PERSONALIDAD POLITICA

A lo largo de 44 años, y desde que empecé a desarrollar conciencia política allá por 1973, he tenido la oportunidad de atestiguar la elección y posterior proceder de 11 diferentes administraciones ejercidas por 9 señores y una señora presidentes.

A excepción de 1, todos fueron consecuentes en su conducta, en su decir y en su proceder y actuar público. Esto NO significa que hayan sido buenos, regulares o malos presidentes, ese es otro tema, sino que sus personalidades y liderazgos, aunque muy diferentes entre sí, eran coherentes y, de forma general, dominaban o controlaban de forma satisfactoria su entorno y a sus colaboradores.

Varios de ellos se rodearon de equipos extraordinarios, de lujo, otros de amigos que abusaron de la confianza y del puesto al que accedieron. Algunos eran o han sido ególatras, tozudos o autoritarios; otros fueron pausados y políticamente muy hábiles, otros fueron y han sido buenos líderes de equipo, otros “campechanos” y carismáticos, la mayoría poseedores de gran señorío, un par bastante aristócratas y dos o tres, no más, dieron todo lo que tenían para hacer su trabajo lo mejor que pudieron. Ese trabajo que este pueblo le ha dado a muy pocos costarricenses, como lo es el máximo honor político posible: la presidencia de la República.

Aclaro que no intento, de ningún modo, catalogar sus administraciones, sino sus personalidades y la imagen que le proyectaban a nuestro pueblo o, al menos, a mí en lo personal.

De todos aprendí que la política es increíblemente ingrata, aunque en oportunidades muy gratificante, que el juicio del pueblo nunca es absoluto y que, no importa como procedan, la máxima aquella de que “el líder que no escucha a su pueblo no está legitimado para gobernarlo” tenía – y tiene – un profundo sentido ético y moral y una preponderancia y trascendencia universales. Bien que mal, unas veces más y por lo general menos, la mayoría de ellos escuchó a su pueblo, y aunque no necesariamente actuaron en concordancia, si mantuvieron su personalidad y discurso de forma coherente.

Uno, solo uno, mostró o ha mostrado una seria falta de capacidad auditiva, de reacción, de personalidad y coherencia. Nunca tuvo control de su entorno ni de sus colaboradores y nunca entendió que aunque sus gritos se escuchen hasta Cieneguita, no significa que tenga ni autoridad ni liderazgo. Uno, solo uno en mi opinión, ha mostrado que el oasis que nos pintaron como la última Coca Cola en el desierto resultó ser eso: una ilusión óptica generada por una irresponsabilidad mercadológica, además de la consecuente y penosa decepción. Ha sido instrumento o herramienta, ya sea por voluntad o por ingenuidad, en manos de “avivatos”. NUNCA alfarero, escultor o constructor de futuros y destinos, ni mucho menos líder que señalara caminos. En pocas palabras: una personalidad políticamente débil, voluble, impredecible e inestable.

Representó una esperanza que hoy prácticamente todos, con muy pocas y muy puntuales excepciones, queremos ya pasarle la página.

POR UN MARCHAMO MEJOR PARA TODOS

Se viene el pago del marchamo. Un rito impositivo que todos los años los costarricenses que tenemos vehículo, debemos pagar sí o sí. Y hay que pagarlo gustosamente también…

Y todos los años este cobro, o impuesto, le significa al Estado costarricense, ese mismo que injustamente criticamos por paquidérmico, mediocre, corrupto e insaciable, un ingreso muy necesario, y que esta Navidad le significará la bicoquilla de casi 225 mil millones de Colones.

Ese monto, el cual generalmente aumenta todos los años, debemos de pagarlo todos los ciudadanos conscientes y agradecidos porque es por ello, y a las visionarias políticas e inversiones públicas hechas por nuestro Estado a lo largo de las décadas, que hoy podemos disfrutar el tener carreteras y vías de primer mundo, tanto a lo largo y ancho del país como en las ciudades, que son nuestro orgullo nacional y la envidia de toda Latinoamérica.

Así que paguemos gustosos este impuesto, a como gustosos también pagamos el combustible más caro de centroamérica, porque son obvios los beneficios obtenidos. Y, al mismo tiempo, extendamos nuestra felicitación y agradecimiento a los gobiernos e instituciones que, a lo largo de los años, han velado celosamente por no tener ni siquiera una fisura del grosor y profundidad de un cabello en nuestras vías y carreteras, por haber eliminado las agobiantes presas que ya no ahogan nuestras chatas ciudades, desquiciaban nuestra psique y estrujaban nuestras billeteras; pero sobre todo, por la honestidad a carta cabal y el incuestionable compromiso de los que han ejercido su patriótica función para que todo esto sea la hermosa realidad que vivimos hoy.

Sugiero vehementemente el celebrar, TODOS, este pago de marchamo con bombas, platillos, música alegre, bocadillos y bebidas en el histórico Puente de la Platina. Juntémonos masivamente y hagamos patente nuestro imperecedero agradecimiento a nuestra prístina institucionalidad por convertir la infraestructura vial de Costa Rica en un orgullo patrio. Y no se olviden de llevar dispositivos y accesorios para sacarse selfies en este magno e histórico evento. Así que, como decíamos en mi época de carajillo allá en mi adorado Puntarenas: “calda” el que falta…

¡POR UN MARCHAMO MEJOR PARA TODOS!

VERGONZOSA INFRAESTRUCTURA VIAL

Hemos sobrevivido hasta hoy, de forma muy precaria, con la infraestructura vial pensada para una población 2.5 millones de personas, tal y como la teníamos a finales de los 70s, o lo que es lo mismo, desde hace casi 40 años. Los recientes informes internacionales publicados por el Foro Económico Mundial, nos ubican en el lugar 122 a nivel global y 20 a nivel continental, solo superando a Paraguay y Haití. Resultados que deberían ser considerados, se vea por donde se vea, como vergonzosos. Simplemente HUMILLANTES.

Nuestra población total se ha duplicado desde ese entonces y nuestra economía se ha quintuplicado (pasamos de un PIB per cápita de USD2057.00 en 1980 a USD10184.00 per cápita en el 2013) pero, al mismo tiempo que este incremento poblacional y económico presionan fuertemente al país a modernizar su infraestructura vial, hemos venido acumulando irresponsablemente un atraso en su desarrollo, según los expertos del LANAMME, de precisamente 40 años. Y se necesitarían, como mínimo, USD25 mil millones de inversión en los próximos 15 años para rehabilitar y rediseñar la red nacional de alta capacidad conformada por 1.679 kilómetros a lo largo y ancho del país, así como la red de vías regionales de 1.725 kilómetros. Hoy, y con duras penas y dolorosos abusos, invertimos en promedio anualmente en nuestra infraestructura poco menos del 1.2% de nuestro PIB, pero si queremos resolver un problema que día a día se vuelve asfixiante, necesitaríamos que ese porcentaje sea como mínimo el 2.5% del PIB, o sea USD1250 millones al año. Y como nos esperan 15 años para alcanzar las mejoras que urgen, pues debemos de empezar desde ya, y de forma resuelta, a solventar el problema.

La efectiva integración de Costa Rica a un mundo globalizado y profundamente interconectado depende de varios factores, todos importantes pero, definitivamente, el de nuestra infraestructura es central. Estamos ayunos de una política integral, inteligente y EFICIENTE que no solo considere la urgencia de este problema, sino que a la vez considere una solución que abarque otros aspectos interconectados entre sí, que afectan directamente nuestra competitividad y nuestro desarrollo. Mientras los países de nuestro entorno regional invierten fuertemente en modernizar su infraestructura, principalmente la vial, nosotros nos debatimos ante un panorama bastante desolador: aumentar el gasto de recursos propios a un ritmo vertiginoso y descuidando, de paso, otras áreas vitales para nuestro bienestar común, recurrir a empréstitos en el mercado financiero internacional, o sea, más endeudamiento en un momento que nuestro déficit fiscal nos ahoga y degrada la calificación internacional del país, invertir urgentemente los fondos disponibles desde ya hace casi 10 años y sobre los cuales se pagan intereses de deuda o, por último, tratar de reconstruir la confianza y la efectividad de las concesiones y en la ejecución de proyectos mixtos entre el Estado y la empresa privada. El mundo, en su totalidad, está invirtiendo USD9.0 BILLONES (trillions para los gringos) anualmente en desarrollo de infraestructura porque el resto del planeta está consciente de que nuestra época se define por la interconectividad global, por geografía funcional y ya no por geografía política.

Personalmente creo que, dadas las limitantes tanto políticas como financieras que hemos dejado crecer como hiedra, por las circunstancias que ya todos conocemos, la figura de la concesión en la modalidad de empresa mixta (pública/privada) es la solución que mejor posibilidades tiene para enfrentar este angustiante problema. Debemos de explorar muy seriamente esta alternativa y, si es nuestra mejor opción, ejecutarla de forma inmediata. No podemos seguir haciendo el ridículo de esperar 20, 30 o más años para construir una “calle” que nos es vital. Eso es una absoluta irresponsabilidad y un CRIMEN contra el país.

El planeta es un esferoide que rota sobre su eje y NO espera a nadie y, obviamente, no se va a detener a esperar por nosotros. De esto no me cabe la menor duda.

MEDIOCRIDAD PARLAMENTARIA

Francamente, hay momentos en los cuales no estoy de acuerdo con la forma de actuar de los diputados de la comisión legislativa investigadora de los créditos bancarios. Además de que en esa comisión hay o llegan diputados que hasta da grima escucharlos, también los hay que llegan a hacer concienzudamente su trabajo; aunque hay momentos que se evidencia, en algunos de ellos, una actitud de torquemadas que creo no solo inconveniente, sino improcedente. La Comisión no es el estrado de un teatro ni el púlpito de una iglesia, es un recinto politico de profundas raíces democráticas al cual todos los involucrados le deben respeto y, por su puesto, se deben respetuo mutuo.

Entiendo plenamente que esta es una Comisión Legislativa de control político, la cual está sustentada en nuestra Constitución Política y, por consiguiente, tengo muy claro que lo actuado por la misma es un juicio político. Se está determinando si se cometió o no un delito político y, si el mismo, tiene eventuales consecuencias que deban ser dilucidadas en tribunales jurisdiccionales de la República.

Se debe de reconocer, para ser justos, que hay un esfuerzo por parte de la Asamblea Legislativa por hacer partícipe al pueblo de esta función, todo en aras de ser transparente en el proceso que se está llevando acabo. Esa transparencia ya ha obtenido resultados que, de otra manera, hubiese sido imposible que se dieran, como han sido los golpes de timón que se han ejecutado en el Poder Judicial y el Ministerio Público con la suspensión de Celso Gamboa y el Fiscal General, la reapertura de causas de relevancia política nacional que habían sido sobreseídas y el reacomodo de personal clave para atender los casos más complejos de “supuestas” corrupción y tráfico de influencias. Así mismo, ya han habido repercusiones en el Poder Legislativo con la “renuncia/expulsión” de Victor Morales Zapata de la fracción del PAC, y con el llamar a declarar ante la comisión a diputados de las diferentes bancadas (claro, un daño mínimo, pero daño al fin). En el Poder Ejecutivo aún no hay consecuencias relevantes, excepto la comprobación de involucrados del Ministerio de Hacienda (solo una víctima por el momento) y la fuerte sospecha (que va a ser muy difícil de probar) de que el “Capo di tutti capi” de toda esta maraña está en la casa de Zapote. Y también ha habido repercusiones en el sistema bancario (BCR) y en el escenario electoral como lo fue la “solicitada renuncia” al señor Victor Hugo Víquez a su aspiración diputadil, como primer lugar del PLN por Heredia.

Por último, ha quedado también evidenciado que, con claras excepciones que me bastan los dedos de una mano para contarlas, en la Asamblea Legislativa no hay cara en que persignarse. En ese Primer Poder de la República se ha entronizado la obvia mediocridad a la que hemos llegado en nuestro escenario político parlamentario. Esa mediocridad – y otros “atributos” – son la norma, no le excepción. Y esto sí que es en extremo preocupante porque, con la posible conformación de la Asamblea Legislativa 2018 – 2022, es casi seguro de que el clamor y exigencia de este pueblo nuestro por reformas profundas a nuestra constitucionalidad, seguirán siendo diluidas en los intereses partidistas. Es más, fijémonos muy bien y veremos que no hay uno solo de los candidatos presidenciables que se haya referido, de forma importante, a las reformas que se necesitan de urgencia en el país y, mucho menos, ninguno de los candidatos a diputados inscritos en las listas que NOS IMPONEN los partidos políticos. Hay acciones cosméticas, nada de fondo y esencia. El baile, ya montado, seguirá hasta la medianoche de un día de Mayo allá en el 2022, y el problema – que sí es problema – es que NO estamos invitados.

Reitero, con base a lo observado y analizado durante estas sesiones de la Comisión Legislativa, así como por lo observado en lo que va de esta campaña electoral, que se hace imperativa la necesidad de reformas sustanciales en nuestra Patria. De esto NO me cabe ninguna duda. Y está en nosotros, los ciudadanos, el poder de exigirlo y lograrlo.

ESTAMOS MAL… MUY MAL

Estamos mal. Muy mal. Es muy doloroso decirlo, pero lo es más el tener que aceptarlo.

Las comparecencias ante la comisión de la Asamblea Legislativa que investiga lo relacionado con el CEMENTAZO, y en especial las de Celso Gamboa y Victor Morales Zapata, han desnudado un nauseabundo y condenable enjambre de personas y hechos que han dejado, por decir lo menos, perplejos y sumamente indignados a propios y extraños. Y no es por la chismografía rosa que algunas comparecencias han desatado, pareciera que con la intención de desviar el foco de atención sobre lo esencial, sino por la cruel verdad que ya muchos habíamos intuido y denunciado: nuestra institucionalidad ha sido invadida por el cáncer de la corrupción que está haciendo metástasis en frente de nuestras propias narices. Y este es, sobre todo lo demás, el verdadero centro gravitacional en el cual debemos de concentrar nuestro interés.

Es YA patente el involucramiento de altas autoridades en los tres poderes de la República en este negocio del cemento chino, a como también es evidente que hemos estado eligiendo gente a nuestra Asamblea Legislativa que, francamente, dan lástima por su meridiana mediocridad o por su despreciable sumisión, o dan ira por su repugnante bajeza moral. Se ha hecho ya incuestionable la absoluta necesidad de reformar todo el proceso de elección de nuestros representantes populares (diputados), y sobre todo, la elección de nuestros máximos jueces. Se nos ha hecho urgente el realizar una reforma profunda y total de la estructura política y jurídica de nuestro Estado. Es urgente reformar nuestra Constitucionalidad y nuestra manera de hacer política.

Simplemente NO podemos seguir depositando la administración de nuestro país, y de su institucionalidad, en manos ni de pillos ni de mediocres ni marionetas ni, por supuesto, de angurrientos y avivatos que se aprovechan de las debilidades que aquejan a nuestro vetusto y anquilosado Estado para, así, seguir abusando de nosotros y del país. Hemos dejado, sea por indiferencia, omisión, complacencia o por politiquería, que nuestra Costa Rica haya caído en manos de una mafia que la ha llevado a este trance tan doloroso de su historia.

Hoy todos nos sentimos ultrajados al descubrir que, en nuestra estructura política y judicial, se hayan entronizado gente mediocre y, también, gente de tan baja calidad ética y moral. Nuestro país se nos está cayendo a pedazos porque la lista de ofensas es de nunca acabar, y cuyo nocivo efecto ha permeado negativamente TODOS los sectores de nuestro tejido nacional. Solo para nombrar algunas de las calamidades que nos han afectado en las últimas 3 o 4 década, baste con indicar las gollerías y privilegios de los sindicatos y grupos gremiales del sector público, pensiones de lujo ofensivamente escandalosas, SORESCO, OAS, la trocha, Crucitas, las burlas a nuestra Constitución, el amiguismo, el servilismo y el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, la prepotencia, la paupérrima condición de nuestra infraestructura vial debido a instituciones desprestigiadas hasta la médula, impunidad, altísimo costo de la vida, pobreza, miseria, desempleo y un largo etcétera. Puede ser que alguno diga que no hay relación entre algunos de los hechos indicados, pero debemos ya de entender que todos y cada uno ellos ESTÁN unidos como grilletes de cadena y que irremediablemente llevan al mismo fin y resultado: el acelerado y notorio declive y derrumbe de nuestro Estado y, por consecuencia, de nuestra democracia republicana. Hemos permitido que a nuestro país lo lleven a la vergüenza que hoy debemos de afrontar: el tener un país profundamente enfermo, polarizado, débil y mediocre que se está convirtiendo en presa fácil de mafiosos y de grupúsculos políticos contrarios a los intereses de nuestra Patria.

El pueblo costarricense está llegando a un peligrosísimo punto de NO retorno. La indignación, a veces disimulada con agria chota, se acumula a pasos agigantados, y continúa creciendo exponencialmente a medida que se tiene la percepción de que, después de todo este escándalo (y la acumulación de otros anteriores o conexos ya nombrados), la impunidad volverá a funcionar y a salvarle el pellejo y honra a especímenes claramente lesivos para el país. El ya obvio involucramiento de los tres poderes de la República en este escándalo del CEMENTAZO y otros, ha provocado que la gran mayoría en este país no crea en la imparcialidad de nuestra justicia ni en la eficacia de nuestro sistema judicial, ni tampoco en los balances y contrapesos que legitiman nuestra manifestación republicana. El juicio político y sentencia de culpabilidad del pueblo de Costa Rica en contra de aquellos que han ultrajado la integridad de nuestra institucionalidad es, simplemente, demoledor e inapelable. Nuestro pueblo ha juzgado, y ya cada cual rendirá las cuentas políticas y judiciales pertinentes en los tribunales que corresponda. Y en este punto hay que ser vehementes en exigir que se cumpla a cabalidad.

No dejemos que nos desvíen la atención sobre lo que es vital para el futuro de la Patria porque, definitivamente, es imperativo ENFOCARSE en nuestra más absoluta prioridad que es el salvar nuestro país. Organicémonos y concentremos nuestros esfuerzos. No diluyamos nuestra fuerza como pueblo obedeciendo ni a populistas ni a falsos mesías. Formemos un bloque unitario y cívico fuerte y solidario para hacer notar nuestra indignación y nuestro reclamo por las reformas que le son urgentes al país. Hagámolo por nosotros y por las futuras generaciones de costarricenses. La historia y la vida nos están dando esta oportunidad…

Saludos,

Mario I. Franceschi

SED DE JUSTICIA NO ES JUSTICIA

Todos los costarricenses tenemos derechos constitucionales y jurídicos que debemos de respetar y, así mismo, apelar cuando consideremos que los mismos están siendo atropellados.

Dicho lo anterior, debemos también estar plenamente conscientes de que, ni el juzgado de facebook ni el juzgado de la prensa, son juzgados legítimos para condenar a nadie. Eso SOLO lo puede hacer un tribunal de la República. Y también tenemos que entender que, en dichos tribunales, cualquier ciudadano de este país tiene derechos y garantías procesales que se deben de respetar. Así funciona nuestro sistema jurídico, y en ese sentido, así ha funcionado para todos los costarricenses cuando hemos tenido que o recurrir o responder ante nuestra justicia.

Estamos claros que nuestra percepción personal, e inclusive hasta social, es de condena frente a hechos que consideramos punibles, especialmente cuando obtienen relevancia pública, tales como corrupción POLÍTICA, la muerte de una persona en un accidente provocada por un irresponsable, asesinatos, robos, tráfico de influencias, cohecho y asociación para delinquir, estafa, etc. Claro que estos son ilícitos que nos provocan indignación y sed de justicia.

¡Pero NO se puede confundir SED de justicia con la JUSTICIA como tal!

Nuestro sistema jurídico nos da las garantías de defendernos en nuestros tribunales y demostrar, si así procede, nuestra inocencia frente a una acusación o frente a un hecho punible por ley que se nos indilgue. Este es un derecho sagrado que, Dios no lo quiera y no se lo deseo a nadie, cualquiera de nosotros podemos invocar si nos vemos en un trance de materia penal. Ahí es cuando, después de haber desbocado por condena para otros, clamaremos por justicia y derechos para nosotros… y más si somos inocentes.

Podemos, y tenemos el derecho, estar indignados con lo que está sucediendo en el país, con los hechos que se han estado ventilando en la prensa, en las redes sociales, en la Asamblea Legislativa, en el poder judicial y hasta en el ejecutivo. Pero esa indignación debe de llevarnos a luchar por mejorar y sanear nuestro país, no a convertirnos en una masa anónima deseosa de linchamientos inmediatos de aquellos que, a priori, hemos condenado sin el debido proceso. Recordemos y tengamos SIEMPRE presente que lo que está en proceso en estos momentos en nuestro primer poder de la República es un juicio político, no un juicio jurídico. La Asamblea Legislativa no tiene facultades para realizar este último tipo de juicio, pero sí del primero.

En fin, sea que estemos indignados por el asunto del CEMENTAZO, por la acumulación de casos donde la percepción de corrupción es ineludible o, y por supuesto, por el irresponsable (y acá externo mi opinión sobre él pero no lo estoy condenado jurídicamente) que mató un maratonista recientemente; nuestra posición como ciudadanos debe de ser la de exigir que se haga justicia y con base a nuestro sistema judicial, no con base a opiniones personales ni en base a percepciones periodísticas. No podemos, ni debemos permitir, que nuestro sistema jurídico se convierta en un circo romano manipulable por intereses espurios, o que lleguemos al extremo de condenar o perdonar con la posición del pulgar y supeditado a la decisión final de un tirano. Costa Rica NO se merece semejante bajeza.

Ya tenemos demasiados problemas como país como para, encima, terminar destruyendo un sistema jurídico que, esencialmente, es funcional y justo. Una cosa es nuestro sistema judicial y otra, muy distinta, aquellos que desde su posición como jueces o como fiscales, lo han ultrajado. Esos ya tendrán su momento de ser procesados (si así correspondiese) en nuestros tribunales y defenderse, al igual que cualquier ciudadano, en los mismos.

Tenemos todo el derecho del mundo de sentirnos indignados, pero definitivamente, la cordura en momentos de crisis es una virtud, nunca una debilidad.

Slds;

Mario I. Franceschi

RECICLANDO BASURA

En Costa Rica, definitivamente, esta frase adquiere nivel de ley. Y no es porque se refiera a la basura que como seres humanos producimos, la cual estamos en la obligación de reciclar, sino a la basura política, que una y otra vez, reciclamos en los diferentes poderes de la República. Para muestra un botón: solo fijémonos en las listas de diputados de los diferentes partidos políticos.

Lo obvio, como dice la sabiduría popular, salta a la vista. Y ahora, para agravar la situación, hay una descarada transferencia de elegibles de un partido a otro. Lo importante, a final de cuentas, es volver a sentarse en una curul legislativa o volver a estar en el “círculo interno” del poder. Y no importa que, cuando se ocupó – una o más veces – en el pasado una curul o un puesto de poder en el “gabinete”, estos reciclables no hayan hecho absolutamente nada positivo por el país y que, por el contrario, hayan sido personajes de primera línea en escándalos sean de naturaleza política o hasta personales. Esto demuestra fehacientemente, que nuestra democracia no es participativa y que nuestros problemas políticos tienen profundas raíces culturales como idiosincráticas. Están, por decirlo de alguna forma, arraigados en nuestra forma particular de ser y actuar como pueblo.

Es por lo anterior que eliminar la basura política que nos agobia, en este país, es prácticamente imposible. La razón no es solo un asunto de personas, sino que es principalmente un problema sistémico. Es el sistema que hemos creado y alimentado el que permite que haya gente que se perpetúe y abuse de puestos políticos. Es el sistema el que impone las listas de diputados y es el sistema el que le permite a un “presidenciable” el no someter al escrutinio popular los nombres de aquellos que, en un eventual gobierno, le acompañarán en el ejercicio de la administración del Estado.

En otras palabras, es el sistema el principal gestor de que se agudicen la impunidad, el abuso, el tráfico de influencias y el servilismo en todos los niveles de nuestra institucionalidad. Es el sistema el que permite que improbos lleguen al poder. Es el sistema el que está obsoleto y es el sistema el que nos lleva, irremediablemente, a entender que si no cambiamos nuestra forma de pensar y reformamos hasta sus cimientos constitucionales nuestro escenario político y electoral, el país continuará en un círculo vicioso que puede socavar nuestra vida republicana, nuestra democracia e institucionalidad.

El sistema y nosotros somos responsables de que las altas esferas del poder político traten la ética en la función pública como basura; y de que el taqueo de las alcantarillas del laberinto político criollo sea ya una emergencia nacional.

Reciclando basura

RENUNCIEN Y VAYANSE

Por razones que no vale la pena mencionar, he tenido que ausentarme de mi BLOG por varios días. Solo regresé para decirles lo siguiente:

Si el Fiscal General de la República tuviese un gramo de mostaza de respeto por Costa Rica, por nuestro ordenamiento jurídico y por nuestra institucionalidad republicana y democrática, renunciaría de inmediato.

Inclusive, si se tuviese respeto a sí mismo, no solo debería de renunciar, sino que también – si tiene conciencia y entereza – podría hacerle al país un aporte histórico: revelar todo lo que todos sospechamos que sabe, sin importarle las cabezas que rueden.

Al menos así el país, a pesar de que pide su renuncia sin atenuantes, le quedaría agradecido por un servicio que como ciudadano nos daría, aunque como Fiscal General vaya a quedar debiendo.

A los señores miembros de la Suprema Corte de Justicia, por favor, háganse a un lado porque en estos momentos lo que Costa Rica menos necesita son jueces pusilánimes, cuestionados, mentirosos y obviamente parcializados y manipulados. El Poder Judicial hay que recuperarlo inmediatamente pues en él descansa la legitimidad jurídica de nuestra democracia… y ustedes han irrespetado ese sagrado principio.

Y, por último, don Celso… un poco de humildad sería suficiente para que se dé cuenta de que su, sospechosamente, “meteórica” y “apadrinada” carrera política ha llegado a su final. No tiene futuro. Simplemente renuncie. Váyase y afronte las consecuencias de sus actos como un ciudadano cualquiera. Usted tiene ese derecho inalienable gracias a las garantías constitucionales de las que gozamos todos los costarricenses.

El Poder Judicial es la base angular, depositario y guardián del ordenamiento jurídico de nuestro Estado de Derecho, de nuestra Nación, de nuestra institucionalidad y de nuestro sistema democrático republicano. TODOS ustedes le han hecho un daño irreparable. Tengan la dignidad de irse PARA QUE NO LE HAGAN MÁS DAÑO AL PAÍS y, así, dejar que este pueblo reconstruya lo que ustedes han ultrajado.

A Costa Rica le URGE recuperar la confianza en su sistema judicial y, mientras ustedes estén ahí, esa confianza no podrá ser recuperada.

Así que,

¡RENUNCIEN Y VAYANSE!

MUCHO AYUDA EL QUE NO ESTORBA

Los fenómenos naturales NUNCA preguntan por ideologías o banderas políticas, preferencias deportivas, sexo, religión o color de piel. Cuando golpean lo hacen con toda su furia, dejando a su paso destrucción, drama, tragedia y dolor.

Debemos de entender que nuestro país YA no es el bendito e inmune que siempre hemos creído. En los últimos 12 meses nos han golpeado dos fenómenos climatológicos de gran envergadura, Otto y Nate, que demuestran la realidad a la que tenemos que acostumbrarnos, queramos o no. Es por ello que debemos reaccionar con celeridad y hacer los ajustes necesarios para no solo atender la inmediatez de la emergencia (indistintamente de su naturaleza), sino y lo más importante, las secuelas que se generan y sus efectos profundamente negativos, principalmente en la población; así como en todo el tejido nacional, incluyendo la infraestructura y la economía, ambas vitales para la prevención y atención de la emergencia y la recuperación/reconstrucción posterior. Dentro de las circunstancias actuales del país, bien que mal, se ha hecho lo que se ha podido con lo que está disponible. Y es más que obvio que se puede hacer mucho, muchísimo más.

Nuestra Comisión Nacional de Emergencias es una institución especializada en atender este tipo de circunstancias. Y es una institución a la que hay que dotar urgentemente de los recursos legales, financieros y materiales suficientes para que atienda y cumpla eficazmente con la misión para la cual ha sido creada.

Es una institución a la que hay que despolitizar y a la que es necesario reorganizar jurídicamente para que en ella converjan las personas ideales, no las puestas a dedo, para la realización de tan importantísima labor. Me atrevo a decir que, ante una declaratoria oficial de “Emergencia Nacional”, es la CNE la que debe de tomar el control del país, tal y como lo hace el TSE durante las elecciones presidenciales. La CNE, desde esta perspectiva, no debe de ser un botín político y, por el contrario, debe de estar estructurada de forma tal que tengan la plena autoridad para actuar y coordinar interinstitucionalmente (seguridad, instituciones de apoyo, transportes, geología, climatología, etc.) así como para coordinar y canalizar la ayuda internacional que pidamos o que nos sea ofrecida. Se requiere, en otras palabras, que la CNE pueda actuar sin necesidad de estar supeditada a “otros” intereses diferentes de aquellos para los cuales ha sido creada.

Ya lo decía mi madre, y estoy seguro que a muchos de nosotros nos lo decían nuestros mayores: “Mucho ayuda el que NO estorba”. Y la verdad es que, por lo visto y vivido en estos últimos 12 meses, hay demasiadas formas de poco ayudar y… muchísimas como estorbar.

ENFOQUEMONOS – CEMENTAZO

Debemos de tener claros los conceptos por los cuales estamos librando esta lucha, cada quien desde su trinchera, posibilidad y capacidad, que no podemos dejar que se diluya en dimes y diretes desinformantes, insulsos y fútiles. Esto, sería una tragedia nacional.

Así que debemos de entender lo siguiente

1- Los préstamos bancarios girados al empresario Juán Carlos Bolaños, y otros que también están siendo investigados, son “peccata minuta” dentro del andamiaje que se ha ido descubriendo con el caso del CEMENTAZO. Esos millones, pueden firmarlo si quieren, ya se fueron. Ya se perdieron. No los va a recuperar la banca nacional. Esto no quiere decir, para nada, que no haya que tomar las medidas legales del caso para sentar las responsabilidades pertinentes a aquellos que perpetraron el ilícito. Eso corresponderá a otras instancias el atenderlo y, a nosotros, el continuar presionando para que ello se cumpla.

2- El que se haya hecho público este problema del CEMENTAZO, de los bancos nacionales involucrados y afectados con el despreciable tráfico de influencias, es lo que permitió el darnos cuenta de lo que realmente importa, lo que realmente es vital para el país, lo que es esencial para nuestra vida ciudadana y la de las generaciones futuras: El tremendo golpe dado a la integridad jurídica y a la institucionalidad democràtica y republicana de nuestro país. Este es el principal, el principalìsimo problema, al cual no podemos, so pena de convertirnos en traidores a la Patria, de perderle el enfoque y la más vehemente exigencia de que se aclare en todos sus extremos lo sucedido.

3- Toda la estructura de nuestra República está en seriecísimo peligro de colapsar, víctima de la penetración y la apropiación –robo- perpetrada por parte de una clase

política mafiosa, en la que no hay ni distingo de ideología ni de bandera partidista. Los tres poderes de la República, según las distintas informaciones periodísticas, han sido infiltrados por esta mafia. Lo más doloroso e indignante, es que hasta la joya de la corona: el mismísimo Poder Judicial, bastión de nuestra integridad jurídica, de nuestra esencia democrática y baluarte indiscutido de nuestro Estado de Derecho; han sido tocado por las células de este cáncer.

4- Es ese el verdadero problema. Es ese el que debe de ser el foco de nuestras más genuinas preocupaciones y de nuestras más arduas luchas. Debemos, tenemos y es exigido de cada uno de nosotros los costarricenses, luchar por nuestro país y defender la integridad de nuestra institucionalidad, en todos los extremos que esta lucha requiera. Esos millones de dólares ya se esfumaron y, al final de cuentas, serán los bancos afectados los que tendrán que lidiar con ese problema. Y si tienen que ser cerrados, y discúlpenme, pues que así sea. Acá está en juego, en este momento clave de la historia de nuestro país, algo supremo, algo superior a nosotros mismos: la continuidad de nuestra república, de nuestra institucionalidad y de nuestra democracia.

La lucha está así planteada y debemos de entender de que va a ser dura, dolorosa, larga y a muerte. No nos dejemos desenfocar de la causa real de esta nuestra lucha. No nos dejemos deslumbrar por la desinformación, ni por llantos de sirenas ni por los reclamos de parásitos que ven peligrar sus huéspedes.

No claudiquemos porque las actuales y las futuras generaciones de costarricenses no se merecen este asqueroso e imperdonable agravio.

http://www.panoramadigital.co.cr/el-muro-de-los-tormentos-del-cementazo/