda mi vida por una posición socialdemócrata al estilo de los países nórdicos con la firme convicción de que, por más que queramos disimularlo, los problemas intrínsecos a una actividad profundamente humana como es la política y el ejercicio del poder, siempre tendrán la capacidad de descarrilar hasta las mejores intenciones.

No hay perfección, lo que hay y debe de haber es la intención de buscar el máximo fin de la política: el bien común. Y ese debe de ser el norte que defina nuestros esfuerzos. La humanidad lleva casi 10 mil años buscando la mejor fórmula. Y seguimos y seguiremos en esa búsqueda aunque algunos necios digan que a mitad del siglo XIX ya un obtuso nos dejó la ruta, o que una escuela en el centro de Europa que se llenó de nóbeles de economía, y con ecos en las costas de los grandes lagos estaounidenses, nos diga que la solución de todos nuestros males radica en la absoluta libertad económica y sus variantes.

En definitiva, al ser el hombre imperfecto pero perfectible, lo serán también sus formas de organizar y dirigir la sociedad, sus propuestas políticas y todas sus manifestaciones económicas.

La búsqueda de la mejor alternativa es una lucha que, indefectiblemente, continúa y continuarà…

ENCRUCIJADA POLITICA MUNDIAL EN ESTADOS UNIDOS

A nivel global se ha ido presentando un fenómeno que no se veía desde el período entre-guerras 1919 – 1939, el cual se caracterizó por la irrupción en el escenario político global de líderes autoritarios surgidos inmediatamente antes, durante y después de la más grande crisis económica de la modernidad, como lo fue La Gran Depresión. En aquel entonces ejercieron el poder figuras como Ioseph Stalin, Adolf Hitler, Benito Mussolini, Hideki Tojo, Ion Antonescu, Francisco Franco y otros.

Hoy tenemos a Vladimir Putin, Xi Jinping, Tayyip Erdogan, Rodrigo Duterte, Victor Orban y otros surgidos antes, durante y después de la segunda más aguda crisis económica y financiera de los últimos 100 años. Cada uno de ellos son líderes profundamente nacionalistas y, además, certificadamente ególatras, populistas, inteligentes, pragmáticos y realmente populares en sus países. Tal es el caso del epítome de todos ellos, Vladimir Putin, quien según recientes sondeos del Levada Center, el 82% de los rusos lo apoyan plenamente. Desde que el ex teniente general de la KGB entró en funciones ejecutivas al máximo nivel en la Federación Rusa hace 16 años -y a pesar de las crisis sucesivas que atravesó el país- se ha cuadruplicado el ingreso medio de la población, el desempleo se redujo a la mitad (actualmente en 4.9%) y, durante estos años, ha invertido en forma consistente en la educación y la salud pública. Su decisión de anexar Crimea y su intervención exitosa en Siria le dieron un lustre imperialista a su régimen, le ha dado el estatus de figura global y le ha devuelto el orgullo a la Madre Rusia, tan vilipendiado en las últimas dos décadas.

También tenemos el extraordinario caso de Xi Jinping, ingeniero químico hijo de un cercano colaborador de Mao Xedong y claro ejemplo de los “princeling” (equivalente comunista de sangre azul, término con el que son identificados los hijos de los dirigentes históricos que forman una especie de nobleza dinástica del PCCh) quien ha acumulado todos los poderes en China – desde que en el 2007 fue nombrado como Jefe del Partido Comunista de Shanghai – al ser aclamado recientemente como el “líder central” de su país (ningún líder chino, desde Mao Xedong, ha acumulado tanto poder como Xi) gracias a su estilo pragmático, populista, anti corrupción, promotor del mercado, heterodoxo en cuestiones ideológicas, con amplia experiencia burocrática y cuidadosamente conservador. El ser el líder máximo y omnipresente de la segunda economía más poderosa del planeta, lo pone en un sitial exclusivo y de enorme influencia geo-política, geo-económica, geo-financiera y, por supuesto, militar.

La irrupción de Donald Trump en la escena política estadounidense puede perfectamente encuadrarse dentro de esta tendencia. Es un personaje autoritario, exitoso, pragmático, inteligente e irreverente que ha sabido decirle a sectores muy golpeados de la sociedad estadounidense, como lo son los “poor whites” (los blancos pobres), que el sistema los ha olvidado desde la década de los 70s cuando la desaceleración industrial, la automatización, la globalización y cuando el sector de alta tecnología y de servicios transformó la economía de USA y golpeó tremendamente la posición de este sector de la sociedad, al eliminar trabajos y desplomar salarios para los sectores menos educados, mientras que la riqueza se ha iba acumulando de forma constante y hasta grosera en la parte superior de la pirámide social.

A medida que este sector se ha ido convirtiendo en una minoría en la sociedad estadounidense, sus recelos, iras y resentimientos se han ido acumulando al punto de que aquel que les diga que va a restablecer sus “derechos raciales”, se convierte en su paladín y mesías. Pensemos, por un momento, lo que significa que Donald Trump le haya dicho a este sector de la sociedad estadounidense, y a otros que no disimulan su desagrado y oposición a grupos raciales y religiosos que consideran “anti-americanos” como a los árabes y musulmanes, que va a restringir la inmigración “indeseada” y que va a construir un muro en la frontera con México (país de donde procede la mayoría de aquellos que han usurpado los trabajos de los “poor whites”), así como el constante bombardeo publicitario con el slogan “Make America Great Again”, con la obvia intención de exacerbar el resentimiento y resucitar el nativismo, el aislacionismo comercial y el nacionalismo, y convencerlos de que él los dirigirá hacia una época en la cual estos grupos vuelvan a sentirse parte importante del desarrollo económico, social y cívico de su país. Posición que han perdido en favor de grupos raciales como los hispanos y los afro-americanos, sin mencionar otros grupos minoritarios pero de gran poder económico, social y político como son los judíos, los chinos, los coreanos y otros.

El trumpismo, que ha sacado a la superficie contradicciones sociales, económicas y políticas muy serias y de raíces muy hondas en los Estados Unidos, ha llegado para quedarse en la escena política estadounidense; y aunque pierda las elecciones este próximo 8 de Noviembre, está claro que la fuerte, autoritaria, ególatra y controversial personalidad de Donald Trump, así como sus postulados llenos de populismo, orgullo nacionalista y reivindicación social y económica, cambiarán a un Partido Republicano que ya no será el mismo de otros tiempos (como la idealizada época Reagan-Bush Sr.). El trumpismo, y en su momento el Tea Party, han ido transformando notablemente el partido político que fundó Abraham Lincoln, y por supuesto, ha sacado a la luz el innegable hecho de que USA necesita revisar profundamente sus prioridades sociales, educativas, políticas, económicas y financieras, pero sobre todo, sus valores de justicia, equidad y libertad, pilares sobre los cuales esa gran nación fue construida, so pena de caer en ese autoritarismo que gana espacio y relevancia en la escena politica mundial. Estados Unidos, el país más rico y poderoso del planeta, debe definitivamente replantear sus prioridades para ser el contrapeso natural a esa tendencia.

Este 8 de Noviembre será un momento clave en la historia estadounidense y será, también, el día que se le ponga fin a una campaña política de la peor ralea que se haya visto jamás en su vida republicana. Pero lo sembrado en ella volverá, de eso a mi no me cabe duda… y es solo cuestión de saber si USA estará a la altura de enfrentar y solventar las exigencias históricas que se avecinan. Sea cualquiera que sea su proceder, los resultados habrán de afectarnos, querramos o no, de forma irremediable.

UNA REFLEXION NUMERICA

La palabra Islam significa “entregarse a una condición de paz y seguridad a través de la lealtad, la sumisión y el sometimiento a Dios”.

Hay aproximadamente 370 millones de árabes en el mundo, incluyendo la diáspora; y de ellos aproximadamente 345 millones son musulmanes, ya sean sunitas o shiitas, y se calcula que solo el 7% son fundamentalistas, o sea 24 millones; y dentro de ellos los radicales FUNDAMENTALISTAS e islamistas se calculan que representan aproximadamente el 5% (1.2 millones).

El país árabe más poblado es Egipto, y el país musulmán más poblado es Indonesia. El país con la mayor población pero con la menor incidencia del Islam es China (1300 millones de habitantes y solo el 3% musulmán), y el país con la menor población pero con la mayor incidencia del Islam es Maldivas (350000 habitantes con 100% de musulmanes).

Hay aproximadamente 1500 millones de musulmanes en el mundo, de los cuales solo el 23% son árabes.

Por lo tanto:

1- De cada 100 musulmanes, 23 son árabes.
2- De cada 100 árabes, 7.2 no son musulmanes.
3- De cada 100 musulmanes, 1.6 son fundamentalistas.
4- De cada 100 fundamentalistas, 7 son radicales fundamentalistas e islamistas.
5- De cada 100 musulmanes, 0.08 son radicales fundamentalistas e islamistas.

De lo que se puede inferir de que NO todos musulmanes son árabes NI que todos los musulmanes son radicales fundamentalistas e islamistas, siendo que el grupo responsable del proceso terrorista solo representa el 0.08% de TODO el Islam…

Son muy pocos dentro de la totalidad del Islam… pero que peligrosos y destructivos que son tanto para el mundo en general como para el Islam en particular…