VERGONZOSA INFRAESTRUCTURA VIAL

Hemos sobrevivido hasta hoy, de forma muy precaria, con la infraestructura vial pensada para una población 2.5 millones de personas, tal y como la teníamos a finales de los 70s, o lo que es lo mismo, desde hace casi 40 años. Los recientes informes internacionales publicados por el Foro Económico Mundial, nos ubican en el lugar 122 a nivel global y 20 a nivel continental, solo superando a Paraguay y Haití. Resultados que deberían ser considerados, se vea por donde se vea, como vergonzosos. Simplemente HUMILLANTES.

Nuestra población total se ha duplicado desde ese entonces y nuestra economía se ha quintuplicado (pasamos de un PIB per cápita de USD2057.00 en 1980 a USD10184.00 per cápita en el 2013) pero, al mismo tiempo que este incremento poblacional y económico presionan fuertemente al país a modernizar su infraestructura vial, hemos venido acumulando irresponsablemente un atraso en su desarrollo, según los expertos del LANAMME, de precisamente 40 años. Y se necesitarían, como mínimo, USD25 mil millones de inversión en los próximos 15 años para rehabilitar y rediseñar la red nacional de alta capacidad conformada por 1.679 kilómetros a lo largo y ancho del país, así como la red de vías regionales de 1.725 kilómetros. Hoy, y con duras penas y dolorosos abusos, invertimos en promedio anualmente en nuestra infraestructura poco menos del 1.2% de nuestro PIB, pero si queremos resolver un problema que día a día se vuelve asfixiante, necesitaríamos que ese porcentaje sea como mínimo el 2.5% del PIB, o sea USD1250 millones al año. Y como nos esperan 15 años para alcanzar las mejoras que urgen, pues debemos de empezar desde ya, y de forma resuelta, a solventar el problema.

La efectiva integración de Costa Rica a un mundo globalizado y profundamente interconectado depende de varios factores, todos importantes pero, definitivamente, el de nuestra infraestructura es central. Estamos ayunos de una política integral, inteligente y EFICIENTE que no solo considere la urgencia de este problema, sino que a la vez considere una solución que abarque otros aspectos interconectados entre sí, que afectan directamente nuestra competitividad y nuestro desarrollo. Mientras los países de nuestro entorno regional invierten fuertemente en modernizar su infraestructura, principalmente la vial, nosotros nos debatimos ante un panorama bastante desolador: aumentar el gasto de recursos propios a un ritmo vertiginoso y descuidando, de paso, otras áreas vitales para nuestro bienestar común, recurrir a empréstitos en el mercado financiero internacional, o sea, más endeudamiento en un momento que nuestro déficit fiscal nos ahoga y degrada la calificación internacional del país, invertir urgentemente los fondos disponibles desde ya hace casi 10 años y sobre los cuales se pagan intereses de deuda o, por último, tratar de reconstruir la confianza y la efectividad de las concesiones y en la ejecución de proyectos mixtos entre el Estado y la empresa privada. El mundo, en su totalidad, está invirtiendo USD9.0 BILLONES (trillions para los gringos) anualmente en desarrollo de infraestructura porque el resto del planeta está consciente de que nuestra época se define por la interconectividad global, por geografía funcional y ya no por geografía política.

Personalmente creo que, dadas las limitantes tanto políticas como financieras que hemos dejado crecer como hiedra, por las circunstancias que ya todos conocemos, la figura de la concesión en la modalidad de empresa mixta (pública/privada) es la solución que mejor posibilidades tiene para enfrentar este angustiante problema. Debemos de explorar muy seriamente esta alternativa y, si es nuestra mejor opción, ejecutarla de forma inmediata. No podemos seguir haciendo el ridículo de esperar 20, 30 o más años para construir una “calle” que nos es vital. Eso es una absoluta irresponsabilidad y un CRIMEN contra el país.

El planeta es un esferoide que rota sobre su eje y NO espera a nadie y, obviamente, no se va a detener a esperar por nosotros. De esto no me cabe la menor duda.

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