SIRIA – UNA VERGUENZA PARA LA HUMANIDAD

Quisiera hacer unos comntarios con la intención de poner varias cosas en perspectiva sobre el conflicto en Siria, puesto que para una ala ideológica en este país, esta es una guerra de agresión perpetrada por los países imperialistas para adueñarse de sus recursos, y para el otro esta es una guerra intencionada para “liberar” Siria de su tirano genocida Bashar Al-Asad. Ni lo uno ni lo otro son, en esencia, correctos. En Siria se juega un ajedrez de grandes ligas donde los intereses de potencias globales y regionales, tanto económicos como energéticos y políticos están en juego.

Empecemos por lo más básico. En primer lugar, Siria NO es ni ha sido un productor de petróleo de primera línea. Antes del inicio de la guerra, en el 2010, Siria era el 32vo productor mundial de petróleo, y sus reservas de gas natural probadas eran las 45ava del planeta. Es más, para que tengamos una perspectiva del valor de Siria en el mundo de la producción de petróleo y gas natural, anotemos que Siria producía, antes del conflicto, 385.000 barriles por día, o un 0,5% de la producción mundial, mientras que sus reservas se estimaban en 2.500 millones de barriles a finales de 2010, un 0,2% del total mundial según Statistical Review of World Energy 2010. Además, Siria tenía en ese año (2010) una pequeña producción de gas natural de 7.800 millones de metros cúbicos que representaban, de nuevo, un 0,2% de la producción mundial según ese mismo reporte. Por otro lado, la mitad de su territorio es prácticamente improductivo, aunque la economía pre-bélica se basaba, además del pétróleo y el gas natural ya apuntados, en una producción agrícola (trigo principalmente) que representaba casi el 30% del PIB del país, así como en la producción de Fosfato, un producto que producía en cantidades exportables y, conjuntamente con la exportación bovina y de algodón, representaban casi el 40% de su PIB. Hoy, tanto la producción petrolera como la minería de fosfato están a mínimos históricos, principalmente la producción de fosfato que está totalmente suspendida.

La economía de Siria, durante la guerra, ha sufrido uno de los procesos más destructivos de los que se hayan registrado desde la II Guerra Mundial. De hecho, el Think Tank británico, Chatham House, ha dicho que la guerra entre el Estado sirio y los distintos grupos de la oposición así como contra los grupos insurgentes apoyados por potencias regionales e internacionales, iniciada en 2011, ha reducido prácticamente a la mitad o más (no hay forma de tener una medida fiable) el PIB del país, que antes de la guerra era de USD56 mil millones/año en el 2010. En la actualidad casi 2/3 partes de la población vive bajo diferentes grados de pobreza y aproximadamente 4.5 millones en pobreza extrema, a lo que habría que añadir un desempleo de casi un 50%, lo que representa un grosero contraste con el índice prebélico, que era del 8% en el 2010. En otras palabras, una sociedad totalmente desgarrada por un conflicto que a finales del 2017 había cobrado la vida de aproximadamente 500 mil personas y una economía en ruinas lo que hace que el país carezca de casi todo lo necesario para una vida normal. Siria, en términos crudos, está prácticamente arrasada y se ha calculado que, en caso de que el conflicto terminase este año (lo que es casi imposible) se necesitarían de 3 a 4 décadas para reconstruir el país.

En segundo lugar, en Siria NO se libra una guerra religiosa como otras tantas que han empañado esa región desde finales del siglo VII. De hecho, Siria es un país esencialmente secular que ha sido gobernado por una minoría alawita tolerante a la que detestan los fundamentalistas saudíes y los fanáticos yihadistas. Tanto el padre Hafez como el hijo Bashar al Asaad, habían sido bastante tolerantes con las prácticas tanto de cristianos como de otras sectas religiosas. Siria era un oasis de secularismo en una región dominada por el sectarismo, el fundamentalismo y el fanatismo musulmán sunita wahabi liderado por el régimen teocrático y absolutista de Arabia Saudí y sus aliados. Al llegar la influencia de la Primavera Arabe a Siria a principios del 2011 y expanderse las protestas de la población por la corrupción y por las condiciones económicas, sociales y políticas, el régimen reaccionó restringiendo las mismas con inusual violencia. Tal proceder no hizo más que aumentar la magnitud y extensión de las protestas, la población se armó, se formaron grupos militares adversos al régimen y, finalmente, se abrió la puerta para una violencia generalizada en el país a partir de finales del 2011 y principios del 2012. Es en esta disyuntiva, someramente explicada, que el conflicto nace y es desde este punto que se expande y se convierte ya no solo en un problema político interno de Siria, sino que arrastró intereses energéticos, económicos y geopolíticos de potencias regionales y globales al escenario, así como el fanatismo radical de grupos religiosos y, en particular, los del grupo radical y genocida ISIS. Es este el escenario que se vive el día de hoy en Siria.

Lo anterior nos lleva al tercer punto: El problema de Siria es su situación geográfica, o lo que es lo mismo, su estratégica posición geográfica a orillas del Mediterráneo y su consiguiente potencial como corredor de gasoductos y oleoductos hacia Europa. Para nadie es un secreto que el mayor yacimiento de gas natural, el South Pars-North Dome con reservas probadas de más de 51 trillones de metros cúbicos de gas natural enterrados a 3000 metros bajo el Golfo Pérsico, y controlado en 2/3 partes por Qatar y 1/3 por Irán, es un foco de tensiones disparado por el interés – principalmente Qatarí- de colocar ese gas natural en el mercado europeo. Es así como, en el 2009, Qatar ponía sobre la mesa de Bashar el Assad una propuesta para construir un gasoducto que habría de atravesar Arabia Saudí, Jordania y Siria enlazando con Turquía antes de llegar a Europa. El soñado gasoducto permitiría a Qatar, titán del gas natural, aumentar tanto el volumen de sus exportaciones al mercado europeo, como reducir los costes y limitaciones de volumen que impone el transporte marítimo. El experto internacional y consultor sirio Imad Fawzi Shuebi calculaba, en el 2016, que el negocio para Qatar, de haber llegado a un acuerdo con Bashar, le significaría la alucinante suma de USD950 mil millones. Pero Bashar Al Assad declinó la propuesta qatarí, porque la misma hubiese sido muy perjudicial para su principal aliado: Rusia. La empresa rusa, GAZPROM, suministra aproximadamente entre un 25 y un 30% del gas natural que consume Europa y sus beneficios globales corresponden a una quinta parte del presupuesto del Estado ruso. Preocupado ante la creciente dependencia de Europa en materia de gas hacia Rusia, Estados Unidos se sumó a la “pugna de los gasoductos” con su propuesta de un gasoducto llamado Nabuco, con el cual se intentaba evitar las zonas de influencia rusa y pujar también por las reservas energéticas del mar Negro y de Asia Central. Sin embargo, los gasoductos diseñados por Rusia (llamados South Stream y Nord Stream) se presentaban mucho más viables económicamente dadas las amplias reservas con las que cuenta el país. En otras palabras, tanto la propuesta Qatarí como la de USA trataban de sacar a Rusia del negocio del suministro de gas natural a Europa.

El analista estadounidense Mitchell A. Orestein, en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs titulado Putin´s Gas Attack, comentaba que sin una alternativa ventajosa, Rusia habrá de seguir suministrando 1/4 de sus necesidades en gas a Europa, lo cual deja al continente europeo a merced de los continuos reacomodos geopolíticos entre USA, la UE y Rusia, con la consiguiente – y lógica – oscilación de precios. Y, como si todo esto no fuese suficiente, Siria es también el escenario de fondo de la pugna entre Arabia Saudí e Irán, las dos potencias regionales – junto con Turquía – con intereses no solo económicos, sino políticos y militares en esa región. Es muy importante recordar que Rusia tiene, además de los intereses energéticos y económicos ya aludidos en Siria – que son vitales para Moscú a la luz de las sanciones que le han sido impuestas tanto por USA como por la UE -, intereses militares muy importates pues Siria no solo es uno de sus principales clientes en la compra de armas, sino que es el único territorio de ultramar donde Rusia tiene un puerto y aeropuertos militares desde los cuales proyecta su influencia sobre el Mediterráneo. En otras palabras, Rusia, y también Irán, tienen mucho que proteger en Siria. Claro, y en esto es mejor no equivocarse, Rusia e Irán NO son aliados naturales sino que, en esta disyuntiva, son aliados de oportunidad.

En Siria, además del conflicto ya comentado, yace también el enfrentamiento entre Kurdos contra Turquía (con lo cual Irak también entra en la danza), yihadistas del Al Qaeda (Al Nuzrah), supuestos grupos de guerrilleros “moderados apoyados por occidente” que luchan contra el régimen, los restos de ISIS, Hezbollah, etc. Es un conflicto – con guerras subsidiarias – de difícil comprensión y, por supuesto, de defícil solución por la cantidad de los actores, el poder de varios de ellos tanto global como regional, por la variedad de intereses económicos, geopolíticos y militares involucrados y por la hecatombe humanitaria que ha causado. Lo acontecido esta semana, el bombardeo “quirúrgico” realizado por USA, UK y Francia como represalia al “supuesto” ataque con gas a la población civil por parte del régimen de Bashar al Assad, se enmarca dentro del desarrollo, cada vez más complicado, de este conflicto. Es también una escalada del conflicto que cada vez se hace más evidente entre Occidente y Rusia, el cual ya muchos analistas anuncian como el advenimiento de una II Guerra Fría. Sinceramente no creo que, por el momento, las ondas expansivas de ese ataque pasen más allá de echarse culpas entre los actores involucrados. Sí creo, a pesar de que se que muchos difieren de mi opinión, que la solución de este conflicto pasa por la remosión de Bashar Al Assad del gobierno de Siria, pero si no se respetan los intereses de las diferentes potencias en pugna, y particularmente los de Rusia, y en menor medida los de Irán, tal solución sería insuficiente, especiualmente si el tirano es suplantado por un régimen sunita leal a los intereses de Riad y Doha, y por supuesto, de Washington y Bruselas.

Esa es la verdadera tragedia de un pueblo una vez próspero y que hoy es una carnicería de la cual TODA la humanidad debería de sentirse avergonzada. El mundo moderno, y ya es hora de que tomemos conciencia de ello, está ante su más difícil encrucijada desde la crisis de los misiles en 1962…

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