ASALTO A LA PATRIA

Me siento triste. Muy triste y decepcionado.

Es realmente doloroso lo que han hecho y hacen con nuestro país. Y me da indignación el saber que lo que está sucediendo con el asalto a nuestro sistema bancario público, sea el producto de componendas y tráficos de influencia en las cuales han intervenido e intervienen intereses de actores de los principales partidos políticos nacionales. La política nacional, esa que se escribe con “p” minúscula de prostitución, está socavando nuestra Patria.

Además, me siento completamente indignado por la forma y la actitud que asume el fiscal general de la República ante la evidencia del dolo documental, incurrido por el que se supone es el principal “sospechoso” en esta trama; al decir que en este país “cualquiera tiene una empresa de papel”, como justificando lo que evidentemente es un escándalo con visos de convertirse en el caso de corrupción más grande que ha visto Costa Rica desde la década de los 40s.

Y es que estos asuntos del cemento chino y de Coopelesca, y es lo que más temo, puede que solo sean la punta de un iceberg tan gigantezco que convierte al que hundió al Titanic en un cubito de hielo. Estos hechos que se están ventilando hoy día son solo el tufo de la putrefacción que está carcomiendo las bases de nuestra institucionalidad, de nuestra democracia.

Puede, sinceramente, que les suene dramático, pero siento que se están robando mi país. Que nos estamos quedando sin país. Que lo están asaltando ante nuestras propias narices, y que estamos sometidos a una pauperizante indefención ciudadana que nos inculca impotencia y nos inhibe el defenderlo.

Nuestra mentalidad garantista, propia de nuestro Estado de Derecho y que nos obliga (gracias a Dios) a no condenar hasta que no sea un estrado de Justicia, debidamente reconocido por nuestro ordenamiento constitucional y jurídico, el que en sentencia condene o exonere, ha sido irrespetada y abusada de forma descarada por aquellos que han mancillado a Costa Rica.

El hedonismo, la prepotencia, la ambición y el abuso han ensombrecido nuestra Patria.

La Costa Rica por la cual se derramó sangre de vencedores y vencidos, aquella que emergió de la Revolución del 48, ha sido traicionada. Aquellos ideales que llevaron a compatriotas a tomar las armas para erradicar el abuso político y la corrupción, han sido traicionados. Hoy siento que aquella es una revolución traicionada.

¡Hoy me siento sumamente indignado y traicionado!

¿Usted?

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