RECICLANDO BASURA

En Costa Rica, definitivamente, esta frase adquiere nivel de ley. Y no es porque se refiera a la basura que como seres humanos producimos, la cual estamos en la obligación de reciclar, sino a la basura política, que una y otra vez, reciclamos en los diferentes poderes de la República. Para muestra un botón: solo fijémonos en las listas de diputados de los diferentes partidos políticos.

Lo obvio, como dice la sabiduría popular, salta a la vista. Y ahora, para agravar la situación, hay una descarada transferencia de elegibles de un partido a otro. Lo importante, a final de cuentas, es volver a sentarse en una curul o volver a estar en el “círculo interno” del poder. Y no importa que, cuando se ocupó, una o más veces, en el pasado una curul o un puesto de poder en el “gabinete”, estos reciclables, no hayan hecho absolutamente nada positivo por el país y que, por el contrario, hayan sido personajes de primera línea de escándalos sean políticos o personales. Esto demuestra, fehacientemente, que nuestra democracia no es participativa y que nuestros problemas políticos tienen profundas raíces culturales. Están, por decirlo de alguna forma, arraigados en nuestra idiosincrasia.

Es por lo anterior que eliminar la basura política que nos agobia, en este país, es prácticamente imposible. La razón no es solo un asunto de personas, sino que es principalmente un problema sistémico. Es el sistema que hemos creado y alimentado el que permite que haya gente que se perpetúe y abuse de puestos políticos. Es el sistema el que impone las listas de diputados y es el sistema el que le permite a un “presidenciable” el no someter al escrutinio popular los nombres de aquellos que, en un eventual gobierno, le acompañarán en el ejercicio de la administración del Estado.

En otras palabras, es el sistema el principal gestor de que se agudicen la impunidad, el abuso, el tráfico de influencias y el servilismo en todos los niveles de nuestra institucionalidad. Es el sistema el que permite que ímprobos lleguen al poder. Es el sistema el que está obsoleto y es el sistema el que nos lleva, irremediablemente, a entender que si no cambiamos nuestra forma de pensar y reformamos hasta sus cimientos constitucionales nuestro escenario político y electoral, el país continuará en un círculo vicioso que puede socavar nuestra vida republicana, nuestra democracia e institucionalidad.

El sistema y nosotros somos responsables de que las altas esferas del poder político traten la ética en la función pública como basura; y de que el taqueo de las alcantarillas del laberinto político criollo sea ya una emergencia nacional.

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