¿QUE NOS SUCEDE?

I

De verdad que hemos vivido como en un limbo. Un limbo que regamos con el agua de nuestro orgullo por un país que creíamos justo, educado, inteligente, tolerante y homogéneo. Y en gran medida esas eran las características que diferenciaban de forma evidente a nuestro país de sus vecinos. Mientras que aquellos se debatían entre sus dictaduras y revoluciones, nosotros continuábamos el sendero del desarrollo, la democracia y la paz. Pero hace casi 15 años las cosas empezaron a cambiar y, lenta pero inexorablemente, dejamos de ser el país ejemplar que éramos y empezó a emerger el país que hoy somos.

Y es que, mientras duró la sombra y la cuerda del Estado paternalista, no nos detuvimos a observar los caldos de cultivo que, tarde o temprano y para bien o para mal, terminarían produciendo los agentes que ya han empezado cambiar radicalmente nuestra Patria. Hoy somos un país confundido. Los cambios, ya fuesen inducidos desde “adentro”- con la paciencia y sutileza de los quinta-columnistas – o por circunstancias externas que no supimos enfrentar ni evitar, nos han alcanzado. Y han sacado a relucir las más bajas pasiones que ilusamente creíamos ya desterradas de nuestra alma nacional.

II

Hoy somos una sociedad polarizada que busca afanosamente definirse y definirnos. Busca determinar cuál es el derrotero por el cual hemos de discurrir para recuperar ya no nuestras glorias idas, sino para construir las propias. Busca un norte, en medio de una confusión generalizada, al tiempo que nada contra corrientes poderosas que, en lugar de acercarnos, nos dividen aún más. Aquella Costa Rica que nació el verano de 1948 y que nos duró hasta mediados de los años 80s, ya se fue. No volverá. Ya no existe. Se la tragaron los descendientes del germen traidor que se incuba en todas las revoluciones.

¿Será que nos quedamos sin sabios y caímos en manos de oportunistas y manipuladores? ¿O será que hemos terminado confundiendo beligerancia y determinación con prepotencia e hipocresía? ¿O será que dejamos escapar nuestra memoria y sabiduría y la cambiamos por la imposición y la inmediatez?

Y mientras todo ello sucedá y se hacía cada vez más evidente nuestro deterioro, nosotros hacíamos la del avestruz y hundíamos nuestras cabezas en las arenas del “pura vida” y el “porta mi”. En la vanidad y en lo superfluo. Se priorizaban desigualdades y diferencias por sobre el bien común y el respeto. Se iba manifestando una Costa Rica de y para algunos, y otra de y para todos los demás. La Costa Rica de la gradería de sol y el choteo, y la Costa Rica de los palcos, las colinas y la indiferencia. La Costa Rica de los resentimientos y de los victimarios. La Costa Rica que se robaron y la Costa Rica que anhelamos.

III

Hoy nos debatimos entre aquellos que nos proponen un “continuismo del cambio” de la mano del “amor a la Patria” y basado en una socialdemocracia de izquierda hipócrita, añeja, fiscalmente irresponsable, comprobadamente corrupta y maquillada de modernidad e inclusión. Y aquellos que nos proponen el rescate de la Costa Rica poseedora de un “destino manifiesto luminoso” por medio del “volver” a unos principios y valores únicos, indefinibles y omnipresentes emanados desde un conservadurismo oloroso a pulcritud y a santo fanatismo, excluyente, histriónico, politicamente apologético y apocalíptico.

¡La excepcionalidad de la democracia costarricense como cuna y modriza de la demagogia, el fanatismo y el populismo! ¡Qué ironía!

IV

Solo estas dos opciones tenemos y, nos guste o no, ninguna ha demostrado ser honda en pensamiento, propuestas y proyectos para enfrentar los graves problemas que ACARREAMOS y que cada día que pasa se agudizan exponencialmente. Acá seguimos a la espera de esas propuestas y de los compromisos que habrán de asumir para solventar la problemática REAL que ahoga al país. Esto es vital porque de la decisión que tomemos el próximo 1 de Abril dependerá – irremediablemente – el futuro a corto y mediano plazo tanto social como político y económico de nuestra Patria.

Hay razón, evidentemente, para estar confundidos. Y esta confusión es real. Se siente en todos lados. Y se hace patente porque somos un país en ebullición y enfrentado al que estamos dejando sin sabiduría, sin personalidad, sin orgullo y hasta sin memoria.

Solo espero que NO lo hayamos dejado también sin inteligencia…

¿Qué nos sucede?

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