LA CONFESION

No me costó encontrarlo. Estaba exactamente donde me dijeron que estaría. Y a la hora precisa.

Era alto, delgado y de pelo negro que en mechones rebeldes le caía sobre su ancha frente. Sus ojos, rasgados e incisivos, mostraban su vivaz inteligencia y su forma de sentarse, estrictamente erguido, denotaba que en algún momento de su vida recibió entrenamiento militar.

No me fue difícil el entablar charla con él pues, como me lo habían advertido, era buen conversador. Al principio fue un poco incómodo llevarlo hacia el tema del que quería hablar, pero rápidamente se dio cuenta de que mis intenciones no eran entablar una conversación trivial, sino el escudriñar sus pensamientos y sus recuerdos.

Yo estaba plenamente consciente de que su testimonio sería una parte vital de investigación para el libro que pensaba escribir algún día, así que cuidadosamente preparaba el escenario propicio para abordar el tema. Pero, como ya dije, se dio cuenta de mis intenciones y, directo como flecha, me preguntó:

– ¿De qué quiere hablar? Porque no creo que usted haya venido hasta acá solo para entretener a este viejo incómodo con parla condescendiente
– Para nada, don Hugo, usted no es ni tan viejo ni tampoco me es incómodo, pero sí… es cierto. Quería hablar con usted sobre un tema muy puntual.
– ¿Cuál?

Y de una vez entramos en materia.

La conversación, al principio, se hizo lenta pues era obvio que don Hugo necesitaba poner sus ideas en orden para darle sentido a todo aquello que vivió. Me dio la impresión de que hacía tiempo que esperaba que alguien llegara y conversara con él sobre los temas que marcaron su vida y que, de un modo muy particular, atestiguaba lo que realmente sucedió en la guerra que derrocó a Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua.

Como única condición que me puso para contarme su historia fue que lo dejara hablar. Que no lo interrumpiera. Que le permitiera contar sus memorias a su modo y con sus palabras, sin modismos ni trucos argumentativos que desviaran la conversación en un sentido o en otro y, muchísimo menos, hacia el campo político o ideológico, lo cual de inmediato se me hizo obvio que detestaba.

Todo se lo acepté de inmediato.

Ahora entiendo que tuve suerte porque después averigüé que nunca volvió a hablar de los mismos temas con nadie más. Él estaba anuente a hablar, al menos aquel día, así que creo que fui realmente afortunado.

Y de verdad que habló. Me lo contó todo mientras Canelo, su perro, dormía plácido a sus pies.

A mis 18 años yo estaba muy metido en la droga. Mi vida era droga mañana, tarde y noche. Ya no me satisfacía la marihuana así que había empezado con el consumo de drogas más fuertes. No guardaba rencor para con nadie por el haber caído en el vicio, pues yo solito me metí en aquel infierno que me duro más de 30 años. Hice sufrir mucho a mi difunta madre y a mi familia, pero la verdad es que no me importaba o, si lo prefiere, no tenía noción del daño que hacía. Por eso acepto que todo lo que hice en aquellos años fue decisión mía. De nadie más. No hay excusa que valga ni justificación sicológica, muy de moda en estas épocas, que alegar. Mis padres fueron personas normales y, tanto a mis hermanos como a mí, nos educaron lo mejor que pudieron y nos corrigieron cuando tuvieron que hacerlo. Sin excesos de agresividad, pero si con intención de disciplinar y educar. Recuerdo, aunque parezca mentira, con gran amor y agradecimiento las “chililladas” que me pegó mi padre con una rama de tamarindo en aquel plácido Puntarenas de principios de los años 60. Esa cosa picaba de lo rico y le sacaba a uno las lágrimas hasta con ahogo incluido.

Y al final de cuentas de nada sirvieron pues yo era, por naturaleza, rebelde y desafiante. Me arrearon por las malas juntas, por bañarme en las pozas del Barranca o por sacar malas notas en la escuela. Cuando nos venimos a vivir a San José, allá por el Barrio Minerva en el Alto de Guadalupe, seguí exactamente igual. E igual seguía cuando nos fuimos a vivir a Coronado y cuando llegamos a Moravia en 1969, si mi memoria no me falla. Parecíamos familia de gitanos pues cambiábamos de casa cada uno o dos años, así que rodamos bastante hasta que llegamos a este pueblo. Aquí nos quedamos definitivamente, y acá murieron mis padres y acá moriré yo también.

Y al año siguiente, estando en sexto grado, fue cuando empecé a fumar mecha y fue cuando di los primeros pasos hacia las veredas oscuras y torcidas que recorrió mi vida por las siguientes 3 décadas y pico.

Robé casas y negocios. Asalté gente. Le mentí descaradamente a mis padres y a mi hermano mayor, con quien siempre tuve una profunda cercanía pues entre ambos solo habían 10 meses y medio de diferencia. Sí, mi familia fue mi víctima directa y preferida con tal de tener con que comprar la droga. A él le robé hasta sus libros de universidad, los cuales vendía por cualquier cosa que me sirviera para comprar la siguiente dosis.

En medio de ese torbellino y recién cumplidos mis 19 años en 1977, mi madre logró conseguirme, por medio de “patas” en el gobierno y por intervención de su hermano que trabajaba como abogado en la Asamblea Legislativa, un puesto en la extinta Policía Militar o la famosa PM. Tenía el cuerpo, la estatura y el carácter para estar en ese cuerpo policial, muy famoso y respetado en aquellos tiempos, hasta que llegó el abanderado de la paz y lo suprimió a finales de los años 80. Todo tipo de diferenciación y cualquier signo de militarismo, como las marchas y las famosas escuadras del Colegio Lincoln, del San Francis, del Liceo de Costa Rica, del Napoleón Quesada y hasta del Colegio de Moravia que desfilaban los 15 de Setiembre, fueron suprimidos por aquel descendiente de cafetaleros que teníamos como presidente. Esos desfiles nunca volvieron a ser los mismos.

Pero, y a pesar de que estuve en ese cuerpo policial tan respetado durante 2 años hasta Marzo de 1979, donde limpié hasta escusados y donde aprendí disciplina militar, no dejé mis vicios. Mis vicos iban donde yo iba, aunque durante el tiempo que estuve en la PM tuve que disminuir la intensidad de mi consumo.

Se detiene un momento y saca su billetera de la bolsa de atrás de su pantalón. Busca entre sus documentos y encuentra una foto polaroid, ya amarillenta y con los colores desteñidos, que me muestra con obvio orgullo. Es él vestido con su uniforme y casco negro de la PM. En la parte posterior de la foto se lee, en letra manuscrita, “12 de Marzo de 1978. Cuartel General de la PM. San José”.

Guarda la foto y, por un momento, se quedó silencioso. Pausadamente continuó su relato.

Y por esos día, se nos vino encima, y con todo, la guerra de los sandinistas contra Somoza.

A finales de 1978 y principios de 1979, a mí y a otros compañeros nos enviaron a la frontera norte disque a patrullarla y defenderla. Pero eso era lo que menos hacíamos. Dejábamos entrar a los sandinistas a cada rato cuando venían huyendo del ejército nica, o cuando se refugiaban para reagruparse y aprovisionarse después de un asalto o de un golpe en la zona de combate en el sur de Nicaragua. Había órdenes superiores para que los dejáramos pasar. Así era como escapaban pues los “chigüines” del ejército somocista no hacían ningún intento, o al menos hasta que dolorosamente comprobé lo contrario, de perseguirlos en territorio tico.

No voy a dar nombres porque no creo que eso sirva de nada y porque, de todos modos, no los recuerdo y además porque estoy seguro que eran falsos, pero tuve la oportunidad de ver, no de conocer, a varios guerrilleros y entre ellos al que llamaban Comandante Cero, quien para ese entonces ya era muy famoso por la toma del Palacio Nacional en Managua. También escuché conversaciones y discusiones entre él y gente que tenía acentos muy variados como de países suramericanos, como también cubanos y uno que otro “macho” que yo creía que eran gringos, hasta que un compañero me sacó del error y me dijo que eran europeos.

Mi hermano mayor me contó, hace poco tiempo, que estando en un hotel en el puerto de Corinto pocos años después de la victoria sandinista, él cometió el mismo error hasta que una muchacha que la pulseaba ahí mismo, y que según él se “alzó” por un cepillo y una pasta de dientes, le dijo que no eran gringos. Que esos “cheles” eran rumanos, búlgaros y checos. Y que, además, en el hotel se hospedaban un tanate de cubanos que habían llegado a trabajar para la “reconstrucción” de la patria de Sandino.

Déjeme decirle que, en esa guerra y desde el principio, se sabía quién andaba detrás de qué. Pero, la verdad, eso a mí no me interesaba. Yo andaba en mis cosas y la política no era algo que me provocara ningún interés.

Y fue por “andar en mis cosas” que me pasó lo que me pasó. La peor experiencia que he vivido en mi vida.

Aquel día de Febrero de 1979 hacía un calor infernal. Fácil podría haber andado en los 40°C y era de tal intensidad que un compañero me decía:

“Hugo, en este infierno hasta el mismo demonio pide un aire acondicionado”.

Me tocó salir de patrulla con otros compañeros bajo el mando del sargento Gonzalez, que de Dios goce, partiendo de La Cruz para entrar por Murciélago y de ahí hasta la frontera. Al acercarnos al límite, yo me separé del grupo con la excusa de que necesitaba hacer una “necesidad”, pero la verdad es que era para hacerme un puro. Caminé como 15 minutos hasta que me senté bajo un árbol joven de Guanacaste y me fumé no uno, sino dos “leños” bien enrolados. Fue tal mi mala suerte que me dio feo porque casi no había desayunado y, para peor de males, en mi loquera no me había dado cuenta de que había traspasado el mojón que señalaba donde terminaba Costa Rica y empezaba Nicaragua, así que me había perdido y adentrado en suelo nica.

Unas explosiones como bombetas y unos ayes agónicos me sacaron del viaje adormecedor que estaba teniendo. A duras penas me puse de pie y caminé lentamente hacia una zanja cubierta de matorrales que estaban cerca para cubrirme. Desde ahí pude ver, como a unos 50 metros, a una tanqueta y varios efectivos del ejército nicaragüense atacando unas posiciones guerrilleras que parecía que las habían tomado por sorpresa mientras custodiaban un transporte militar, en cuya parte de atrás, habían unos 5 soldados muertos. Cada disparo lo acompañaban de madrazos y todo tipo de insultos que, debido al caos, yo no lograba diferenciar a cuál de los dos bandos pertenecían. Hasta este día creo que ambos incurrían en las mismas tácticas de insultos y ambos, en ese departamento del “quehacer” militar, eran muy buenos. En ese renglón, definitivamente, quedaron empatados.

El asunto es que, además de un olor acre como a pólvora por la balacera, me llegaba también un hedor como a descomposición. Aquellos soldados en la parte trasera del camión de transporte militar tenían como unos tres o cuatro días de muertos, por lo que el olor a sangre y cuerpos en estado de putrefacción era muy fuerte. Me dio la impresión de que la columna sandinista fue sorprendida en el momento en el que se preparaban para enterrar aquellos cadáveres y apoderarse del camión.

La escena dantesca que presencié me causo náuseas y vomitadera, pues era algo que nunca en mi vida había visto. Las realidades de la guerra, me dirían después, pero eso no fue suficiente, hasta hoy, para sacarme esa imagen de la mente, ni tampoco las que vería después.

Como pude me recompuse y traté de huir lo más pronto posible de aquel lugar, pero ya era tarde. Me tenían rodeado pues, al frente tenía al ejército nica avanzando y, en la retaguardia, a los sandinistas defendiéndose. No me quedó otra alternativa que quedarme quieto y rogar que no me vieran. Eso sí, para ese momento ya se me había ido el efecto de los puros de mango rosa jamaiquina que me había fumado y, en lugar de concentrarme en cómo salvar el pellejo, me puse a lloriquear como niño recién nacido.

Aquella batalla duró como una media hora. Media hora interminable en la que yo, sin ser parte de ninguno de los dos bandos enfrentados, había quedado atrapado. Para un jovenzuelo tico de 21 años recién cumplidos, acostumbrado a otras cosas, aquello era realmente impactante. El silbido de las balas, el traqueteo de las ametralladoras, el olor a pólvora, la muerte, el miedo, los gritos y los insultos… todo se juntó en un solo momento. Y la verdad es que pensé que hasta ahí me la había prestado Dios. Pensé en mi madre, en papá, mis hermanos… Y sé que, para bien o para mal, fue Él quien me sacó de aquella encrucijada.

Me di cuenta de que todo había terminado cuando ya no se oían más disparos, ni ayes ni insultos. Aun así, me quedé quieto en mi posición como una hora más para asegurarme de que no hubiese peligro. Cuando creí tener el valor suficiente, salí lentamente de mi escondite y pude constatar lo que había sucedido. El transporte militar estaba completamente destruido y los cuerpos despedazados de los 5 soldados estaban regados en un área de como 50 metros a la redonda. A lo largo de otros 100 metros había cuerpos reconocibles por sus uniformes de soldados del ejército nicaragüense y, también, de sandinistas. En total conté los cuerpos de unos 15 combatientes. Entre ellos a uno de los que discutía, la noche anterior, con el Comandante Cero y que hablaba con acento cubano. Tenía un balazo en el cuello y su cuerpo quedó tendido sobre un amplio charco de sangre.

Yo sudaba copiosamente y me sentía muy confundido. Volví a vomitar, pero como no había desayunado ni comido absolutamente nada durante todo el día, lo que vomitaba era como una espuma de color verdoso. Al fin pude reaccionar y tener la suficiente malicia como para darme cuenta de que regresarían, ya fuesen los “chigüines” o los sandinistas, así que empecé a caminar primero y correr después hacia las posiciones que, según yo, ocupaban los “piricuacos” pues estaba seguro que, si habían huido, lo habrían hecho hacia Costa Rica.

Y no me equivoqué.

La columna sandinista había huido hacia territorio tico, pero también los “chigüines” habían entrado en nuestro territorio en su persecución. Yo los pude divisar antes de que ellos me vieran, así que tuve el tiempo suficiente para esconderme. Y la verdad es que estaba seguro de que, si me encontraban, aunque ya estaba en territorio costarricense, no me hubiera ido nada bien. Y entre pensarlo y que sucediera no pasó ni un minuto. Me encontraron y ni siquiera me di ni cuenta hasta que me desperté, con un fuertísimo dolor de cabeza, como tres horas después. La chichota que tenía en la jupa era del tamaño de un chayote y sentía el pelo apelmazado y como una carraspa sobre mi mejilla derecha. Al llevarme la mano a la cara para limpiarme, me di cuenta de que era sangre reseca que me caía hasta el cuello.

¡Era prisionero de una columna del ejército nicaragüense!

No tengo forma ni palabras para describir el miedo que se apoderó de mí. Me puse a llorar como mica baleada mientras me gritaban todo tipo de improperios:

– Sandinista hijo de puta, ahora te vestís con el uniforme de esos culeros tiquillos para engañarnos. Hablá maricón. Dinos donde está la base de tus compañeros maleantes.

Cosas como esas. Yo aún no atinaba a entender que estaba pasando. Lo único que hacía era llorar y balbucear que era costarricense, que decía maje y “tuaniz”, que vivía en Moravia y que era un drogo no un soldado sandinista. Cada vez que decía las palabras “soldado sandinistas” me arreaban con un fuete retorcido y húmedo de cuero de vaca que me dejaba surcos con rastros de sangre en los brazos y en la espalda. Uno de ellos, más encabronado que los demás, me apuntó con su revolver en la sien y me gritó “acá te mueres hijo de puta, malnacido, traidor” y halaba el gatillo. Me asustaba hasta mearme con el revolver vacío y después se echaba a reír a carcajadas. Antes de irse a reunir con sus camaradas, se volvía y me decía: “Lo que no sabes, jodido, es si la próxima vez la tengo cargada.”

Estuve en esa situación durante un par de días, creo yo, hasta que llegó un “chele”, como le decían ellos, a hablar conmigo. Era como de 2 metros de alto y con una mirada azul tan fría como cubitos de hielo en un ron con coca. En un español con fuerte acento me preguntó cómo me llamaba. Le dije hasta el rosario y el Credo. No me guardé nada. Le dije mi nombre, el de mi madre y padre y hasta el de mis hermanos. Le conté quienes eran mis “doctors” y hasta la escuela en la que había sacado mi sexto grado. Le conté como le había robado una bicicleta de carreras Benotto “nuevesitica” a mi hermano mayor para comprar “mecha”. Lo único que me faltó fue decirle el nombre de la “puta” que me desvirgó en un bar de mala muerte en Calle 12. Y no se lo dije porque nunca me lo aprendí porque simplemente nunca se lo pregunté.

No me tocó ni un pelo, al menos él no lo hizo, pero si les pidió a otros que me “torturaran” sicológicamente. El cabrón que me amenazaba con una pistola vacía venía y hacía un disparo al aire y después me apuntaba a la sien y me decía:

– Como ves, sí está cargada. Ese “chele” está loco. Mejor hablá porque está convencido de que eres un espía. Si no hablás, tiquillo culero, de aquí no salís vivo y yo soy el elegido para eliminarte.

Lo único bueno que saqué de esos interrogatorios fue cuando el “chele” recibió un mensaje por radio e inmediatamente le ordenó a un soldado que me dejara ir. Eso sí, le dio claras instrucciones de que me curara la chichota que, para ese momento, ya se había puesto entre azul y morado y me dolía como si me hubieran crucificado. Me dejaron lavarme la cara y me vendaron la herida que tenía en la cabeza y después, simplemente, recogieron sus chunches y se fueron. Ahí me dejaron tirado, hediondo a mierda y “miaos”, todo adolorido y muerto de hambre y sed…pero vivo.

Uno de ellos me regaló un par de cigarrillos Marlboro para el camino. Son gringos, me dijo. Me los regaló el “Chele”.

No se si alguien de “arriba” intervino pero, cuando al fin pude regresar al campamento nuestro, después de caminar como 3 horas sin saber ni el rumbo, me sentí aliviado y agradecido. Como resucitado. Tanto que ni me importó la semerenda puteada que me pegó el sargento González. Esa fue, hasta hoy, la peor regañada que me han pegado en toda mi vida.

¡Qué va a ser mi tata o mi mama! ¡Esa fue la regañada de mi vida!

Al día siguiente me enviaron a San José donde, al llegar, me remitieron al San Juán de Dios para que me revisaran y me curaran. Cuando regresé al cuartel general, allá por el Parque Morazán, ya tenían lista mi baja. Ni siquiera me preguntaron qué había pasado, con quien había hablado ni quien me había vendado la chichota que tenía en la cabeza, que dicho sea de paso, se me había medio infectado.

No me dejaron ni llamar a mi mama para que viniera alguien a recogerme. Me pidieron que cogiera mis cosas y me largara. Así de simple. Ni siquiera me dieron los pases del bus para irme para mi casa. Y debo de ser honesto con este punto pues, a pesar de que en ese momento se portaron bien “hijueputas” conmigo, el gobierno me pagó la totalidad de las prestaciones por los 2 años de servicios. Claro… como 2 meses después.

Mi madre, que nunca le aguantó nada a nadie, me recibió en la casa y después de asustarse de la facha que tenía y de regañarme por haber perdido el “brete”, se sentó a escuchar lo que yo había vivido en la frontera. Siempre inteligente, mucho más que mi tata, llamó a su hermano abogado y le contó lo que me había pasado.

Al día siguiente llegó mi tío y le conté la historia con lujo de detalles. Cuál fue mi sorpresa que, como 1 año después, el gobierno de Costa Rica me asignó una pensión como “veterano” de guerra. Pequeña, pero pensión al fin y al cabo, y que me daba derecho a tener todos los servicios de la Caja. Y de verdad que los usé porque, me crea usted o no, padecí de ansiedad, de pesadillas y otras cosas que mi madre hábilmente utilizó como “estrés de guerra” para obtener esa pensión y para que me atendieran en los hospitales, especialmente en el siquiátrico de Pavas, que había sido recientemente inaugurado.

No sé cómo lo hizo ni qué argumentos usó mi tío. Lo que sí sé es que me dieron esa pensión que he disfrutado desde entonces. Vivo pobremente, pero al menos tengo con que pagarme el apartamentillo y me alcanza para comprar mis “blancos”. Soy persona sencilla, así que no necesito de mucho para estar tranquilo.

Al principio mi mama me “administraba” la pensión hasta que Dios la llamó a cuentas. Desde ese entonces, ya hace como 25 años, la administro yo. Claro que me la fumé muchas veces porque, despuesito de que regresé de la frontera, caí de nuevo en las viejas prácticas. La situación se hizo insoportable en mi casa hasta que mi tata, harto de tanta “güevonada”, me hizo echado. Ahí empezó otra odisea en mi vida, pero esa se la cuento después. Por ahora solo basta con decirle que 5 años después de que murió mi madre, y estando en lo más profundo del vicio y viviendo como indigente en las calles de San José – rodeado de desgraciados similares a mí – mis pasos me llevaron a la puerta del Ejército de Salvación. Ahí pedí ayuda, y ayuda fue la que me dieron. Ellos me sacaron del abismo en el que había caído. Ellos salvaron mi vida.

Hoy me dedico, dentro de mis posibilidades, a ayudar a jóvenes adictos. A guiarlos. A aconsejarlos. Les cuento mis experiencias como drogadicto, pero nunca de mis experiencias como miembro de la Policía Militar Costarricense durante la guerra del pueblo nicaragüense contra el dictador Somoza. A usted, además de mi madre y mi tío, es la única persona a la que le he contado mi experiencia durante ese atroz conflicto.

Esta entrevista se la hice a don Hugo en Enero del 2008. Y él murió de cáncer de colon el 29 de Diciembre del 2015.

Yo nunca terminé la investigación histórica sobre la Revolución Sandinista que derrocó a Anastasio Somoza, pero esta conversación con don Hugo fue más que suficiente para comprobar mi tesis de que, en ese conflicto y además de los nicaragüenses que pelearon y murieron en él, también intervinieron otros “actores”, entre los cuales se encontraban mercenarios estadounidenses y europeos a favor de la dictadura, internacionalistas cubanos, de Europa Oriental y suramericanos a favor de los sandinistas y, también, un “actor” que fue determinante para la victoria final: la complicidad del gobierno y del pueblo de Costa Rica en favor de las huestes revolucionarias. Fue, en todos los aspectos, un conflicto clásico de la Guerra Fría, incluyendo las condiciones ideales para que mercenarios y traficantes de armas hicieran fortuna. Un conflicto de poder y dinero que terminó un día cuando a un “chigüín” se le ocurrió asesinar a sangre fría a un periodista gringo muy conocido e importante. Hasta ahí llegó el régimen de Somoza y con él a 42 años de dictadura.

Unos años después, Somoza – junto a sus guardaespaldas – moría reventado por un “bazucaso” en las calles de Asunción, Paraguay.

Don Hugo confirmó mis sospechas cuando me dijo esta frase: “Déjeme decirle que, en esa guerra y desde el principio, se sabía quién andaba detrás de qué.” El marxismo cubano-soviético tratando de crear una cabeza de playa en América Central apoyado por internacionalistas suramericanos y europeos, los gringos tratando de evitar que eso sucediera, los mercenarios y traficantes de armas haciendo su negocio y nuestro gobierno, lleno de problemas económicos y políticos que desembocaron en la tristemente célebre crisis de Carazo, tratando de sacar el mejor partido posible del conflicto y ayudando a las fuerzas revolucionarias. Acá, en nuestro país, vivieron exiliados varios de los líderes de esa revolución quienes, años después, se volvieron en nuestra contra. Principalmente uno de ellos que nunca disparó ni un tiro durante la guerra y el otro que vendería hasta su madre con tal de acomodarse al viento que socollonea las palmeras.

Y ya sabemos el resultado actual de aquella histórica lucha del pueblo nicaragüense: la sustitución de una dictadura por otra. Una revolución, y como eventualmente sucede con todas las revoluciones, traicionada por aquellos – y sus secuaces y complices – que la gestaron y dirigieron.

Durante el sepelio de don Hugo, su hermano mayor, al dar un sentido discurso al final de la misa, dijo entre otras cosas: “Coco, como le decíamos todos en la familia, fue lo que todos sabemos de él. Fue el más grave problema que vivió mi madre, quien nunca lo abandonó, y de muchos de nosotros. Su vida, y la forma que afectó a tanta gente, es imposible de obviar. Pero, así como vivió su vida, también tuvo el coraje de enfrentarla y corregir el rumbo que llevaba. El enfrentó sus más oscuros demonios y los venció. Y al cambiar ese rumbo, todos en nuestra familia nos alegramos. Y es también cierto que muchos jóvenes moravianos, y de otros cantones de San José atrapados en el mortal ciclo de la drogadicción, se beneficiaron con sus experiencias y consejos. Acá, en este momento, hay varios de ellos que lo atestiguan. Entre ellos está Andrea, una joven mujer hija de un amigo nuestro de juventud, que ha vivido una vida realmente dolorosa marcada por la prostitución, las drogas y la violencia. Hugo le ofreció su mano y su consejo y ahora está en un programa de desintoxicación y de asistencia socio-económica del gobierno.

Ese es el legado de mi hermano: la extraordinaria valentía con la que vivió su vida. Yo lo perdoné y sé que ustedes también. Y estoy seguro que Dios también lo ha perdonado.

Con esas palabras cerró su discurso y yo cerré mi agradecimiento para con don Hugo, el policía militar costarricense que, un día, me contó sus experiencias vividas en aquel conflicto que marcó un hito en la historia moderna de nuestra región centroamericana.

Marzo 5, 1520

Cada 5 de Marzo es el aniversario de una de las fechas más representativas y dramáticas, por sus efectos posteriores, de la historia de nuestra Latinoamérica. Es la fecha cuando una pequeña flota española, capitaneada por Hernán Cortez, zarpó de Cuba en dirección a México: 5 de marzo de 1520. Hace ya casi 500 años.

En aquellos barcos se transportaban 900 soldados españoles junto a caballos, armas de fuego y un puñado de esclavos africanos. Pero también llevaban a bordo algo invisible al ojo humano. En una de las personas, entre sus billones de células, había una bomba de tiempo biológica: el virus de la viruela, el cual empezó a multiplicarse exponencialmente en cuanto desembarcó en las costas de lo que hoy es el puerto de Veracruz, México. Esa bomba biológica se encontró con una población que no estaba preparada para, al menos de forma natural, resistir el catastrófico impacto que tuvo en ella.

La pesadilla empezó en la ciudad de Cempoallán – que fue literalmente arrasada en 10 días – y de ahí se extendió a lo largo y ancho de todo ese país. Se han hecho estudios que indican que la población indígena, solo en Mexico y a la llegada de los españoles en 1520, era de aproximadamente 25 millones de almas. Un siglo después, para 1620, quedaban solamente 1.6 millones de personas representativas de esa población.

¡Solo México se había convertido, en 100 años, en un inmenso cementerio…!

Quizá la verdadera fuerza de los conquistadores españoles no radicó en el poder de la cruz, o la espada, o los caballos o las armas de fuego, sino en las enfermedades que trajeron, principalmente la viruela – la mas mortifera de todas – pero también el sarampión y la poliomielitis. La viruela, por encima de muchas otras enfermedades y epidemias, ha sido el flagelo que más seres humanos ha matado a lo largo de la historia de nuestra América.

El 22 de mayo de 1980, en la XXXIII Asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y después de recibir el reporte final de la Comisión Global para la Certificación de la Erradicación de la Viruela, se declaró que esta terrible enfermedad había sido erradicada de la faz de la tierra. Así mismo, se ordenó tanto a USA como a la extinta Unión Soviética para que tomaran las disposiciones necesarias y se eliminaran las dos últimas reservas conocidas de ese virus. Por razones de poder geopolítico no lo hicieron, a pesar de la insistencia de la ONU, y por ello es que aún hay dos centros que mantienen reservas de tan letal virus: el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, Estados Unidos, y el Centro de Investigación en Virología y Biotecnología en Koltsovo, en Novosibirsk, Rusia.

Solo como dato aclaratorio: estudios científicos (arqueológicos y antropológicos) apuntan a que la viruela apareció por primera vez con el inicio de los primeros asentamientos agrícolas en lo que hoy es China, ya hace unos 10 mil años. De ahí se extendió al resto del planeta. Y según estadísticas de la OMS, fue la responsable de la muerte de más de 300 millones de seres humanos antes de 1980. No hay, en definitiva, duda alguna: la viruela es, y por mucho, el peor enemigo viral que ha enfrentado y asolado a la humanidad.

Los aztecas, los más golpeados por la epidemia de viruela que se desató con el desembarco de los españoles en las costas del Caribe mexicano, tenían un dios – Ometecuhtli – que representaba las dualidades de la naturaleza y de la vida: el día y la noche, la luz y las tinieblas, el bien y el mal, etc. Y pareciera que esa dualidad aplica en este caso pues, mientras el planeta festejaba la erradicación de semejante enemigo viral, dos países que representaron por casi 40 años el poder bipolar que dominó el mundo a partir de la II Guerra Mundial, se reservaban el derecho de obviar su destrucción final. Y con ello mantener latente un peligro mortal para el destino de nuestra especie…

SIRIA – UNA VERGUENZA PARA LA HUMANIDAD

Quisiera hacer unos comntarios con la intención de poner varias cosas en perspectiva sobre el conflicto en Siria, puesto que para una ala ideológica en este país, esta es una guerra de agresión perpetrada por los países imperialistas para adueñarse de sus recursos, y para el otro esta es una guerra intencionada para “liberar” Siria de su tirano genocida Bashar Al-Asad. Ni lo uno ni lo otro son, en esencia, correctos. En Siria se juega un ajedrez de grandes ligas donde los intereses de potencias globales y regionales, tanto económicos como energéticos y políticos están en juego.

Empecemos por lo más básico. En primer lugar, Siria NO es ni ha sido un productor de petróleo de primera línea. Antes del inicio de la guerra, en el 2010, Siria era el 32vo productor mundial de petróleo, y sus reservas de gas natural probadas eran las 45ava del planeta. Es más, para que tengamos una perspectiva del valor de Siria en el mundo de la producción de petróleo y gas natural, anotemos que Siria producía, antes del conflicto, 385.000 barriles por día, o un 0,5% de la producción mundial, mientras que sus reservas se estimaban en 2.500 millones de barriles a finales de 2010, un 0,2% del total mundial según Statistical Review of World Energy 2010. Además, Siria tenía en ese año (2010) una pequeña producción de gas natural de 7.800 millones de metros cúbicos que representaban, de nuevo, un 0,2% de la producción mundial según ese mismo reporte. Por otro lado, la mitad de su territorio es prácticamente improductivo, aunque la economía pre-bélica se basaba, además del pétróleo y el gas natural ya apuntados, en una producción agrícola (trigo principalmente) que representaba casi el 30% del PIB del país, así como en la producción de Fosfato, un producto que producía en cantidades exportables y, conjuntamente con la exportación bovina y de algodón, representaban casi el 40% de su PIB. Hoy, tanto la producción petrolera como la minería de fosfato están a mínimos históricos, principalmente la producción de fosfato que está totalmente suspendida.

La economía de Siria, durante la guerra, ha sufrido uno de los procesos más destructivos de los que se hayan registrado desde la II Guerra Mundial. De hecho, el Think Tank británico, Chatham House, ha dicho que la guerra entre el Estado sirio y los distintos grupos de la oposición así como contra los grupos insurgentes apoyados por potencias regionales e internacionales, iniciada en 2011, ha reducido prácticamente a la mitad o más (no hay forma de tener una medida fiable) el PIB del país, que antes de la guerra era de USD56 mil millones/año en el 2010. En la actualidad casi 2/3 partes de la población vive bajo diferentes grados de pobreza y aproximadamente 4.5 millones en pobreza extrema, a lo que habría que añadir un desempleo de casi un 50%, lo que representa un grosero contraste con el índice prebélico, que era del 8% en el 2010. En otras palabras, una sociedad totalmente desgarrada por un conflicto que a finales del 2017 había cobrado la vida de aproximadamente 500 mil personas y una economía en ruinas lo que hace que el país carezca de casi todo lo necesario para una vida normal. Siria, en términos crudos, está prácticamente arrasada y se ha calculado que, en caso de que el conflicto terminase este año (lo que es casi imposible) se necesitarían de 3 a 4 décadas para reconstruir el país.

En segundo lugar, en Siria NO se libra una guerra religiosa como otras tantas que han empañado esa región desde finales del siglo VII. De hecho, Siria es un país esencialmente secular que ha sido gobernado por una minoría alawita tolerante a la que detestan los fundamentalistas saudíes y los fanáticos yihadistas. Tanto el padre Hafez como el hijo Bashar al Asaad, habían sido bastante tolerantes con las prácticas tanto de cristianos como de otras sectas religiosas. Siria era un oasis de secularismo en una región dominada por el sectarismo, el fundamentalismo y el fanatismo musulmán sunita wahabi liderado por el régimen teocrático y absolutista de Arabia Saudí y sus aliados. Al llegar la influencia de la Primavera Arabe a Siria a principios del 2011 y expanderse las protestas de la población por la corrupción y por las condiciones económicas, sociales y políticas, el régimen reaccionó restringiendo las mismas con inusual violencia. Tal proceder no hizo más que aumentar la magnitud y extensión de las protestas, la población se armó, se formaron grupos militares adversos al régimen y, finalmente, se abrió la puerta para una violencia generalizada en el país a partir de finales del 2011 y principios del 2012. Es en esta disyuntiva, someramente explicada, que el conflicto nace y es desde este punto que se expande y se convierte ya no solo en un problema político interno de Siria, sino que arrastró intereses energéticos, económicos y geopolíticos de potencias regionales y globales al escenario, así como el fanatismo radical de grupos religiosos y, en particular, los del grupo radical y genocida ISIS. Es este el escenario que se vive el día de hoy en Siria.

Lo anterior nos lleva al tercer punto: El problema de Siria es su situación geográfica, o lo que es lo mismo, su estratégica posición geográfica a orillas del Mediterráneo y su consiguiente potencial como corredor de gasoductos y oleoductos hacia Europa. Para nadie es un secreto que el mayor yacimiento de gas natural, el South Pars-North Dome con reservas probadas de más de 51 trillones de metros cúbicos de gas natural enterrados a 3000 metros bajo el Golfo Pérsico, y controlado en 2/3 partes por Qatar y 1/3 por Irán, es un foco de tensiones disparado por el interés – principalmente Qatarí- de colocar ese gas natural en el mercado europeo. Es así como, en el 2009, Qatar ponía sobre la mesa de Bashar el Assad una propuesta para construir un gasoducto que habría de atravesar Arabia Saudí, Jordania y Siria enlazando con Turquía antes de llegar a Europa. El soñado gasoducto permitiría a Qatar, titán del gas natural, aumentar tanto el volumen de sus exportaciones al mercado europeo, como reducir los costes y limitaciones de volumen que impone el transporte marítimo. El experto internacional y consultor sirio Imad Fawzi Shuebi calculaba, en el 2016, que el negocio para Qatar, de haber llegado a un acuerdo con Bashar, le significaría la alucinante suma de USD950 mil millones. Pero Bashar Al Assad declinó la propuesta qatarí, porque la misma hubiese sido muy perjudicial para su principal aliado: Rusia. La empresa rusa, GAZPROM, suministra aproximadamente entre un 25 y un 30% del gas natural que consume Europa y sus beneficios globales corresponden a una quinta parte del presupuesto del Estado ruso. Preocupado ante la creciente dependencia de Europa en materia de gas hacia Rusia, Estados Unidos se sumó a la “pugna de los gasoductos” con su propuesta de un gasoducto llamado Nabuco, con el cual se intentaba evitar las zonas de influencia rusa y pujar también por las reservas energéticas del mar Negro y de Asia Central. Sin embargo, los gasoductos diseñados por Rusia (llamados South Stream y Nord Stream) se presentaban mucho más viables económicamente dadas las amplias reservas con las que cuenta el país. En otras palabras, tanto la propuesta Qatarí como la de USA trataban de sacar a Rusia del negocio del suministro de gas natural a Europa.

El analista estadounidense Mitchell A. Orestein, en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs titulado Putin´s Gas Attack, comentaba que sin una alternativa ventajosa, Rusia habrá de seguir suministrando 1/4 de sus necesidades en gas a Europa, lo cual deja al continente europeo a merced de los continuos reacomodos geopolíticos entre USA, la UE y Rusia, con la consiguiente – y lógica – oscilación de precios. Y, como si todo esto no fuese suficiente, Siria es también el escenario de fondo de la pugna entre Arabia Saudí e Irán, las dos potencias regionales – junto con Turquía – con intereses no solo económicos, sino políticos y militares en esa región. Es muy importante recordar que Rusia tiene, además de los intereses energéticos y económicos ya aludidos en Siria – que son vitales para Moscú a la luz de las sanciones que le han sido impuestas tanto por USA como por la UE -, intereses militares muy importates pues Siria no solo es uno de sus principales clientes en la compra de armas, sino que es el único territorio de ultramar donde Rusia tiene un puerto y aeropuertos militares desde los cuales proyecta su influencia sobre el Mediterráneo. En otras palabras, Rusia, y también Irán, tienen mucho que proteger en Siria. Claro, y en esto es mejor no equivocarse, Rusia e Irán NO son aliados naturales sino que, en esta disyuntiva, son aliados de oportunidad.

En Siria, además del conflicto ya comentado, yace también el enfrentamiento entre Kurdos contra Turquía (con lo cual Irak también entra en la danza), yihadistas del Al Qaeda (Al Nuzrah), supuestos grupos de guerrilleros “moderados apoyados por occidente” que luchan contra el régimen, los restos de ISIS, Hezbollah, etc. Es un conflicto – con guerras subsidiarias – de difícil comprensión y, por supuesto, de defícil solución por la cantidad de los actores, el poder de varios de ellos tanto global como regional, por la variedad de intereses económicos, geopolíticos y militares involucrados y por la hecatombe humanitaria que ha causado. Lo acontecido esta semana, el bombardeo “quirúrgico” realizado por USA, UK y Francia como represalia al “supuesto” ataque con gas a la población civil por parte del régimen de Bashar al Assad, se enmarca dentro del desarrollo, cada vez más complicado, de este conflicto. Es también una escalada del conflicto que cada vez se hace más evidente entre Occidente y Rusia, el cual ya muchos analistas anuncian como el advenimiento de una II Guerra Fría. Sinceramente no creo que, por el momento, las ondas expansivas de ese ataque pasen más allá de echarse culpas entre los actores involucrados. Sí creo, a pesar de que se que muchos difieren de mi opinión, que la solución de este conflicto pasa por la remosión de Bashar Al Assad del gobierno de Siria, pero si no se respetan los intereses de las diferentes potencias en pugna, y particularmente los de Rusia, y en menor medida los de Irán, tal solución sería insuficiente, especiualmente si el tirano es suplantado por un régimen sunita leal a los intereses de Riad y Doha, y por supuesto, de Washington y Bruselas.

Esa es la verdadera tragedia de un pueblo una vez próspero y que hoy es una carnicería de la cual TODA la humanidad debería de sentirse avergonzada. El mundo moderno, y ya es hora de que tomemos conciencia de ello, está ante su más difícil encrucijada desde la crisis de los misiles en 1962…

APUNTES SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL DEL 2018.

He procurado no comentar nada sobre el escenario político resultante de las recién pasadas elecciones hasta no tener una idea, aunque sea someramente clara, de lo que vamos a enfrentar a lo largo de los siguientes 4 años. No obstante, hay aspectos de la pasada campaña que si quiero sacarme del sistema porque esta resaca me está asfixiando. Estas apreciaciones que voy a compartir con ustedes son opiniones estrictamente personales y, en consecuencia, soy responsable en todo sentido por las mismas. Puedo estar equivocado y, por lo tanto y si así fuese, pido de antemano la indulgencia y la buena voluntad de los que vayan a leer estas líneas. Espero que este artículo no genere una cascada de proselitismo político, politiquería partidista ni resentimientos electorales.

Hay una cosa que SI me quedó meridianamente clara este 1 de Abril del 2018: esta elección de segunda ronda fue, en su totalidad, atípica y muy distinta a la del 2014. En aquella votamos, más de 1.3 millones de costarricenses, contra el PLN. Claro está que en aquella segunda ronda SI estaba el PLN de don Johnny Araya. En esta segunda ronda, y al no estar el PLN (gran derrotado de estas elecciones) y muy a pesar de lo que quieran ahora vendernos los que al final ganaron la elección, el PAC ganó no por aspectos estrictamente políticos, sino por aspectos externos que, en última instancia, fueron politizados de forma masiva. En particular el elemento religioso y el tema de los Derechos Humanos.

Durante esta campaña los serios problemas nacionales fueron discutidos, si acaso, soslayadamente. No fueron discutidos a profundidad. A pesar de que todo este pueblo estaba y está consciente de esos problemas, permitimos que la campaña transcurriera, por un lado, con el continuo y hasta cancino martilleo sobre el aspecto religioso y, por el otro, sobre los derechos humanos. El primero era y debe de ser un tema que NO tiene que ser mezclado con la política. Y esto lo afirmo porque, al traer al escenario de campaña las más sensibles fibras religiosas de un pueblo como el costarricense, mayoritariamente cristiano – principalmente católico – y conservador y, de forma intencional convertirlas en el tema dominante, inevitablemente se van a disparar las pasiones y las actitudes emocionales e irracionales que, sumadas a una ya existente y creciente polarización política, desvirtúan el verdadero sentido de una elección presidencial en una democracia representativa como la nuestra: que un pueblo elija, libre y racionalmente, el mejor proyecto político posible que habrá de administrar (gobernar) el Estado, y en especial un Estado tan lleno de problemas como lo es actualmente el nuestro.

Con la irrupción del tema religioso como factor dominante de la campaña, salieron a relucir las más bajas intenciones politiqueras de ambos bandos, inclusive alucinaciones como aquellas de las voces del apocalipcis que nos hicieron creer que corríamos un peligro inminente de caer en un absolutismo religioso tipo Baja Edad Media. Como si fuésemos un pueblo con inclinaciones “suicidas” como para llegar a permitir la instauración de ¡una “teocracia” como sistema de gobierno! No tuvimos la curiosidad para entender que NO hay una sola democracia moderna que, desde la reivindicación de la misma como forma de gobierno a mediados del siglo XIX, haya caído en una teocracia sea esta católica o protestante. Nos hicieron creer que toda una herencia y tradición secular de casi 200 años la íbamos a tirar al cajón de la “indiferencia” y, con ello, permitir que un grupúsculo confesional, en nombre de su “divinidad”, se apoderara del Estado y de su institucionalidad democrática republicana y que todos, irremediablemente, nos convertiríamos en siervos y siervas de los iluminados de la “teología de la prosperidad”. ¡Háyase visto semejante insulto a la inteligencia de este pueblo!

Y con el segundo – los derechos humanos – nos hicieron creer que serían pisoteados por un partido de religiosos “fundamentalistas radicales” como si nuestro país tuviese una innata tendencia al irrespeto hacia la dignidad del individuo/persona, como si nuestro país fuese un paraíso racista, como si fuésemos un refugio de homofóbicos, como si fuésemos unos parias de la comunidad internacional que no firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, como si no hubiésemos dado los Derechos Humanos a todos los ciudadanos estipulados en nuestra GARANTISTA Constitución Política, en fin, como si fuésemos un país idiota que no tendría capacidad de reacción ante un intento de cualquiera – y ojo que he dicho CUALQUIERA – por pisotearlos. Nuestra institucionalidad, ciertamente muy vilipendiada estas últimas décadas, y este pueblo en general, hubiesen reaccionado de forma contundente ante cualquier intento de pisotear los incuestionables derechos humanos. No tuvimos la suficiente confianza en nosotros mismos como para darnos cuenta de que este tema fue intencionalmente manipulado y sobredimensionado más allá de lo que un pueblo “inteligente” debe de permitir.

No tuvimos, en ambos temas, la claridad de mente como para entender que los mismos NO eran los temas esenciales sobre los que debería de haber transcurrido la recién pasada campaña electoral. Y de hecho, al no tener esa claridad de pensamiento y de actitud crítica, cometimos el error – sí, el error – de “clasificar” a segunda ronda las dos alternativas menos viables para dirigir los destinos de la Patria por los siguientes 4 años.

De ambas, escogimos la menos “pior”. Y la escogimos porque, al final de cuentas, comprendimos que detrás de uno de los candidatos yacía la sombría figura de un enemigo jurado de las prácticas católicas tan arraigadas en nuestra sociedad. La elegimos porque, vaya sorpresa, preferimos seguir siendo un país secular con una larga tradición católica en lo religioso y civilista en lo político. La escogimos no porque el otro ofendiera de forma descarada (eso lo hizo su mentor espiritual) nuestra más profunda convicción religiosa, sino porque a lo largo de nuestra historia, y a pesar de que seguimos siendo constitucionalmente un Estado confesional, hemos sido en la práctica un Estado respetuoso de la libertad de conciencia y tolerante de la libertad de culto “siempre y cuando no ofendan ni contradigan la ética y la moral universal”. Y, también, la escogimos porque su candidato demostró, considerando las paupérrima oferta electoral ante la que tuvimos que decidir, que estaba – sin consideraciones comparativas con otros candidatos de la primera vuelta – muchísimo mejor preparado que su contrincante en segunda ronda.

Me atrevo a decir que también lo elegimos, a pesar de que el PAC no merecía un segundo mandato por lo actuado a lo largo de esta su primera administración – tanto que hasta su fundador ha aceptado que están en deuda con Costa Rica – porque nos dimos cuenta, aunque fuese en el último momento, que Fabricio Alvarado era un advenedizo que, de llegar a la silla presidencial, sería un monigote en manos de aquellos que tiranizan la jerarquía de su partido confesional. Nos dimos cuenta a tiempo que don Fabricio NO era, ni por asomo, una persona ni preparada para el máximo honor que este pueblo le otorga a un ciudadano, ni sólidamente configurada para demostrar y respetar los más esenciales atributos de nuestra idiosincrasia.

Somos un pueblo que ha sabido enfrentar sus crisis, sus momentos lúgubres y levantarse de los mismos. Somos un pueblo que, gracias a Dios, sabe como reaccionar ante las encrucijadas. Y en estas elecciones no fue la excepción, sea por las razones correctas o no. Y ahora, y por los siguientes 4 años, tendremos que estar vigilantes, atentos y prestos a denunciar y criticar CONSTRUCTIVAMENTE el accionar de la nueva administración. Ya, espero, aprendimos la lección así que es hora de que dejemos atrás nuestras diferencias, nuestros envenenamientos y las politiquerías partidarias y pongámonos a trabajar y a cooperar responsablemente con nuestro nuevo presidente. Pero NUNCA, JAMAS, extenderle un cheque en blanco tal y como lo hicimos hace 4 años. Ese más de 1.3 millones que lo elegimos el pasado 1 de Abril NO somos, en más de un 70%, partidarios del PAC, como tampoco lo fuimos en el 2014. Ya elegimos y ahora lo importante, lo vital, lo urgente es que, como ciudadanos responsables, cerremos filas, enfrentemos juntos nuestros graves problemas y actuemos en concordancia. Ya es hora que pasemos la página religiosa que empañó esta campaña.

¡¡¡El futuro de nuestro país ASI NOS LO EXIGE!!!

¿QUE NOS SUCEDE?

I

De verdad que hemos vivido como en un limbo. Un limbo que regamos con el agua de nuestro orgullo por un país que creíamos justo, educado, inteligente, tolerante y homogéneo. Y en gran medida esas eran las características que diferenciaban de forma evidente a nuestro país de sus vecinos. Mientras que aquellos se debatían entre sus dictaduras y revoluciones, nosotros continuábamos el sendero del desarrollo, la democracia y la paz. Pero hace casi 15 años las cosas empezaron a cambiar y, lenta pero inexorablemente, dejamos de ser el país ejemplar que éramos y empezó a emerger el país que hoy somos.

Y es que, mientras duró la sombra y la cuerda del Estado paternalista, no nos detuvimos a observar los caldos de cultivo que, tarde o temprano y para bien o para mal, terminarían produciendo los agentes que ya han empezado cambiar radicalmente nuestra Patria. Hoy somos un país confundido. Los cambios, ya fuesen inducidos desde “adentro”- con la paciencia y sutileza de los quinta-columnistas – o por circunstancias externas que no supimos enfrentar ni evitar, nos han alcanzado. Y han sacado a relucir las más bajas pasiones que ilusamente creíamos ya desterradas de nuestra alma nacional.

II

Hoy somos una sociedad polarizada que busca afanosamente definirse y definirnos. Busca determinar cuál es el derrotero por el cual hemos de discurrir para recuperar ya no nuestras glorias idas, sino para construir las propias. Busca un norte, en medio de una confusión generalizada, al tiempo que nada contra corrientes poderosas que, en lugar de acercarnos, nos dividen aún más. Aquella Costa Rica que nació el verano de 1948 y que nos duró hasta mediados de los años 80s, ya se fue. No volverá. Ya no existe. Se la tragaron los descendientes del germen traidor que se incuba en todas las revoluciones.

¿Será que nos quedamos sin sabios y caímos en manos de oportunistas y manipuladores? ¿O será que hemos terminado confundiendo beligerancia y determinación con prepotencia e hipocresía? ¿O será que dejamos escapar nuestra memoria y sabiduría y la cambiamos por la imposición y la inmediatez?

Y mientras todo ello sucedá y se hacía cada vez más evidente nuestro deterioro, nosotros hacíamos la del avestruz y hundíamos nuestras cabezas en las arenas del “pura vida” y el “porta mi”. En la vanidad y en lo superfluo. Se priorizaban desigualdades y diferencias por sobre el bien común y el respeto. Se iba manifestando una Costa Rica de y para algunos, y otra de y para todos los demás. La Costa Rica de la gradería de sol y el choteo, y la Costa Rica de los palcos, las colinas y la indiferencia. La Costa Rica de los resentimientos y de los victimarios. La Costa Rica que se robaron y la Costa Rica que anhelamos.

III

Hoy nos debatimos entre aquellos que nos proponen un “continuismo del cambio” de la mano del “amor a la Patria” y basado en una socialdemocracia de izquierda hipócrita, añeja, fiscalmente irresponsable, comprobadamente corrupta y maquillada de modernidad e inclusión. Y aquellos que nos proponen el rescate de la Costa Rica poseedora de un “destino manifiesto luminoso” por medio del “volver” a unos principios y valores únicos, indefinibles y omnipresentes emanados desde un conservadurismo oloroso a pulcritud y a santo fanatismo, excluyente, histriónico, politicamente apologético y apocalíptico.

¡La excepcionalidad de la democracia costarricense como cuna y modriza de la demagogia, el fanatismo y el populismo! ¡Qué ironía!

IV

Solo estas dos opciones tenemos y, nos guste o no, ninguna ha demostrado ser honda en pensamiento, propuestas y proyectos para enfrentar los graves problemas que ACARREAMOS y que cada día que pasa se agudizan exponencialmente. Acá seguimos a la espera de esas propuestas y de los compromisos que habrán de asumir para solventar la problemática REAL que ahoga al país. Esto es vital porque de la decisión que tomemos el próximo 1 de Abril dependerá – irremediablemente – el futuro a corto y mediano plazo tanto social como político y económico de nuestra Patria.

Hay razón, evidentemente, para estar confundidos. Y esta confusión es real. Se siente en todos lados. Y se hace patente porque somos un país en ebullición y enfrentado al que estamos dejando sin sabiduría, sin personalidad, sin orgullo y hasta sin memoria.

Solo espero que NO lo hayamos dejado también sin inteligencia…

¿Qué nos sucede?

ALGUNOS APUNTES RAPIDOS SOBRE LA ABOLICION DEL EJERCITO EN COSTA RICA

Ya hacia mediados de la última década del siglo XIX se habían dado, de forma aislada, ideas de abolir o reducir sustancialmente el ejército costarricense. Esto debido, por un lado, a lo corrupto e ineficiente que era además de ser un elemento de continua injerencia en la política nacional y, por el otro, debido lo oneroso que resultaba para el erario público. Solo como ejemplo, en la década de 1870 el ejército costarricense era considerado una potencia militar regional ya que llegó a tener hasta 34000 tropas, marina y artillería, pero también consumía casi el 50% del presupuesto nacional y, además, fue el sostén sobre el cual se afianzó la República Liberal, liderada por los generales empezando con don Tomás Guardia, y que gobernaron Costa Rica hasta finales de ese siglo.

Esos “conatos” de abolir el ejército, por supuesto, no tuvieron ningún eco. Hacia finales de la década de los 40s del siglo pasado, y después de la Revolución del 48, la idea no solo renació sino que adquirió gran relevancia política y económica. Las circunstancias históricas, como lo fueron el hecho de que solo hacía 3 años que la más grande gesta militar de la historia de la humanidad – la II Guerra Mundial – había terminado, así como a los acontecimientos y horrores sucedidos durante la misma revolución, a los acuerdos y alianzas militares y políticas hechas por don Pepe antes y durante la misma, la injerencia de los Estados Unidos en el desarrollo de los acontecimientos posteriores (negarse a proporcionar pertrechos de guerra a don José Figueres por considerar a Costa Rica como un peligro desestabilizador en la región), el recelo que había entre varios líderes de la revolución por los compromisos adquiridos por don Pepe con la Legión Caribe, al hecho de que los sectores conservadores de la Junta de Gobierno (cercanos a Ulate), opuestos a las reformas sociales y económicas que se estaban haciendo, empezaban a adqurir importancia política pero, sobre todo, a la urgente necesidad financiera para sostener y consolidar el proyecto revolucionario, indujeron a varios personajes de la época a proponer a don Pepe la abolición del ejército como institución nacional.

Muchos alegan que esa propuesta no era para abolir el ejército nacional, sino para abolir el Ejército de Liberación Nacional, asunto que es muy cuestionable puesto que al finalizar la revolución quedaban, cuando mucho, 600 efectivos del “supuesto” ejército de Costa Rica, muy mal organizados y muy mal pertrechados.

El hecho incuestionable es que don Pepe había ganado la Revolución y bien pudo, si así hubiese querido, imponer una dictadura. Pero las circunstancias políticas y geopolíticas que imperaban en esos días (ya descritas), la sugerencia de don Fernando Lara Bustamante – considerado el primero en tener la idea de la abolición – pero sobre todo el importantísimo papel que desempeñaría don Edgar Cardona Quirós, ministro de seguridad de la Junta de Gobierno – también considerado uno de los primeros en tener la idea y proponérsela de forma vehemente a don Pepe desde Julio de 1948 – hicieron que el caudillo finalmente accediera a proceder con la abolición del ejército. Es interesante apuntar que don Pepe consideraba que él ya había abolido el ejército de Costa Rica el 8 de Mayo de 1948, día en el que abolió la Constitución de 1871; pero la realidad es que no fue así puesto que toda la legislación militar promulgada en el siglo XIX, incluido el Código de Justicia Militar promulgado en 1884, quedaron incólumes y vigentes. Esto demuestra que la idea era abolir el ejército como INSTITUCION legitimada constitucionalmente desde 1871, y no solo el ejército de Liberación Nacional.

En todo caso, el 25 de Noviembre de 1948 la Junta de Gobierno aceptó la propuesta de Cardona, el 27 de Noviembre se anunció la disolución de la Legión Caribe, el 1 de Diciembre don Pepe da el mazazo simbólico de la abolición (fecha que desde entonces festejamos), el 3 de Diciembre Costa Rica suscribió el TIAR, el 8 de Diciembre fue electa la Asamblea Constituyente (dominada por Ulate) y el 2 de Abril de 1949 (por las continuas tensiones en la Junta de Gobierno) se da el famoso Cardonazo cuando don Edgar Cardona y 22 oficiales se rebelaron contra Figueres en los cuarteles de la Artillería y Bellavista. Don Edgar le ofreció el poder a Ulate (que lo rechazó) y, además, los alzados pidieron la renuncia de Benjamín Núñez (ministro de Trabajo) y Alberto Martén (de Hacienda) por considerarlos afines al comunismo, y demandaron también la derogatoria del impuesto del 10% al capital y de la nacionalización bancaria. Todos los involucrados en la intentona se rindieron y fueron encarcelados (hubo 9 muertos), pero este hecho desencadenó los acontecimientos que desembocaron con la dada de baja de todos los soldados y oficiales el 25 de Abril de ese año de 1949.

En Junio de 1949 la Asamblea Constituyente rechazó el proyecto de Carta Magna elaborado por una comisión de la Junta de Gobierno (en dicha comisión estaba don Fernando Lara Bustamante) y adoptó la Constitución de 1871 como base, pero aceptó – gracias a los esfuerzos y capacidades negociadoras de don Fernando – la propuesta de elevar a rango constitucional la abolición del ejército como institución permanente en Costa Rica. Finalmente, el 7 de Noviembre de 1949 se declara aprobada la nueva Constitución Política y, al día siguiente, don Otilio Ulate asume como presidente de Costa Rica en un país que, un día antes, había CONSTITUCIONALMENTE abolido su ejército nacional.

¿De quién fue la idea de abolir el ejército en Costa Rica? La verdad es que hubo dos personas claves: don Edgar Cardona Quirós y don Fernando Lara Bustamante. Y al menos para mí, hay más indicios de que fue el señor Cardona el primero en PROPONERSELO a don Pepe e insistir constantemente en ello. Al ser rechazado el proyecto de Constitución Política presentado por la Junta de Gobierno (que incluía el artículo de la abolición), la importancia de don Fernando Lara Bustamante asume todo el relieve histórico que merece, pues fue él quien logró NEGOCIAR con la Asamblea Constituyente que el artículo de la abolición fuese incluido casi sin cambios en la nueva Constitución Política.

La importancia de don Pepe es, sobre todo, política pues él era el presidente de la Junta de Gobierno y el hombre que mandaba en Costa Rica. Si don Pepe no hubiese estado de acuerdo, y si no hubiese tenido la visión de estadista que tuvo en momentos de grandes acontecimientos, contrariedades, transformaciones y peligros para la naciente II República, tal y como lo fueron esos 18 meses entre Abril de 1948 y Noviembre de 1949, esa extraordinaria propuesta no habría fructificado y, probablemente, Costa Rica hubiese caído en una vorágine de violencia política y militar característica de toda la región latinoamericana de aquellos años.

¡Nuestro destino como nación hubiese sido otro muy diferente, de eso no me cabe duda!

Así que ya lo saben: don José Figueres Ferrer, don Fernando Lara Bustamante y don Edgar Cardona Quirós fueron los personajes históricos clave que con su visión, empuje, vehemencia y hasta con sus errores, lograron la abolición del ejército en Costa Rica. Lo demás es… historia en construcción y, mientras tanto…

¡HONOR A QUIEN HONOR MERECE!

MATRIMONIO HOMOSEXUAL – UNA PERSPECTIVA HETEROSEXUAL

El matrimonio. Un asunto que anda de boca en boca en esta época nuestra y que, como ha sucedido a lo largo de los milenios – antes de forma lenta pero ahora, como todo, de forma acelerada – ha ido cambiando no solo en su concepto y alcance originales, sino que también en su manifestación tanto privada como jurídica y social.

Por razones enteramente biológicas, o sea naturales, la unión de un hombre y una mujer (macho y hembra) ha sido la norma desde la aparición de nuestra especie. Inclusive, es la norma en prácticamente todas las especies multicelulares conocidas. Hay variantes también naturales, lo sabemos, pero la norma dominante es esa: masculino y femenino y con fines esencialmente reproductivos. Esta unión, como apuntado, es natural y su razón es, por supuesto, también natural. Es la respuesta al llamado instintivo de perpetuar la especie al que todos los seres vivos responden.

El ser humano no escapa a ese llamado instintivo, como tampoco escapa a ese instinto tan poderoso como es el de sobrevivencia. Pero, a diferencia de las demás especies (inclusive a las anteriores especies Homo ya extintas) el Homo Sapiens, al desarrollar civilización y cultura, se vio en la irrenunciable necesidad social, económica y política de institucionalizar jurídicamente la unión del “macho y la hembra”. Y es tanto así que hasta las relaciones polígamas fueron supeditadas y reguladas por dicha institucionalización. Y esa institucionalización, fuese civil o religiosa (en la antigüedad realmente no había gran diferencia entre lo uno y lo otro) DESEMBOCÓ EN EL MATRIMONIO. Y esa ha sido la norma que ha prevalecido a lo largo de los siglos: la unión del “macho” y la “hembra”, o en nuestro caso, entre el hombre y la mujer. A esta unión se le validó en el sentido contractual, el cual respondía a los intereses políticos, sociales y económicos de las diferentes culturas. Digamos también, para efectos de claridad que, por lo general, otros intereses – muy humanos también – no estaban contemplados de forma explícita ni tampoco eran requisitos sine qua non para efectuar el “contrato matrimonial”, como lo era el caso del amor. Y esto fue así hasta que llegaron los romanos quienes, en una muestra más de estar adelantados a su tiempo, institucionalizaron 3 tipos de matrimonio, dos de ellos basados en intereses de clase, de descendencia, patrimonio y de poderío político y económico, y un tercero que generalmente estaba basado en el amor y en un proyecto de vida común, el cual era muy popular entre las clases pobres pues, como es obvio, solo se tenían a sí mismos para ser ofrecidos como dote.

Para hacer un paréntesis, al darse el advenimiento y predominio del patriarcado, esa relación “contractual” ya institucionalizada se enfocó en resaltar y perpetuar la preponderancia del “macho”, dejando a la “hembra” relegada a derechos inferiores. No obstante, es interesante hacer notar la relación existente entre aquello que definimos como “patrimonio” y lo que etimológicamente significa “matrimonio”, aspecto que, una vez más, resalta el sentido económico y contractual entre ambos. No es este un artículo dirigido a condenar o no el patriarcado, pues solo lo traigo a colación porque fue un hecho histórico que determinó el devenir de nuestra especie durante los últimos 14000 años, hasta que llegó el siglo XIX, y sobre todo, el siglo XX. Este tema, y estoy de acuerdo en ello, es merecedor de un estudio y una publicación aparte.

Este sencillo preámbulo lo hago con la intención de dar un poco de luz sobre lo que hoy tenemos, en la cultura occidental, como concepto del matrimonio el cual, a lo largo de los siglos, ha sido determinado por las inevitables imposiciones y consideraciones religiosas, las cuales – y dependiendo de como lo veamos – justificaban tanto los matrimonios monógamos como los polígamos. Este concepto religioso del matrimonio es el que ha sido sometido a severos cambios de interpretación y es el que ha venido cambiando aceleradamente, especialmente en las últimas 3 o 4 décadas. Y es, así mismo, el que ha sufrido los reformas más notorias en los último 2 siglos, especialmente por el hecho de que los intereses civiles de las sociedades han ido prevaleciendo, de forma irreversible, sobre los intereses religiosos. El mismo desarrollo de nuestra civilización, impulsado de forma determinante por la razón, la ciencia y la tecnología, ha terminado imponiendo el valor civil del matrimonio sobre el valor religioso del mismo. Esto ha significado una constante ruptura con las normas tradicionales que fueron impuestas por la Iglesia Católica a lo largo de casi 20 siglos. A modo de ejemplo, no es lo mismo el concepto de matrimonio dominante en el siglo XVI al que tenemos hoy en el siglo XXI, siendo este último más enfocado hacia los intereses particulares de los contrayentes y hacia los alcances de los valores civiles y jurídicos del mismo.

En todo caso, es un hecho que hoy la institución del matrimonio ya no es esencialmente religiosa (como tampoco lo fue en otras civilizaciones como la china, donde lo relevante era la tradición confuciana y sus alcances éticos y espirituales) sino civil. Se puede elegir el estilo, el rito y hasta el contrato de matrimonio que se quiera pero, al final de cuentas, lo importante es el reconocimiento civil. El matrimonio religioso, que aún mantiene su importancia relativa, es también – en su esencia – un contrato civil. Y lo civil, como bien sabemos, conlleva tanto derechos como obligaciones jurídicas las cuales han sido dictadas por las diferentes culturas para proteger la integridad y permanencia de su contrato social.

Pues bien. Hasta acá lo que se refiere a la unión “natural” entre un “hombre” y una “mujer”, sus contratos matrimoniales y sus consecuencias civiles, económicas y jurídicas; que es lo que ha tenido una vigencia casi absoluta desde que el Homo Sapiens empezó a hacer y a escribir su historia.

Hoy hay movimientos para, así mismo, dar cabida e importancia tanto jurídica como civil a otras formas de “MATRIMONIOS”. Estas formas, que no tienen las raíces naturales que he descrito, si tienen, por el contrario, exigencias sociales, cívicas, económicas y políticas muy antiguas que, de un modo u otro, también hay que atender y resolver. Y este fenómeno, que por el momento ha surgido principalmente en el mundo occidental, tiene también raíces históricas que, si las estudiamos, son verdaderamente sorprendentes y aleccionadoras. Ya el matrimonio homosexual o gay era legalmente permitido en la antigua Grecia, en la antigua Roma, e inclusive en la provincia china de Fujian. En las tribus originarias de Norte América también se daban este tipo de uniones las cuales eran aceptadas, institucionalizadas y reverenciadas como la unión entre un hombre con OTRO hombre “dos espíritus”. De hecho, los hombres “dos espíritus” eran muy respetados en varias tribus originarias por sus supuestas habilidades chamánicas. Así mismo, es interesante hacer notar que el primer matrimonio homosexual RELIGIOSO en la Europa cristiana puede ser rastreado hasta la España medieval del siglo XI cuando, en una capilla católica, un sacerdote de Galicia casó un día de Abril del 1061 DC a Muño Vandilaz y a Pedro Díaz.

O sea, a pesar de que puede haber razones justificantes distintas entre las de la actualidad y las de la antigüedad, si queda claro que la unión en su momento aceptada socialmente de la unión homosexual no es nada nuevo, aunque el mismo se reservaba estrictamente para ser realizado entre hombres. Las mujeres tuvieron que “agenciárcelas” de otras formas hasta que apareció el famoso “Boston Marriage” a finales del siglo XIX en Estados Unidos, el cual aunque era relativamente aceptado en varias áreas de Nueva Inglaterra, no tenía las características ni la relevancia apuntadas para el matrimonio gay históricos entre hombres. De hecho, era una unión libre entre dos mujeres que, o bien podían tener una relación homosexual o solo platónica, pero que convivían juntas y compartían los gastos y deberes de su convivencia.

La lucha por la aceptación plena tanto jurídica como civil del matrimonio homosexual, fuese entre dos hombres o entre dos mujeres, se inicia con la Revolución Sexual en los años 60s del siglo pasado. Esta lucha ha llevado a que en la actualidad haya 24 países que reconozcan el matrimonio gay y, además, que un país asiático como Taiwán dictara, por medio de su Tribunal Constitucional, que el Código Civil era inconstitucional y ordenara que, dentro de los siguientes 2 años, el mismo se enmendara para que el “matrimonio civil” entre dos personas del mismo sexo sea legalmente reconocido. Esto significa que, a pesar de las tradiciones religiosas, filosóficas y hasta espirituales en Oriente, las cosas también están empezando a cambiar en Asia.

En síntesis, si se considera la naturaleza civil contractual que define el matrimonio, y se excluye el elemento religioso por no vinculante, el “matrimonio civil” entre dos personas del mismo sexo tiene una justificación que cumple con “la suscripción de un contrato jurídico representante de la relación y convivencia de pareja, basada en el afecto y un proyecto de vida en común, cuando la pareja desea comunicar formalmente sus preferencias ante el resto de los miembros de su comunidad, adquiriendo los derechos y deberes pertinentes a la formulación jurídica que esté vigente en aquel país que la legalice”. Bajo esa interpretación, que es la que está prevaleciendo juridicamente en occidente, la unión homosexual estable encaja en la DEFINICION JURIDICA de matrimonio dado que los dos contratantes tienen iguales derechos y deberes. No encaja, eso sí, desde la perspectiva del interés natural y social de la perpetuación de la especie; aspecto este sobre el cual estoy de acuerdo porque este tipo de uniones NO cumplen con los requisitos básicos, a como si lo cumplen las parejas heterosexuales que, por definición, sí tienen el POTENCIAL (y ese es el punto medular) de dar vida a la prole.

Por todo lo anterior, y porque esa decisión privada y estrictamente personal debe de ser tomada de forma exclusiva por adultos que han consentido libremente con la misma, considero que el matrimonio gay CIVIL es una inevitabilidad jurídica para nuestro país. No es una cuestión religiosa ni biológica la que al final la habrá de determinar, sino de derecho y de dignidad. Sé que, a pesar de que los argumentos acá esgrimidos tengan tanto valor histórico como jurídico, la oposición a este tipo de legislación continuará en Costa Rica, más desde la perspectiva religiosa y etico-moral que desde el pragmatismo socio-político y jurídico que es, en definitiva, el que debiera de prevalecer. Es, en definitiva, un asunto de derechos y responsabilidades generadas por una decisión libre y privada entre dos ciudadanos costarricenses adultos consensuales y que el Estado costarricense está en la obligación de garantizar y proteger. Es una cuestión de derechos humanos que todo ciudadano costarricense tiene garantizados por nuestra Lex Magna.

No obstante lo apuntado, hemos de estar claros que, a pesar de su impostergable legalización, el matrimonio homosexual – que prefiero llamar “unión conyugal civil homosexual”, para evitar confusiones – no es ni depositario ni puede estar supeditado al primer derecho y obligación que si le es inherente al matrimonio heterosexual: el POTENCIAL de poder perpetuar la especie. Desde esta perspectiva, el derecho a adoptar se torna, en mi opinión personal, en capricho y no en derecho como tal, aunque he de apuntar también que estas parejas homosexuales pueden acceder a este beneficio siempre y cuando puedan demostrar total incapacidad de reproducirse y, sobre todo, indiscutible idoneidad para confrontar la responsabilidad inherente a tal acto. Pero este punto, de nuevo, también merece un artículo aparte y no es en éste el lugar para ampliar este concepto.

Esta, como podrán ya inferir, es mi opinión personal única y exclusiva que sobre el tema de la viabilidad de “unión conyugal civil homosexual” en Costa Rica, y no sobre otros temas que están en el tapete como lo son derecho a tener familia y otros asuntos relacionados que, como dije, no estoy en total desacuerdo pero que es también urgente discutir como país. Y esta opinión, que la hago para aclarar conceptos sobre los que he sido consultado ya varias veces, es la de un heterosexual católico por Fé y liberal por convicción y evolución ideológica.

Saludos;

Mario I. Franceschi

ESE PAIS, NUESTRO PAIS

Había una vez un país que era ejemplo para el mundo por su concepción democrática, por ser socialmente inclusivo, por su naturaleza pacifista y por su empeño y enfoque en su desarrollo tanto humano como económico. Ese país, minúsculo de territorio continental pero grande por su territorio soberano, tenía y tiene enormes riquezas, siendo su gente la principal de todas ellas. Gente ingeniosa, valiente y emprendedora. Ese país, colocado por las fuerzas de la naturaleza en una zona geográfica llena de conflictos políticos y bélicos, supo evadirlos y diferenciarse de sus vecinos y emprender, gracias a ello, el camino que, como ya fue dicho, fue motivo de honra y respeto por parte de la comunidad internacional.

Pero he aquí que, en algún lugar temporal de su devenir, las cosas empezaron a cambiar en ese país y ya no para mejorar, sino para involucionar. En algún momento de su historia ese país fue traicionado y empezó a perder su rumbo, al punto de que hoy ese país ejemplar ya no es lo diferente de sus vecinos que una vez fue y, por el contrario, es cada vez más parecido a ellos. Ese país… se centro- americanizó.

Sus casi 5 millones de habitantes son ahora prisioneros de unos cuantos grupos con enorme poder económico, financiero, político y judicial que, sumados, no podrían ser ni el 0.5% de su población, pero que controlan la totalidad del país y lo esquilman inmisericordiosamente. Y esos grupos se han apoderado de la institucionalidad de ese país y, desde ya hace varias décadas, lo han mantenido bajo un ataque continuado y masivo no solo para monopolizar el poder político, sino para usufructuar impunemente del mismo. En el proceso han negociado y acordado componendas ya fuese con las organizaciones sindicales y gremiales, sino también con los medios masivos de información para, al mismo tiempo, extender sus tentáculos a lo largo, ancho y profundo de la institucionalidad de ese país y disimular sus fechorías.

Ese país cayó en las garras y fauces de una corrupción traidora, de una inseguridad ciudadana criminal, de una insufrible inoperancia institucional, de la desidia y la garrapatería burocrática, de la opacidad y la desconfianza judicial, del compadrazgo y el nepotismo y, para peor de males, en una inexplicable inacción ciudadana que lo inhibe y limita para ejecutar los cambios que su sistema exige para enderezar el rumbo.

Ese país sufre una de sus peores crisis de identidad y credibilidad y, al mismo tiempo, de una severa mediocridad de liderazgo político; la cual es de tal magnitud que es prácticamente imposible encontrarle parangón en toda su historia republicana. Y lo más escandaloso es que, a sabiendas de toda esta problemática, muchos de sus ciudadanos o se refugian en un conformismo insultante, o apelan a la intimidación, a la manipulación, al populismo y a la politiquería partidaria para justificar todos los males que aquejan a su país, y para acallar aquellos que levantan la voz de la denuncia. Incluso hay voces inteligentes – y que se creen de criterio independiente – que llaman a la cordura y a la confianza en un anquilosado, cómplice y corrupto sistema judicial o en un pétreo sistema constitucional como panacea para todos los problemas que el país sufre, mientras en sus propias narices todo se derrumba irremediablemente. Voces inteligentes que, a pesar de sus buenas intenciones, le hacen el juego a los oscuros intereses que han irrespetado, robado y postrado a ese paraíso tropical.

Ese país, al que alguna vez llamaron la Suiza Centroamericana, está a pocos pasos de caer en un abismo político, social, jurídico y económico de proporciones bíblicas. Y todos sus ciudadanos, incluyéndome, somos y seremos cómplices de este crimen ya sea por acción, por omisión o por indiferencia sino reaccionamos y actuamos de forma contundente.

Ese país al que, seguro estoy de ello, muchos lo amamos honestamente, es el que tenemos que rescatar. Es el que debemos de hacer NUESTRO. Es al que le debemos la IMPOSTERGABLE misión de devolverle su prestigio, su democracia, su empuje y liderazgo. Le debemos nuestro compromiso de recuperarlo, no para revivir añejas glorias, sino para construir glorias nuevas.

A ese país, nuestro país, le debemos un compromiso generacional e histórico de incalculables efectos: el refundar toda su estructura constitucional y, en base a ello, el reconstruir toda su grandeza. No será nada fácil pues hay enemigos poderosos que parasitan a la sombra de un sistema caduco, pétreo e insalvable y que harán todo lo que esté a su alcance para evitar que el estatus quo y su zona de confort les sean arrebatados. Por ello debemos aspirar al mejor cambio posible y NO tener temor de hacerlo. Lo contrario solo traerá drama, crisis y violencia a un país que se precia de pacifista e inteligente.

Una nueva Constitución Política, la fundación de la III República y la modernización de toda su expresión institucional, política, social, fiscal y jurídica es la solución que ese país, nuestro país, necesita urgentemente.

No tengamos ningún temor de hacerlo y, por el contrario, confiemos en nuestras enormes capacidades como pueblo heredero de una larga y sólida tradición democrática y republicana.

¡El momento ha llegado! ¡Y ese momento es ahora!

LA RETORCIDA ETICA DE LOS MERCENARIOS

La esposa de don Ottón tiene acciones en HOLCIM que representan el 0.0051% del total de las mismas que la empresa ha colocado en el mercado local vía la Bolsa Nacional de Valores. Ella es una de entre los miles de costarricenses que han comprado acciones de esta empresa.

Y debido a ello, los fariseos locales atacan inmosericordiosamente a don Ottón. Haciendo uso desmedido, cínico y hasta vulgar de la falacia ad hominem. Atacan la integridad “ética” de don Ottón por su falta de transparencia y por sus “intereses”… pero TODOS, absolutamente todos, se cuidan de NO atacar el trabajo hecho por este diputado en la Comisión Investigadora de los Créditos Bancarios. Ahí solo le dicen Torquemada y autoritario… pero el fondo, el meollo del asunto, lo evitan descaradamente. Ahí NO hay argumentos, solo silencio cómplice y egoísta.

Es tal la hipocresía, la piratería y la mercenariedad profesional que NINGUNO, absolutamente NINGUNO, se ha atrevido a enfrentarlo directamente para cuestionarle su proceder como miembro de esa Comisión, y mucho menos, sus conclusiones y revelaciones. Lo importante es venderse, cotizarse… demostrar que se es el “mejor soldado del amanecer”.

Ataque al mensajero, pero no a su mensaje. Falacia del “Hombre de Paja”. Todo lo dicho por estos “patriotas” es mero discurso falaz. Hay gente que paga muy bien para que estos y otros instrumentales halen los hilos del desprestigio como argumento.

Es tal el amor que le tienen a la Patria y a la necesidad de sanearla, que prefieren hacer un escándalo por 0.0051% de las acciones del Grupo HOLCIM que están a nombre de la esposa del diputado – con tal de desviar la atención sobre lo que realmente importa al país – que apoyar el excelente trabajo que tanto este diputado, como la diputada Patricia Mora, han desplegado estos últimos meses.

El cinismo NO es de don Ottón, sino de aquellos mezquinos que lo atacan a lo personal, no a su obra en pos de esclarecer en este trance tan asqueroso que está pasando Costa Rica.

¿Etica? ¿Por qué no se miran al espejo…?

CONDUCTA INAUDITA – CEMENTAZO

SINOCEM CHINA sí existe. Su cede central está localizada en la ciudad de Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, de la cual es su capital. Produce aproximadamente 100 millones de toneladas de cemento de varios tipos y 100 millones de toneladas hormigón al año; y posee su propia línea naviera, SINOBULK, especializada en transportar este tipo de productos. Solo como aclaración, el prefijo SINO significa CHINO, o sea SINOCEM significa CEMENTO CHINO.

Hago esta nota aclaratoria debido a que hay una publicación en La Nación cuyo título es “Embajador Chino: SINOCEM no tiene nada que ver con China”, que puede confundir al lector, especialmente si (como es costumbre en este país) se leen solo los títulos y no el reportaje completo.

En el artículo de marras el señor Embajador de la República Popular China aclara, de forma diáfana, que es la “empresa” SINOCEM COSTA RICA/SINOBUILDING, propiedad de Juan Carlos Bolaños y empresa de “papel”, la que no tiene nada que ver con China. Y, de inmediato, da las explicaciones del por qué.

Este escándalo del CEMENTAZO es de grandes proporciones, razón de suma importancia que debe de obligarnos a tener los conceptos claros para no distorsionar la opinión pública. Y la prensa nacional, es mi opinión, debe de ayudar en ello. Es una obligación ética el hacerlo.

Dicho lo anterior, procedo a la razón por la cual comparto con ustedes este artículo. Hay en ese reportaje un aspecto que tiene VITAL trascendencia y que, por lo declarado por el señor Embajador, me parece realmente inaudito que no se haya procedido con la respectiva gestión por las vías correspondientes, o sea tanto la judicial como la diplomática. El elemento clave de ese artículo es la declaración del señor Embajador que dice “Costa Rica no ha pedido ayuda a su gobierno para investigar este caso o las negociaciones que se dieron en China entre Bolaños y empresarios cementeros.” (sic)

La profundidad e importancia institucional así como jurídica de este caso amerita que, desde que se inició este escándalo, el gobierno de Costa Rica DEBIO de haber pedido al gobierno de la República Popular China toda la información posible sobre el tema. Ya la Casa Presidencial, así como el presidente, han indicado que cooperarán en todo lo que sea necesario para elucidar este espinoso tema, entonces la pregunta es:

¿POR QUE, A ESTAS ALTURAS, NO SE HA PROCEDIDO A SOLICITAR DE FORMA OFICIAL LA AYUDA DE LA REPUBLICA POPULAR CHINA PARA INVESTIGAR LAS RELACIONES EXISTENTES ENTRE BOLAÑOS Y LOS EMPRESARIOS CEMENTEROS CHINOS?

Acá no estamos jugando bolinchas o canicas… estamos ante el mayor agravio CONOCIDO a la institucionalidad de nuestro país. Se debe, de inmediato, proceder a solicitar esa ayuda que, tácitamente, el señor Embajador de la República Popular China está ofreciendo.

¡¡¡DE INMEDIATO!!!