ESTAMOS MAL… MUY MAL

Estamos mal. Muy mal. Es muy doloroso decirlo, pero lo es más el tener que aceptarlo.

Las comparecencias ante la comisión de la Asamblea Legislativa que investiga lo relacionado con el CEMENTAZO, y en especial las de Celso Gamboa y Victor Morales Zapata, han desnudado un nauseabundo y condenable enjambre de personas y hechos que han dejado, por decir lo menos, perplejos y sumamente indignados a propios y extraños. Y no es por la chismografía rosa que algunas comparecencias han desatado, pareciera que con la intención de desviar el foco de atención sobre lo esencial, sino por la cruel verdad que ya muchos habíamos intuido y denunciado: nuestra institucionalidad ha sido invadida por el cáncer de la corrupción que está haciendo metástasis en frente de nuestras propias narices. Y este es, sobre todo lo demás, el verdadero centro gravitacional en el cual debemos de concentrar nuestro interés.

Es YA patente el involucramiento de altas autoridades en los tres poderes de la República en este negocio del cemento chino, a como también es evidente que hemos estado eligiendo gente a nuestra Asamblea Legislativa que, francamente, dan lástima por su meridiana mediocridad o por su despreciable sumisión, o dan ira por su repugnante bajeza moral. Se ha hecho ya incuestionable la absoluta necesidad de reformar todo el proceso de elección de nuestros representantes populares (diputados), y sobre todo, la elección de nuestros máximos jueces. Se nos ha hecho urgente el realizar una reforma profunda y total de la estructura política y jurídica de nuestro Estado. Es urgente reformar nuestra Constitucionalidad y nuestra manera de hacer política.

Simplemente NO podemos seguir depositando la administración de nuestro país, y de su institucionalidad, en manos ni de pillos ni de mediocres ni marionetas ni, por supuesto, de angurrientos y avivatos que se aprovechan de las debilidades que aquejan a nuestro vetusto y anquilosado Estado para, así, seguir abusando de nosotros y del país. Hemos dejado, sea por indiferencia, omisión, complacencia o por politiquería, que nuestra Costa Rica haya caído en manos de una mafia que la ha llevado a este trance tan doloroso de su historia.

Hoy todos nos sentimos ultrajados al descubrir que, en nuestra estructura política y judicial, se hayan entronizado gente mediocre y, también, gente de tan baja calidad ética y moral. Nuestro país se nos está cayendo a pedazos porque la lista de ofensas es de nunca acabar, y cuyo nocivo efecto ha permeado negativamente TODOS los sectores de nuestro tejido nacional. Solo para nombrar algunas de las calamidades que nos han afectado en las últimas 3 o 4 década, baste con indicar las gollerías y privilegios de los sindicatos y grupos gremiales del sector público, pensiones de lujo ofensivamente escandalosas, SORESCO, OAS, la trocha, Crucitas, las burlas a nuestra Constitución, el amiguismo, el servilismo y el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, la prepotencia, la paupérrima condición de nuestra infraestructura vial debido a instituciones desprestigiadas hasta la médula, impunidad, altísimo costo de la vida, pobreza, miseria, desempleo y un largo etcétera. Puede ser que alguno diga que no hay relación entre algunos de los hechos indicados, pero debemos ya de entender que todos y cada uno ellos ESTÁN unidos como grilletes de cadena y que irremediablemente llevan al mismo fin y resultado: el acelerado y notorio declive y derrumbe de nuestro Estado y, por consecuencia, de nuestra democracia republicana. Hemos permitido que a nuestro país lo lleven a la vergüenza que hoy debemos de afrontar: el tener un país profundamente enfermo, polarizado, débil y mediocre que se está convirtiendo en presa fácil de mafiosos y de grupúsculos políticos contrarios a los intereses de nuestra Patria.

El pueblo costarricense está llegando a un peligrosísimo punto de NO retorno. La indignación, a veces disimulada con agria chota, se acumula a pasos agigantados, y continúa creciendo exponencialmente a medida que se tiene la percepción de que, después de todo este escándalo (y la acumulación de otros anteriores o conexos ya nombrados), la impunidad volverá a funcionar y a salvarle el pellejo y honra a especímenes claramente lesivos para el país. El ya obvio involucramiento de los tres poderes de la República en este escándalo del CEMENTAZO y otros, ha provocado que la gran mayoría en este país no crea en la imparcialidad de nuestra justicia ni en la eficacia de nuestro sistema judicial, ni tampoco en los balances y contrapesos que legitiman nuestra manifestación republicana. El juicio político y sentencia de culpabilidad del pueblo de Costa Rica en contra de aquellos que han ultrajado la integridad de nuestra institucionalidad es, simplemente, demoledor e inapelable. Nuestro pueblo ha juzgado, y ya cada cual rendirá las cuentas políticas y judiciales pertinentes en los tribunales que corresponda. Y en este punto hay que ser vehementes en exigir que se cumpla a cabalidad.

No dejemos que nos desvíen la atención sobre lo que es vital para el futuro de la Patria porque, definitivamente, es imperativo ENFOCARSE en nuestra más absoluta prioridad que es el salvar nuestro país. Organicémonos y concentremos nuestros esfuerzos. No diluyamos nuestra fuerza como pueblo obedeciendo ni a populistas ni a falsos mesías. Formemos un bloque unitario y cívico fuerte y solidario para hacer notar nuestra indignación y nuestro reclamo por las reformas que le son urgentes al país. Hagámolo por nosotros y por las futuras generaciones de costarricenses. La historia y la vida nos están dando esta oportunidad…

Saludos,

Mario I. Franceschi

SED DE JUSTICIA NO ES JUSTICIA

Todos los costarricenses tenemos derechos constitucionales y jurídicos que debemos de respetar y, así mismo, apelar cuando consideremos que los mismos están siendo atropellados.

Dicho lo anterior, debemos también estar plenamente conscientes de que, ni el juzgado de facebook ni el juzgado de la prensa, son juzgados legítimos para condenar a nadie. Eso SOLO lo puede hacer un tribunal de la República. Y también tenemos que entender que, en dichos tribunales, cualquier ciudadano de este país tiene derechos y garantías procesales que se deben de respetar. Así funciona nuestro sistema jurídico, y en ese sentido, así ha funcionado para todos los costarricenses cuando hemos tenido que o recurrir o responder ante nuestra justicia.

Estamos claros que nuestra percepción personal, e inclusive hasta social, es de condena frente a hechos que consideramos punibles, especialmente cuando obtienen relevancia pública, tales como corrupción POLÍTICA, la muerte de una persona en un accidente provocada por un irresponsable, asesinatos, robos, tráfico de influencias, cohecho y asociación para delinquir, estafa, etc. Claro que estos son ilícitos que nos provocan indignación y sed de justicia.

¡Pero NO se puede confundir SED de justicia con la JUSTICIA como tal!

Nuestro sistema jurídico nos da las garantías de defendernos en nuestros tribunales y demostrar, si así procede, nuestra inocencia frente a una acusación o frente a un hecho punible por ley que se nos indilgue. Este es un derecho sagrado que, Dios no lo quiera y no se lo deseo a nadie, cualquiera de nosotros podemos invocar si nos vemos en un trance de materia penal. Ahí es cuando, después de haber desbocado por condena para otros, clamaremos por justicia y derechos para nosotros… y más si somos inocentes.

Podemos, y tenemos el derecho, estar indignados con lo que está sucediendo en el país, con los hechos que se han estado ventilando en la prensa, en las redes sociales, en la Asamblea Legislativa, en el poder judicial y hasta en el ejecutivo. Pero esa indignación debe de llevarnos a luchar por mejorar y sanear nuestro país, no a convertirnos en una masa anónima deseosa de linchamientos inmediatos de aquellos que, a priori, hemos condenado sin el debido proceso. Recordemos y tengamos SIEMPRE presente que lo que está en proceso en estos momentos en nuestro primer poder de la República es un juicio político, no un juicio jurídico. La Asamblea Legislativa no tiene facultades para realizar este último tipo de juicio, pero sí del primero.

En fin, sea que estemos indignados por el asunto del CEMENTAZO, por la acumulación de casos donde la percepción de corrupción es ineludible o, y por supuesto, por el irresponsable (y acá externo mi opinión sobre él pero no lo estoy condenado jurídicamente) que mató un maratonista recientemente; nuestra posición como ciudadanos debe de ser la de exigir que se haga justicia y con base a nuestro sistema judicial, no con base a opiniones personales ni en base a percepciones periodísticas. No podemos, ni debemos permitir, que nuestro sistema jurídico se convierta en un circo romano manipulable por intereses espurios, o que lleguemos al extremo de condenar o perdonar con la posición del pulgar y supeditado a la decisión final de un tirano. Costa Rica NO se merece semejante bajeza.

Ya tenemos demasiados problemas como país como para, encima, terminar destruyendo un sistema jurídico que, esencialmente, es funcional y justo. Una cosa es nuestro sistema judicial y otra, muy distinta, aquellos que desde su posición como jueces o como fiscales, lo han ultrajado. Esos ya tendrán su momento de ser procesados (si así correspondiese) en nuestros tribunales y defenderse, al igual que cualquier ciudadano, en los mismos.

Tenemos todo el derecho del mundo de sentirnos indignados, pero definitivamente, la cordura en momentos de crisis es una virtud, nunca una debilidad.

Slds;

Mario I. Franceschi

RECICLANDO BASURA

En Costa Rica, definitivamente, esta frase adquiere nivel de ley. Y no es porque se refiera a la basura que como seres humanos producimos, la cual estamos en la obligación de reciclar, sino a la basura política, que una y otra vez, reciclamos en los diferentes poderes de la República. Para muestra un botón: solo fijémonos en las listas de diputados de los diferentes partidos políticos.

Lo obvio, como dice la sabiduría popular, salta a la vista. Y ahora, para agravar la situación, hay una descarada transferencia de elegibles de un partido a otro. Lo importante, a final de cuentas, es volver a sentarse en una curul o volver a estar en el “círculo interno” del poder. Y no importa que, cuando se ocupó, una o más veces, en el pasado una curul o un puesto de poder en el “gabinete”, estos reciclables, no hayan hecho absolutamente nada positivo por el país y que, por el contrario, hayan sido personajes de primera línea de escándalos sean políticos o personales. Esto demuestra, fehacientemente, que nuestra democracia no es participativa y que nuestros problemas políticos tienen profundas raíces culturales. Están, por decirlo de alguna forma, arraigados en nuestra idiosincrasia.

Es por lo anterior que eliminar la basura política que nos agobia, en este país, es prácticamente imposible. La razón no es solo un asunto de personas, sino que es principalmente un problema sistémico. Es el sistema que hemos creado y alimentado el que permite que haya gente que se perpetúe y abuse de puestos políticos. Es el sistema el que impone las listas de diputados y es el sistema el que le permite a un “presidenciable” el no someter al escrutinio popular los nombres de aquellos que, en un eventual gobierno, le acompañarán en el ejercicio de la administración del Estado.

En otras palabras, es el sistema el principal gestor de que se agudicen la impunidad, el abuso, el tráfico de influencias y el servilismo en todos los niveles de nuestra institucionalidad. Es el sistema el que permite que ímprobos lleguen al poder. Es el sistema el que está obsoleto y es el sistema el que nos lleva, irremediablemente, a entender que si no cambiamos nuestra forma de pensar y reformamos hasta sus cimientos constitucionales nuestro escenario político y electoral, el país continuará en un círculo vicioso que puede socavar nuestra vida republicana, nuestra democracia e institucionalidad.

El sistema y nosotros somos responsables de que las altas esferas del poder político traten la ética en la función pública como basura; y de que el taqueo de las alcantarillas del laberinto político criollo sea ya una emergencia nacional.

http://www.panoramadigital.co.cr/reciclando-basura/

RENUNCIEN Y VAYANSE

Por razones que no vale la pena mencionar, he tenido que ausentarme de mi BLOG por varios días. Solo regresé para decirles lo siguiente:

Si el Fiscal General de la República tuviese un gramo de mostaza de respeto por Costa Rica, por nuestro ordenamiento jurídico y por nuestra institucionalidad republicana y democrática, renunciaría de inmediato.

Inclusive, si se tuviese respeto a sí mismo, no solo debería de renunciar, sino que también – si tiene conciencia y entereza – podría hacerle al país un aporte histórico: revelar todo lo que todos sospechamos que sabe, sin importarle las cabezas que rueden.

Al menos así el país, a pesar de que pide su renuncia sin atenuantes, le quedaría agradecido por un servicio que como ciudadano nos daría, aunque como Fiscal General vaya a quedar debiendo.

A los señores miembros de la Suprema Corte de Justicia, por favor, háganse a un lado porque en estos momentos lo que Costa Rica menos necesita son jueces pusilánimes, cuestionados, mentirosos y obviamente parcializados y manipulados. El Poder Judicial hay que recuperarlo inmediatamente pues en él descansa la legitimidad jurídica de nuestra democracia… y ustedes han irrespetado ese sagrado principio.

Y, por último, don Celso… un poco de humildad sería suficiente para que se dé cuenta de que su, sospechosamente, “meteórica” y “apadrinada” carrera política ha llegado a su final. No tiene futuro. Simplemente renuncie. Váyase y afronte las consecuencias de sus actos como un ciudadano cualquiera. Usted tiene ese derecho inalienable gracias a las garantías constitucionales de las que gozamos todos los costarricenses.

El Poder Judicial es la base angular, depositario y guardián del ordenamiento jurídico de nuestro Estado de Derecho, de nuestra Nación, de nuestra institucionalidad y de nuestro sistema democrático republicano. TODOS ustedes le han hecho un daño irreparable. Tengan la dignidad de irse PARA QUE NO LE HAGAN MÁS DAÑO AL PAÍS y, así, dejar que este pueblo reconstruya lo que ustedes han ultrajado.

A Costa Rica le URGE recuperar la confianza en su sistema judicial y, mientras ustedes estén ahí, esa confianza no podrá ser recuperada.

Así que,

¡RENUNCIEN Y VAYANSE!

MUCHO AYUDA EL QUE NO ESTORBA

Los fenómenos naturales NUNCA preguntan por ideologías o banderas políticas, preferencias deportivas, sexo, religión o color de piel. Cuando golpean lo hacen con toda su furia, dejando a su paso destrucción, drama, tragedia y dolor.

Debemos de entender que nuestro país YA no es el bendito e inmune que siempre hemos creído. En los últimos 12 meses nos han golpeado dos fenómenos climatológicos de gran envergadura, Otto y Nate, que demuestran la realidad a la que tenemos que acostumbrarnos, queramos o no. Es por ello que debemos reaccionar con celeridad y hacer los ajustes necesarios para no solo atender la inmediatez de la emergencia (indistintamente de su naturaleza), sino y lo más importante, las secuelas que se generan y sus efectos profundamente negativos, principalmente en la población; así como en todo el tejido nacional, incluyendo la infraestructura y la economía, ambas vitales para la prevención y atención de la emergencia y la recuperación/reconstrucción posterior. Dentro de las circunstancias actuales del país, bien que mal, se ha hecho lo que se ha podido con lo que está disponible. Y es más que obvio que se puede hacer mucho, muchísimo más.

Nuestra Comisión Nacional de Emergencias es una institución especializada en atender este tipo de circunstancias. Y es una institución a la que hay que dotar urgentemente de los recursos legales, financieros y materiales suficientes para que atienda y cumpla eficazmente con la misión para la cual ha sido creada.

Es una institución a la que hay que despolitizar y a la que es necesario reorganizar jurídicamente para que en ella converjan las personas ideales, no las puestas a dedo, para la realización de tan importantísima labor. Me atrevo a decir que, ante una declaratoria oficial de “Emergencia Nacional”, es la CNE la que debe de tomar el control del país, tal y como lo hace el TSE durante las elecciones presidenciales. La CNE, desde esta perspectiva, no debe de ser un botín político y, por el contrario, debe de estar estructurada de forma tal que tengan la plena autoridad para actuar y coordinar interinstitucionalmente (seguridad, instituciones de apoyo, transportes, geología, climatología, etc.) así como para coordinar y canalizar la ayuda internacional que pidamos o que nos sea ofrecida. Se requiere, en otras palabras, que la CNE pueda actuar sin necesidad de estar supeditada a “otros” intereses diferentes de aquellos para los cuales ha sido creada.

Ya lo decía mi madre, y estoy seguro que a muchos de nosotros nos lo decían nuestros mayores: “Mucho ayuda el que NO estorba”. Y la verdad es que, por lo visto y vivido en estos últimos 12 meses, hay demasiadas formas de poco ayudar y… muchísimas como estorbar.

ENFOQUEMONOS – CEMENTAZO

Debemos de tener claros los conceptos por los cuales estamos librando esta lucha, cada quien desde su trinchera, posibilidad y capacidad, que no podemos dejar que se diluya en dimes y diretes desinformantes, insulsos y fútiles. Esto, sería una tragedia nacional.

Así que debemos de entender lo siguiente

1- Los préstamos bancarios girados al empresario Juán Carlos Bolaños, y otros que también están siendo investigados, son “peccata minuta” dentro del andamiaje que se ha ido descubriendo con el caso del CEMENTAZO. Esos millones, pueden firmarlo si quieren, ya se fueron. Ya se perdieron. No los va a recuperar la banca nacional. Esto no quiere decir, para nada, que no haya que tomar las medidas legales del caso para sentar las responsabilidades pertinentes a aquellos que perpetraron el ilícito. Eso corresponderá a otras instancias el atenderlo y, a nosotros, el continuar presionando para que ello se cumpla.

2- El que se haya hecho público este problema del CEMENTAZO, de los bancos nacionales involucrados y afectados con el despreciable tráfico de influencias, es lo que permitió el darnos cuenta de lo que realmente importa, lo que realmente es vital para el país, lo que es esencial para nuestra vida ciudadana y la de las generaciones futuras: El tremendo golpe dado a la integridad jurídica y a la institucionalidad democràtica y republicana de nuestro país. Este es el principal, el principalìsimo problema, al cual no podemos, so pena de convertirnos en traidores a la Patria, de perderle el enfoque y la más vehemente exigencia de que se aclare en todos sus extremos lo sucedido.

3- Toda la estructura de nuestra República está en seriecísimo peligro de colapsar, víctima de la penetración y la apropiación –robo- perpetrada por parte de una clase

política mafiosa, en la que no hay ni distingo de ideología ni de bandera partidista. Los tres poderes de la República, según las distintas informaciones periodísticas, han sido infiltrados por esta mafia. Lo más doloroso e indignante, es que hasta la joya de la corona: el mismísimo Poder Judicial, bastión de nuestra integridad jurídica, de nuestra esencia democrática y baluarte indiscutido de nuestro Estado de Derecho; han sido tocado por las células de este cáncer.

4- Es ese el verdadero problema. Es ese el que debe de ser el foco de nuestras más genuinas preocupaciones y de nuestras más arduas luchas. Debemos, tenemos y es exigido de cada uno de nosotros los costarricenses, luchar por nuestro país y defender la integridad de nuestra institucionalidad, en todos los extremos que esta lucha requiera. Esos millones de dólares ya se esfumaron y, al final de cuentas, serán los bancos afectados los que tendrán que lidiar con ese problema. Y si tienen que ser cerrados, y discúlpenme, pues que así sea. Acá está en juego, en este momento clave de la historia de nuestro país, algo supremo, algo superior a nosotros mismos: la continuidad de nuestra república, de nuestra institucionalidad y de nuestra democracia.

La lucha está así planteada y debemos de entender de que va a ser dura, dolorosa, larga y a muerte. No nos dejemos desenfocar de la causa real de esta nuestra lucha. No nos dejemos deslumbrar por la desinformación, ni por llantos de sirenas ni por los reclamos de parásitos que ven peligrar sus huéspedes.

No claudiquemos porque las actuales y las futuras generaciones de costarricenses no se merecen este asqueroso e imperdonable agravio.

http://www.panoramadigital.co.cr/el-muro-de-los-tormentos-del-cementazo/

IMPACTO PROFUNDO

Un asteroide, que se veía venir desde hace como 40 años, ha golpeado y arrasado el planetoide político nacional. Es un asteroide que toda la comunidad de iluminados sabía que existía pero que, aferrados a sus defensas y alianzas construidas a lo largo de tantas décadas, confiaban que nunca su órbita lo llevaría a chocar con su bien hilvanado paraíso.

Pero… el asteroide impactó y con toda su furia. Y los terremotos fuera de escala, los tsunamis gigantescos y la lluvia ácida e incandescente que continuamente cae sobre el devastado terreno, no han dado tregua al agonizante planetoide, hoy mostrando las roídas ruinas de lo que algún día fue esplendor.

La lucha por la supervivencia es frenética y encarnizada y todo hace pensar que, a como han sido de nefastas las consecuencias inmediatas del impacto, así van a ser aquellas a más largo plazo. Por el momento, y como reacción refleja, el refugiarse en las sombras de un escudo de poder se torna insuficiente pues el canibalismo político, el “sálvese quien pueda” y la condena fácil, gratuita y desesperada, ya se han adueñado de las asoladas praderas, montañas y valles. Nadie está a salvo y – tarde o temprano – la noche nuclear que se cierne lenta pero inexorablemente sobre el planetoide alcanzará hasta el más escondido insecto, incluyendo a los hongos que se aferran a sus debilitados huéspedes.

Aquellos de la fila de infantería que intuían el inminente impacto, desdibujados en su “calculada” ignorancia o mediocridad, son los primeros en ser condenados y perseguidos, pero cegados por la soberbia, se aferran a sus nombramientos en puestos de observación con la firme – pero quimérica – convicción de que desde ahí podrán manipular a los mariscales, generales y a los cuerpos de rescate y, consecuentemente, podrán salvar el pellejo, su hacienda y su nombre. Ninguno, ni la infantería de marionetas ni los titiriteros, ni tampoco los jueces de hecho o por derecho con o sin transparencia, han tenido la entereza para aceptar ni su culpa, ni su prepotencia ni, por supuesto, su inexorable fin.

Mientras tanto, la destrucción del viejo planetoide, ahogado en su vetusta órbita, se hace cada vez más extensa. El impacto de este asteroide – bautizado por la ciudadanía que ya olía la debacle que se avecinaba como “CEMENTAZO” – ha sido demoledor y profundo. Y para algunos, que como voces de esperanza claman, esta destrucción ES LA OPORTUNIDAD para que el planetoide político nacional, en una nueva órbita alrededor de un renovado centro gravitacional, renazca de sus ruinas.

FUENTEOVEJUNA INVERTIDO

En el “sagrado” juzgado de la omnipotente opinión pública, exacerbada por los medios de información y por las redes sociales, todos son incuestionablemente culpables.

Son culpables ya sea por delito de omisión, por delito de manipulación, por delito de asociación, por delito de ejecución, por delito de encubrimiento, por delito de sumisión, por delito de silencio y, por supuesto, hasta por delito de “chupa medias”. Todos son, como pegados con cemento, parte de un lúgubre bunker hecho de bloques de culpabilidad.

Y es que en el imaginario popular no hay diferencia entre un juicio político y uno judicial. El juicio político, en el referido imaginario, es siempre rápido, biliar, contundente y sinónimo de culpabilidad. El judicial es lento, impredecible, manipulable y, por lo general, percibido como medio para evadir responsabilidades. Esta percepción es una innegable realidad nacional. La gente, justificadamente o no (y en esta oportunidad ESTA MAS QUE JUSTIFICADO) ya olió sangre. Y en vista que no hay aún un culpable específico al cual señalar y linchar, entonces todos (incluido el culpable principal, si se logra identificar) deben de sufrir el linchamiento sumario.

No hay sospechas, solo certezas.
¡Fuenteovejuna escrito al revés!

He acá uno de los principales daños que le ha causado al país una banda de mafiosos, sus sucesores y testaferros que, a lo largo de las décadas, se han apoderado ya no solo de los laberintos del poder, sino de las odiosas artes del cinismo, la burla, el irrespeto y, por supuesto, de la arrogante y repulsiva confianza en su segura impunidad.

Veredicto contra el invertido Fuenteovejuna: culpable de todos los cargos… y que me disculpen los garantistas.

NI SESGOS IDEOLOGICOS NI MESIANISMOS POPULISTAS

Hay una realidad que aquellos opinólogos que nos dedicamos a la elucubración intelectual política no tomamos con la seriedad que merece o, simplemente, no le damos la magnitud de importancia que le es propia: “En la praxis política, en el ejercicio del poder y en la convergencia de los infinitos intereses que se generan en la convivencia social, no debemos nunca perder de vista que la ideología debe ser solo una guía, jamás una verdad absoluta ni una imposición incuestionable.”

Ninguna de las ideologías políticas; absolutamente ninguna, ha sido puesta en práctica en su absoluta pureza. Ni el liberalismo, ni el marxismo, ni el fascismo, ni ningún “ismo” han existido, y mucho menos prevalecido, en estricta pureza práctica.

El marxismo leninista soviético, por ejemplo, era diferente del marxismo maoísta chino o del marxismo leninista cubano o del eurocomunismo. El fascismo alemán era distinto del fascismo italiano o el japonés. El supuesto liberalismo, y su complemento político en la democracia liberal, eran y son diferentes en Gran Bretaña y en Estados Unidos; y así sucesivamente.
Y todas, en sus respectivos espacios histórico-temporales y sociales, evolucionaron -algunos podrían alegar que involucionaron- hasta presentarse de la forma que hoy o las recordamos o las conocemos. Es más, aquellas que aún perduran lo han logrado porque continúan cambiando como respuesta a las necesidades evolutivas de las sociedades modernas, tan determinadas por el vertiginoso desarrollo científico y tecnológico.

La historia de la civilización occidental, a la cual pertenecemos, ha demostrado que cualquier intento de imposición práctica de una ideológica termina -irremediablemente- o en fracaso o en modelos diferenciados que han evolucionado desde el entramado ideológico original hacia su adaptación a las necesidades que la misma sociedad -impulsada por un interés general que es producto de la cohesión azarosa de los intereses particulares de los individuos que la componen- continuamente genera, estructura, organiza y desarrolla. La justificación de esta realidad evolutiva radica en la conciencia social de nuestra dignidad como seres humanos, concepto que es herencia judeocristiana, el cual está indisolublemente ligado a nuestra conciencia individual de libertad, que es un concepto propio de nuestra civilización. La historia de nuestra civilización occidental – y la nuestra en particular – es, en definitiva, la historia de la lucha por la dignidad y la libertad.

La dignidad humana y la libertad intrínseca a ella son los dos cromosomas –genotipo- que determinan nuestra realidad individual y, consecuentemente, nuestra imperativa manifestación política y social -fenotipo-. Esta interacción gestiona el nacimiento del derecho, probablemente nuestra más grande conquista intelectual y cultural, que se convierte en el elemento que cohesiona, condiciona y moldea la evolución de esa unidad existencial.

Así mismo, y gracias al derecho, hemos podido cimentar nuestro concepto de justicia, de Estado y de gestar el nacimiento de la institucionalidad. Y no es sino hasta que estos principios supremos fueron alcanzados y desarrollados a lo largo de la historia de nuestra cultura que, de forma inevitable, empezaron a florecer las ideologías políticas; las cuales – en esencia – han sido propuestas de cómo interpretar el ejercicio del poder político y judicial, administrar la institucionalidad y desarrollar el potencial social en aras del bienestar común.

Cuando una sociedad le da la espalda a estos supremos principios, como hoy está sucediendo en nuestro país, arriesgamos el peligro de corromper todo el entramado republicano que define nuestra democracia y nuestra institucionalidad, siendo nuestra paz social y nuestro bienestar común las primeras y principales víctimas de esta desviación.

Esto, a su vez, provoca el resurgimiento de anhelos populares por ideologías políticas caducas y fracasadas, o por populismos mesiánicos que contrarían nuestro sentido de la decencia y amenazan con seriamente distorsionar nuestros conceptos de la legalidad. Y es en este momento aciago cuando empezamos a comprender también que nuestro país se está convirtiendo en rehén o de oscuros sectarismos ideológicos o de mafiosas egolatrías políticas.

Este es, definitivamente, un precio demasiado elevado que Costa Rica NO tiene porqué pagar.

DON LEON CORTES CASTRO Y UNA ESTATUA CUESTIONADA

Ultimamente se ha estado discutiendo si la estatua de don León Cortés Castro debe de ser removida del lugar que actualmente ocupa al final del Paseo Colón. Algo así como un eco de los revisionistas y puristas estadounidenses que quieren borrar de la historia de su país a varias de las figuras representativas de sus grandes luchas del siglo XIX.

Pero, y en cuanto a nuestro terruño, preguntémonos primero ¿Quién fue don León Cortés Castro?

Don León Cortés fue un destacado político costarricense nacido en Alajuela. Fue diputado del Congreso Constitucional en 1914 – 1917 y 1922 – 1929, siendo presidente del mismo en 1925 – 1926. También fue director de Archivos Nacionales, gobernador de Alajuela, ministro plenipotenciario de Costa Rica en Guatemala, Juez del crimen en Cartago, secretario de gobierno en los despachos de Instrucción Pública y de Fomento y Agricultura, tercer designado a la presidencia y administrador de los Ferrocarriles de Costa Rica durante el tercer y último gobierno de don Ricardo Jiménez Oreamuno. Por último, ejerció la presidencia de la República durante el período 1936 – 1940. Además, también fue un destacado masón.

Se destacaba por ser un hábil administrador y por ser una persona autoritaria, disciplinada y honesta; y exigía de los demás lo mismo y, especialmente, de los empelados públicos. Siendo Secretario en el Despacho de Fomento entre 1932 y 1935, se destacó por su eficiencia y tenacidad al implementar sus políticas públicas que impulsó para resolver la grave crisis económica de los años treinta (la Gran Depresión) que afectaba nuestro país. Ya como presidente, dio prioridad a la continuidad de esa obra material y a la estabilidad económica, siendo sus políticas de obras públicas el elemento central de su administración, la cual llegó a ser conocida (y recordada por la historia) como la del “cemento y la varilla”, dado que la inversión estatal en ese campo representó el 36% del presupuesto nacional durante su gobierno. Esto generó fuentes de trabajo lo cual, a su vez, produjo estabilidad económica y social, lo que aumentó y cimentó la popularidad caudillista de don León, tanto en los sectores urbanos y rurales pobres, como en el campesinado. Aunque hubo avances en materia social, no fue ésta la prioridad de su gobierno, a diferencia de la administración que le sucedió, o sea, la del Dr. Rafael Angel Calderón Guardia.

Durante la campaña electoral de las elecciones de 1936, su declarado anticomunismo y su férreo carácter le atrajo la antipatía de los sectores comunistas del país, quienes lo empezaron a tildar de fascista y anti semita. Cuando don León se presenta nuevamente como candidato presidencial por el Partido Demócrata para las elecciones de 1944, frente al ungido del Dr. Calderón Guardia, el Lic. Teodoro Picado Michalski, este tipo de ataques arreciaron y se hicieron muy virulentos por parte de la hoy ya tristemente célebre alianza calderocomunista. Esta alianza tuvo, hacia finales de la década de los 40s, una incidencia central para que, en 1948, Costa Rica fuera a una revolución. En otras palabras, la fama de don León como nazista y anti semita fue más producto de la politiquería electoral de la época, que un hecho comprobado de forma fehaciente.

Don León, reconocido masón, liberal, anticomunista, autoritario, disciplinado y honesto fue, como muchos personajes de su época, producto de las circunstancias históricas que le tocó vivir. El nazismo, y el fascismo en general, eran muy populares en aquellos años en muchos países del mundo, incluyendo Gran Bretaña y Estados Unidos. En América Latina hubo países que también mostraron simpatías por ese movimiento ideológico/político europeo, principalmente Argentina, México, Uruguay, Brasil y Chile, entre otros. Pero, a partir del inicio de la II Guerra Mundial, y en especial tras el ataque japonés a Pearl Harbor, muchos países abandonaron sus simpatías y se unieron como aliados a las fuerzas occidentales lideradas por USA, incluyendo por supuesto Costa Rica. En Costa Rica inclusive, y durante el gobierno del Dr. Calderón Guardia, se instituyeron campos de concentración donde familias enteras de alemanes y sus descendientes, así como italianos y cualquiera que tuviera nacionalidad relacionada con las potencias del eje, fueron confinados. Hay historiadores costarricenses, algunos de origen judío, que han visto en don León Cortés Castro un simpatizante nazi y, a la vez, un anti semita que nombró al presidente del Partido Nazi de Costa Rica como director de Migración, con lo cual se cerraron las puertas a muchos judíos que huían de la persecución nazista desatada en la Alemania de Adolph Hitler. También hay testimonios de judíos y descendientes que aseguran que, gracias a don León, pudieron entrar al país. No hay una forma fehaciente de probar que don León haya sido un nazista, como tampoco la hay para probar que otros dos presidentes costarricenses de esa época, como lo fueron el Dr. Rafael Angel Calderón Guardia y don Otilio Ulate Blanco, fueran también simpatizantes del nazismo y anti semitas, tal y como lo insinúan esos mismos autores. Si así fuese, y en justo balance histórico, habría que desaparecer el monumento de la Garantías Sociales y la estatua de don Otilio Ulate Blanco en Alajuela… algo que es sencillamente RIDICULO.

Lo que sí hay es suficiente evidencia para determinar que los tres fueron grandes hombres de su tiempo, los tres beneméritos de la Patria y, a los tres, les debemos grandes logros sociales y materiales que, aún hoy día, podemos atestiguar. A don León en específico le debemos, entre muchas obras materiales (carreteras, escuelas, puentes, caminos y obras sanitarias), la estabilidad económica y social en una época económica, financiera y política extremadamente turbulenta, así como otras que también fueron, en su momento, de capital importancia para el país:

La transformación del Banco Internacional de Costa Rica en el Banco Nacional de Costa Rica (control del Estado sobre la emisión monetaria).
Construcción del Aeropuerto Internacional de La Sabana (su estatua está precisamente a la entrada de lo que fue dicho aeropuerto).
Fundó la Imprenta Nacional.
Firmo el contrato bananero Cortés-Chittenden, que desarrollo la zona del Pacífico Sur y posibilitó la construcción de los puertos de Quepos y Golfito.
Fundó el Servicio Meteorológico, etc.

El costarricense actual presenta una alarmante falta de memoria histórica y, por ello, puede ser fácilmente manipulable en su opinión sobre los personajes históricos, hombres y mujeres, que forjaron nuestra Patria. Este caso, el de quitar la estatua de don León Cortés Castro promovido por oscuros grupúsculos revisionistas y revanchistas, es un caso patente que demuestra mi aseveración.

En síntesis, la Estatua de don León Cortés Castro, benemérito de la Patria, SE QUEDA exactamente donde está. Esta es mi inquebrantable posición.