CULTURA POLITICA COSTARRICENSE

Al leer muchos de los comentarios vertidos en redes sociales, principalmente estos días en los cuales ha empezado a calentar la campaña electoral que habrá de desembocar en las elecciones de Febrero del 2018, me queda demostrado, más allá de toda duda y con escasas y honrosas excepciones, que nuestra cultura política sigue siendo pueblerina, biliosa, chavacana y sumamente hipócrita. Nosotros, definitivamente, somos un pueblo politicamente atrasado. No hacemos política. Hacemos politiquería y de la peor ralea; incluyendo en esta ignominía hasta nuestra misma casta política, principal generadora de este repulsivo comportamiento. No hemos salido aún de la politiquería de los caciques, de los gamonales, de la chismografía, de los clanes y de los serviles.

Hemos llegado a extremos de crear y creer falsedades que reflejan nuestros peores instintos como sociedad: odio, resentimiento y envidia, y por supuesto, el egoismo y el ataque artero. Acusamos y exigimos condena. Hemos creado una tergiversación descomunal de nuestra propia historia política y nos hemos dejado manipular por aquellos que la crearon y por los serviles que la venden y propagan.

Lo más doloroso, e insisto que con muy puntuales excepciones, es que hemos erradicado nuestra capacidad para encontrar en la humildad el arma que nos ayude a superar nuestros errores y nuestras alevosías. Hemos hecho de la condena falaz un deporte nacional. Nuestra marca de fábrica. Y nos hemos vuelto incapaces de educar y educarnos politicamente.

Duele leer a personas con enorme cultura y preclara inteligencia caer en la chavacanería, en el servilismo, en el insulto fácil y en el apodo preyorativo. Y además, estar plenamente concientes de lo que hacen y por qué lo hacen. Hemos dejado que los alevosos terminen creyendo en una superioridad que NO tienen, pero que tácitamente les hemos asignado por nuestra misma apatía de enfrentarlos.

¡Y los hemos dejado creer, vaya desilusión, que con ello demuestran superioridad moral…!

Revisen los comentarios y podrán notar como la soberbia tergiversa los hechos, desvirtúa la historia, retuerce el lenguaje y privilegia la chavacanería literaria y el insulto; y para rematar, darle y darse el olimpo de creer que semejantes estulticias son “hacer política”.

Todos tenemos el derecho fundamental a una opinión, pero todos también tenemos la ineludible obligación moral de emitir LA MEJOR opinión que nos sea posible de forma honesta y veraz. Y esa obligación es aún mayor cuando somos poseedores de una educación y una inteligencia excelsas. El insulto, la calumnia y el apodo NO son manifestaciones de inteligencia y cultura superiores. Son formas que denotan nuestra impotencia y nuestra ignorancia; y muestra nuestra alevosía al priorizar la mentira, la falacia y el descrédito. No perdonamos ni honor ni derechos. Somos implacables en el uso y abuso de nuestras bajezas…

Y es que sobre todo, y sin excusa alguna, hemos dejado de lado la obligación de educar y educarnos para así enriquecer nuestro bagaje político como pueblo culto e inteligente. Esta es la única forma de construir una sociedad crítica y exigente de sus gobernantes y, a la vez, libre de los mediocres y soberbios que se empeñan en manipular nuestra civilidad. Los intereses del mediocre y el soberbio solo difieren en la máscara.

Y recuerden: “En la casa de un mediocre y soberbio todos somos sirvientes” (MF).

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