¿LA BANCA BAJO ATAQUE?

La banca costarricense está llena de ejemplos de como, a lo largo de toda su existencia, ha sido utilizada por la oligarquía cafetalera primero, y después por las élites políticas, económicas, comerciales y financieras, para proteger sus intereses y usufructuar de sus recursos. Desde sus orígenes hasta el presente, y de una u otra forma, la banca costarricense, sea durante su fundación de carácter privado, durante su corta época mixta y durante su época estatal después de 1949, pasando por la apertura y reforma en 1995 y hasta el presente, ha sido controlada por grupos de poder que la han utilizado para promover sus intereses particulares.

Esto ha sido así desde la década de 1840 cuando las primeras casas de consignación, con capital británico, iniciaron sus operaciones de usura financiera para respaldar a los grandes productores y exportadores de café, como también a la actividad minera. No varió el formato con la fundación del primer banco en Costa Rica, que fue el Banco Nacional Costarricense, de efímera duración y creado por decreto presidencial por don Juanito Mora, no solo para paliar las penurias financieras de nuestro país producto de la Campaña Nacional de 1856-1857, sino para proyectar el enorme poder político y económico de su fundador. En 1863 se funda el Banco Anglo Costarricense por parte de dos inversionistas británicos, en conjunto con la familia Montealegre, que respondía de forma exclusiva a los intereses de las clases dominantes del país. Posteriormente, y con la intención de romper ese monopolio financiero, hubo intentos de fundar otros bancos de capital mixto (estatal y privado), principalmente durante la segunda administración del Dr. Castro Madriz y durante los 12 años del gobierno de don Tomás Guardia. De esos intentos, y debido a la oposición de grupos muy poderosos, solo sobrevivió el Banco de la Unión que se convirtiría en el Banco de Costa Rica en 1890.

Estos bancos, de índole privada, dominaron la banca costarricense hasta 1914 cuando se funda el Banco Internacional de Costa Rica, que es el primer banco estatal y depositario por ley de la emisión de la moneda nacional. Quisiera, si me lo permiten, hacer referencia a la Reforma Monetaria de 1896 con la cual se sustituye el Peso (heredado desde finales de la Colonia) por nuestro actual Colón; y a la Ley General de Bancos del año 1900. Ambas son importantes porque de ellas se desprende la posibilidad de fundar un banco estatal, cosa que se hizo como ya fue dicho, por decreto presidencial en 1914 durante la administración de don Alfredo Gonzáles Flores. Este banco cambia de nombre en 1936 a Banco Nacional de Costa Rica.

En 1948 y por decreto No. 71 del presidente de la Junta de Gobierno don José Figueres, toda la banca costarricense fue nacionalizada; y en Enero de 1950, durante la administración de don Otilio Ulate, se emite la ley creadora del Banco Central de Costa Rica. A principios estas fueron políticas económicas, financieras y monetarias acertadas por cuanto las mismas fueron la base de la subsiguiente prosperidad del país; y fueron el motor que impulsó al Estado Paternalista que se extendió desde 1950 hasta aproximadamente 1986. Pero, no obstante de haberse nacionalizado, la banca costarricense paulatina e irremediablemente cayó, una vez más, en manos de grupos lauditas de intereses políticos y financieros que, a pesar de haber sido desplazados como resultado de la Revolución del 48 y sus reformas, fueron capaces de sobrevivir por sus alianzas con la nuevas clases políticas dominantes, y amoldarse a las nuevas reglas del juego y a dictar sus derroteros.

He hecho esta pequeñísima reseña histórica porque desde ya hace más de 2 décadas la banca estatal está siendo manipulada por los intereses de grupos de amplio poder político, financiero y comercial, tal y como lo fue en el pasado, que la ha afectado y desvirtuado de forma muy evidente. Ya vemos como esos grupos, indiferentes al interés nacional, provocaron el cierre del Banco Anglo en 1994, como el Banco Crédito Agricola de Cartago está en un proceso de quiebra disimulada y a punto de despedir más de 500 de sus empleados, el Banco de Costa Rica está en medio de un torbellino político escandaloso por préstamos multimillonarios, el Banco Popular está en problemas por inversiones multimillonarias sin ningún resultado positivo para la institución y, por último, el Banco Nacional está en negociaciones espurias para aumentar los sueldos de sus máximos jerarcas (algo similar a lo acontecido en el Banco Central de Costa Rica). Hay descrédito, desconfianza e indisposición en la ciudadanía en contra de la institucionalidad bancaria nacional propiedad del Estado. Pareciera, y Dios me perdone si me equivoco, que hay intereses para eliminar la banca estatal y dejar el país en manos unicamente de la banca privada, tal y como fue desde 1840 hasta 1936.

La banca estatal está en serios problemas y se hace necesario que haya una intervención generalizada y urgente a toda su estructura jurídica, administrativa y operacional. Se hace evidente que a la banca estatal hay que defenderla, rescatarla, sanearla, reformarla y modernizarla y, si se hace necesario, hasta reducirla a un máximo dos bancos estatales. Los oscuros intereses políticos, financieros y comerciales que se han apoderado de ella, como lo hicieron antaño, la están llevando a una crisis severamente peligrosa que, definitivamente, podría traer consecuencias nefastas para la estabilidad del país.

¡Las consecuencias por no actuar YA pueden ser catastróficas…!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *