APUNTES SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL DEL 2018.

He procurado no comentar nada sobre el escenario político resultante de las recién pasadas elecciones hasta no tener una idea, aunque sea someramente clara, de lo que vamos a enfrentar a lo largo de los siguientes 4 años. No obstante, hay aspectos de la pasada campaña que si quiero sacarme del sistema porque esta resaca me está asfixiando. Estas apreciaciones que voy a compartir con ustedes son opiniones estrictamente personales y, en consecuencia, soy responsable en todo sentido por las mismas. Puedo estar equivocado y, por lo tanto y si así fuese, pido de antemano la indulgencia y la buena voluntad de los que vayan a leer estas líneas. Espero que este artículo no genere una cascada de proselitismo político, politiquería partidista ni resentimientos electorales.

Hay una cosa que SI me quedó meridianamente clara este 1 de Abril del 2018: esta elección de segunda ronda fue, en su totalidad, atípica y muy distinta a la del 2014. En aquella votamos, más de 1.3 millones de costarricenses, contra el PLN. Claro está que en aquella segunda ronda SI estaba el PLN de don Johnny Araya. En esta segunda ronda, y al no estar el PLN (gran derrotado de estas elecciones) y muy a pesar de lo que quieran ahora vendernos los que al final ganaron la elección, el PAC ganó no por aspectos estrictamente políticos, sino por aspectos externos que, en última instancia, fueron politizados de forma masiva. En particular el elemento religioso y el tema de los Derechos Humanos.

Durante esta campaña los serios problemas nacionales fueron discutidos, si acaso, soslayadamente. No fueron discutidos a profundidad. A pesar de que todo este pueblo estaba y está consciente de esos problemas, permitimos que la campaña transcurriera, por un lado, con el continuo y hasta cancino martilleo sobre el aspecto religioso y, por el otro, sobre los derechos humanos. El primero era y debe de ser un tema que NO tiene que ser mezclado con la política. Y esto lo afirmo porque, al traer al escenario de campaña las más sensibles fibras religiosas de un pueblo como el costarricense, mayoritariamente cristiano – principalmente católico – y conservador y, de forma intencional convertirlas en el tema dominante, inevitablemente se van a disparar las pasiones y las actitudes emocionales e irracionales que, sumadas a una ya existente y creciente polarización política, desvirtúan el verdadero sentido de una elección presidencial en una democracia representativa como la nuestra: que un pueblo elija, libre y racionalmente, el mejor proyecto político posible que habrá de administrar (gobernar) el Estado, y en especial un Estado tan lleno de problemas como lo es actualmente el nuestro.

Con la irrupción del tema religioso como factor dominante de la campaña, salieron a relucir las más bajas intenciones politiqueras de ambos bandos, inclusive alucinaciones como aquellas de las voces del apocalipcis que nos hicieron creer que corríamos un peligro inminente de caer en un absolutismo religioso tipo Baja Edad Media. Como si fuésemos un pueblo con inclinaciones “suicidas” como para llegar a permitir la instauración de ¡una “teocracia” como sistema de gobierno! No tuvimos la curiosidad para entender que NO hay una sola democracia moderna que, desde la reivindicación de la misma como forma de gobierno a mediados del siglo XIX, haya caído en una teocracia sea esta católica o protestante. Nos hicieron creer que toda una herencia y tradición secular de casi 200 años la íbamos a tirar al cajón de la “indiferencia” y, con ello, permitir que un grupúsculo confesional, en nombre de su “divinidad”, se apoderara del Estado y de su institucionalidad democrática republicana y que todos, irremediablemente, nos convertiríamos en siervos y siervas de los iluminados de la “teología de la prosperidad”. ¡Háyase visto semejante insulto a la inteligencia de este pueblo!

Y con el segundo – los derechos humanos – nos hicieron creer que serían pisoteados por un partido de religiosos “fundamentalistas radicales” como si nuestro país tuviese una innata tendencia al irrespeto hacia la dignidad del individuo/persona, como si nuestro país fuese un paraíso racista, como si fuésemos un refugio de homofóbicos, como si fuésemos unos parias de la comunidad internacional que no firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, como si no hubiésemos dado los Derechos Humanos a todos los ciudadanos estipulados en nuestra GARANTISTA Constitución Política, en fin, como si fuésemos un país idiota que no tendría capacidad de reacción ante un intento de cualquiera – y ojo que he dicho CUALQUIERA – por pisotearlos. Nuestra institucionalidad, ciertamente muy vilipendiada estas últimas décadas, y este pueblo en general, hubiesen reaccionado de forma contundente ante cualquier intento de pisotear los incuestionables derechos humanos. No tuvimos la suficiente confianza en nosotros mismos como para darnos cuenta de que este tema fue intencionalmente manipulado y sobredimensionado más allá de lo que un pueblo “inteligente” debe de permitir.

No tuvimos, en ambos temas, la claridad de mente como para entender que los mismos NO eran los temas esenciales sobre los que debería de haber transcurrido la recién pasada campaña electoral. Y de hecho, al no tener esa claridad de pensamiento y de actitud crítica, cometimos el error – sí, el error – de “clasificar” a segunda ronda las dos alternativas menos viables para dirigir los destinos de la Patria por los siguientes 4 años.

De ambas, escogimos la menos “pior”. Y la escogimos porque, al final de cuentas, comprendimos que detrás de uno de los candidatos yacía la sombría figura de un enemigo jurado de las prácticas católicas tan arraigadas en nuestra sociedad. La elegimos porque, vaya sorpresa, preferimos seguir siendo un país secular con una larga tradición católica en lo religioso y civilista en lo político. La escogimos no porque el otro ofendiera de forma descarada (eso lo hizo su mentor espiritual) nuestra más profunda convicción religiosa, sino porque a lo largo de nuestra historia, y a pesar de que seguimos siendo constitucionalmente un Estado confesional, hemos sido en la práctica un Estado respetuoso de la libertad de conciencia y tolerante de la libertad de culto “siempre y cuando no ofendan ni contradigan la ética y la moral universal”. Y, también, la escogimos porque su candidato demostró, considerando las paupérrima oferta electoral ante la que tuvimos que decidir, que estaba – sin consideraciones comparativas con otros candidatos de la primera vuelta – muchísimo mejor preparado que su contrincante en segunda ronda.

Me atrevo a decir que también lo elegimos, a pesar de que el PAC no merecía un segundo mandato por lo actuado a lo largo de esta su primera administración – tanto que hasta su fundador ha aceptado que están en deuda con Costa Rica – porque nos dimos cuenta, aunque fuese en el último momento, que Fabricio Alvarado era un advenedizo que, de llegar a la silla presidencial, sería un monigote en manos de aquellos que tiranizan la jerarquía de su partido confesional. Nos dimos cuenta a tiempo que don Fabricio NO era, ni por asomo, una persona ni preparada para el máximo honor que este pueblo le otorga a un ciudadano, ni sólidamente configurada para demostrar y respetar los más esenciales atributos de nuestra idiosincrasia.

Somos un pueblo que ha sabido enfrentar sus crisis, sus momentos lúgubres y levantarse de los mismos. Somos un pueblo que, gracias a Dios, sabe como reaccionar ante las encrucijadas. Y en estas elecciones no fue la excepción, sea por las razones correctas o no. Y ahora, y por los siguientes 4 años, tendremos que estar vigilantes, atentos y prestos a denunciar y criticar CONSTRUCTIVAMENTE el accionar de la nueva administración. Ya, espero, aprendimos la lección así que es hora de que dejemos atrás nuestras diferencias, nuestros envenenamientos y las politiquerías partidarias y pongámonos a trabajar y a cooperar responsablemente con nuestro nuevo presidente. Pero NUNCA, JAMAS, extenderle un cheque en blanco tal y como lo hicimos hace 4 años. Ese más de 1.3 millones que lo elegimos el pasado 1 de Abril NO somos, en más de un 70%, partidarios del PAC, como tampoco lo fuimos en el 2014. Ya elegimos y ahora lo importante, lo vital, lo urgente es que, como ciudadanos responsables, cerremos filas, enfrentemos juntos nuestros graves problemas y actuemos en concordancia. Ya es hora que pasemos la página religiosa que empañó esta campaña.

¡¡¡El futuro de nuestro país ASI NOS LO EXIGE!!!

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