Marzo 5, 1520

Cada 5 de Marzo es el aniversario de una de las fechas más representativas y dramáticas, por sus efectos posteriores, de la historia de nuestra Latinoamérica. Es la fecha cuando una pequeña flota española, capitaneada por Hernán Cortez, zarpó de Cuba en dirección a México: 5 de marzo de 1520. Hace ya casi 500 años.

En aquellos barcos se transportaban 900 soldados españoles junto a caballos, armas de fuego y un puñado de esclavos africanos. Pero también llevaban a bordo algo invisible al ojo humano. En una de las personas, entre sus billones de células, había una bomba de tiempo biológica: el virus de la viruela, el cual empezó a multiplicarse exponencialmente en cuanto desembarcó en las costas de lo que hoy es el puerto de Veracruz, México. Esa bomba biológica se encontró con una población que no estaba preparada para, al menos de forma natural, resistir el catastrófico impacto que tuvo en ella.

La pesadilla empezó en la ciudad de Cempoallán – que fue literalmente arrasada en 10 días – y de ahí se extendió a lo largo y ancho de todo ese país. Se han hecho estudios que indican que la población indígena, solo en Mexico y a la llegada de los españoles en 1520, era de aproximadamente 25 millones de almas. Un siglo después, para 1620, quedaban solamente 1.6 millones de personas representativas de esa población.

¡Solo México se había convertido, en 100 años, en un inmenso cementerio…!

Quizá la verdadera fuerza de los conquistadores españoles no radicó en el poder de la cruz, o la espada, o los caballos o las armas de fuego, sino en las enfermedades que trajeron, principalmente la viruela – la mas mortifera de todas – pero también el sarampión y la poliomielitis. La viruela, por encima de muchas otras enfermedades y epidemias, ha sido el flagelo que más seres humanos ha matado a lo largo de la historia de nuestra América.

El 22 de mayo de 1980, en la XXXIII Asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y después de recibir el reporte final de la Comisión Global para la Certificación de la Erradicación de la Viruela, se declaró que esta terrible enfermedad había sido erradicada de la faz de la tierra. Así mismo, se ordenó tanto a USA como a la extinta Unión Soviética para que tomaran las disposiciones necesarias y se eliminaran las dos últimas reservas conocidas de ese virus. Por razones de poder geopolítico no lo hicieron, a pesar de la insistencia de la ONU, y por ello es que aún hay dos centros que mantienen reservas de tan letal virus: el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, Estados Unidos, y el Centro de Investigación en Virología y Biotecnología en Koltsovo, en Novosibirsk, Rusia.

Solo como dato aclaratorio: estudios científicos (arqueológicos y antropológicos) apuntan a que la viruela apareció por primera vez con el inicio de los primeros asentamientos agrícolas en lo que hoy es China, ya hace unos 10 mil años. De ahí se extendió al resto del planeta. Y según estadísticas de la OMS, fue la responsable de la muerte de más de 300 millones de seres humanos antes de 1980. No hay, en definitiva, duda alguna: la viruela es, y por mucho, el peor enemigo viral que ha enfrentado y asolado a la humanidad.

Los aztecas, los más golpeados por la epidemia de viruela que se desató con el desembarco de los españoles en las costas del Caribe mexicano, tenían un dios – Ometecuhtli – que representaba las dualidades de la naturaleza y de la vida: el día y la noche, la luz y las tinieblas, el bien y el mal, etc. Y pareciera que esa dualidad aplica en este caso pues, mientras el planeta festejaba la erradicación de semejante enemigo viral, dos países que representaron por casi 40 años el poder bipolar que dominó el mundo a partir de la II Guerra Mundial, se reservaban el derecho de obviar su destrucción final. Y con ello mantener latente un peligro mortal para el destino de nuestra especie…

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