SI NO SOÑAMOS, NO SE HACEN LAS COSAS GRANDES

Quiero compartir con ustedes una anécdota. Una historia absolutamente real y que, con los años, se convirtió en la base sobre la cual desarrollé la opinión que hoy tengo sobre el cambio climático y el calentamiento global. Sucedió hacia finales de la década de los 70s, y en específico entre 1977-78 cuando trabajaba para la empresa Agencias Marítimas y Comerciales S.A., representante en Costa Rica de la Compañía Real Holandesa de Vapores (KNSM por sus siglas en Holandés) y de la empresa naviera Nedlloyd Lines, empresa también holandesa y una de las más grandes del mundo en aquellos años. En la gerencia de la compañía estaba el señor Alfredo Verhaaf, un ejecutivo joven muy exigente, brillante y, lo mejor de todo, excelente maestro y mentor.

En esos años Costa Rica estaba sumida, entre otros proyectos como el desarrollo y construcción de Puerto Caldera, en el levantamiento del Proyecto Arenal con financiamiento del BID. Un megaproyecto para la época y para las capacidades del país y en el cual Costa Rica había invertido casi 12 años de preparación y estudio. Para 1978 las importaciones de los equipos, materiales de construcción, maquinaria y similares estaba en todo su apogeo, por lo tanto para una empresa naviera como la nuestra, era un filón muy codiciado de carga que transportar. Es por ello que, sin ser parte del área comercial de la compañía, le pedí permiso a la gerencia para acercarme al ICE y tratar de obtener participación para nuestra empresa, especialmente para nuestra representada Nedlloyd Lines, que atendía la ruta desde el Lejano Oriente al Pacífico de América, incluyendo por supuesto, Puntarenas. Los equipos principales del proyecto como generadores, turbinas “mariposas”, etc., o sea la esencia misma del proyecto, se importarían desde Japón. El gerente general me dio permiso, no se si con la idea de quitarse de encima a un jovenzuelo de solo 21 años necio y arrogante o, simplemente porque tenía fe en mí. No lo se, y la verdad es que nunca le pregunté, pero su decisión fue un momento clave en mi vida y del cual he vivido y moriré agradecido.

Después de pasar por los acostumbrados procesos burocráticos, que en aquella época eran rápidos y muy eficientes, y de visitar las oficinas del ICE en La Sabana e insistir durante casi 3 meses, un día recibí la sorpresiva llamada de la secretaria del Proveedor General del ICE, si mal no recuerdo el Lic. Hugo Castro, para que lo visitara, si era posible ese mismo día, en su oficina. No tengo palabras para describir lo que sentí en ese momento cuando colgué el teléfono; pero sí puedo decir que muy dentro de mí sabía que aquella reunión sería determinante en mi destino… y todo porque en ese momento me atreví a soñar de que sí podía manejar ese proyecto.

Y así fue.

Cuando llegué a la oficina del Proveedor General y me pasaron adelante (iba con corbata pero sin saco) cual fue mi sorpresa de encontrar en su oficina al señor Jorge Manuel Dengo, quien en ese momento salía de una reunión. Fue un momento, sencillamente, mágico. Estrecharle la mano y saludar al fundador del ICE y posterior Benemérito de la Patria fue algo que jamás habría de olvidar. Y este pasaje lo traigo a colación solo para “rajar” como decimos los ticos. En todo caso, la reunión era para decirme que el ICE había decidido asignarnos el transporte de todos los equipos principales del proyecto que como ya fue dicho, consistía de generadores, transformadores, turbinas “mariposas”, estructuras de asentamiento de esos equipos, etc. Era, en el mejor sentido de la palabra, el premio mayor. Todos esos equipos serían embarcados desde los puertos japoneses de Kobe y Yokohama, y algunos desde Nagoya.

Al salir de aquel edificio, que posteriormente en el 2012 fue bautizado con el nombre del Ing. Jorge Manuel Dengo, y caminar (mejor dicho correr) las 5 cuadras hasta nuestra oficina que estaba localizada en la bellísima mansión de los Giustiniani, a la entrada de la General Cañas, solo iba pensando en la clase de embrollo en el que me había metido.

Cuando le conté sobre la reunión al señor Verhaaf, que espero tenga oportunidad de leer este artículo, las cosas se volvieron un torbellino dado que, inmediatamente, había que enviar mensajes telex a la oficina regional de Nedlloyd Lines en Asia, localizada en Hong Kong, copias a las oficinas en Tokyo y Rotterdam (oficina central) indicando que habíamos sido asignados con este importantísimo proyecto. Había que enviar todos los detalles de las empresas suplidoras, contactos, fechas aproximadas de embarque, tipos de mercaderías, pesos (y esto era algo descomunal pues habían equipos que pesaban individualmente hasta 30 toneladas). Fueron meses de arduo trabajo, siempre bajo la férrea guía del señor Verhaaf (incluyendo una amenaza de despido para mi) que se vieron coronados con el arribo a Puntarenas del primer buque, el “Nedlloyd Spaarnekerk”, en el cual venían los primeros equipos. Aquello fue todo un acontecimiento en el muelle grande pues las operaciones de descarga, a pesar de que el buque estaba atracado al mencionado muelle, se realizaron a lanchones del INCOP que se posicionaban al costado del barco. Ese mismo tipo de operación se realizó con el segundo buque, el “Nedlloyd Streefker”, pero todos los otros 5 buques, includio el último llamado el “Nedlloyd Baltimore”, la descarga se realizó en bahía también a lanchones. A modo de recuerdo adicional, les comentaré que a bordo del “Nedlloyd Baltimore” se realizó una recepción para los funcionarios del ICE con los que habíamos coordinado todo el transporte y entrega de aquellos equipos vitales para un proyecto que, al final, fue puesto en funcionamiento en 1979.

He traído todo esto a colación porque, en aquellos años que también fueron años de universidad, yo estaba bastante identificado con las propuestas de un movimiento internacional que ya había llegado a Costa Rica y que proponía la protección del medio ambiente. El ecologismo empezaba a arraigarse en nuestro país. Este movimiento, originado en los Estados Unidos hacia finales de la década de los 60s había logrado que, a principios de la década de los 70s, este mismo país promulgara las leyes de Decreto Ley de Agua Limpia, Decreto Ley de Aire Limpio, Decreto Ley de Especies en Peligro de Extinción y Decreto Ley de Política Medioambiental Nacional, las cuales fueron y han sido desde ese entonces, los cimientos para los estándares medioambientales globales.

El ecologismo, en sus orígenes, era un movimiento que basaba sus postulados en conservación y regeneración de los recursos naturales, preservación de la vida silvestre y el movimiento para reducir la contaminación y mejorar la vida urbana. Y, a pesar de que habían todo tipo de planes y proyectos para respetar estos tres postulados durante la construcción del Proyecto Arenal, me asaltaban las dudas de que aquello fuese posible, especialmente ante la realidad que significaba la envergadura de semejante proyecto: el más grande jamás enfrentado por nuestro país. En otras palabras, habían sentimientos encontrados entre lo que mi trabajo y mis sueños me exigían y las ideas que defendía por convencimiento intelectual.

A medida que empezaron a pasar los años, esos temores se fueron disipando y, en lugar de radicalizarme en la ideología conservacionista, comencé a confirmar que todas aquellas predicciones fatalistas maltusianas con la que nos bombardeaban en la UCR un día sí y el otro también, no se cumplían. Aún recuerdo vívidamente las duras discusiones durante las cuales debatíamos las estrategias para evitar la desaparición de los bosques costarricenses antes de que acabara el siglo XX, que hacer para que el crecimiento de la población no acabara con los recursos del planeta o que haríamos cuando las reservas de petróleo se acabaran hacia el año 2000 y de cómo el Proyecto Arenal afectaría negativamente el tejido social por los desplazamientos de comunidades enteras así como todo el ecosistema de la zona norte del país. Y henos acá constatando, de forma incuestionable, que ninguna de esas catástrofes predichas se cumplieron. Absolutamente ninguna…

De hecho el trasfondo de las predicciones que hacíamos allá en los 70s y 80s no ha cambiado, en esencia, gran cosa. Lo que ha cambiado es la tabla temporal. Por ejemplo, y esto es sorprendente, todos estábamos convencidos de que la teoría del calentamiento global, desarrollada inicialmente hacia mediados de la década de los 50s, era absolutamente cierta. Y que las predicciones de dos científicos, Syukuro Manabe y Richard Wetherald, quienes fueron los que realizaron el primer cálculo detallado del efecto invernadero en 1967, indicaban que en ausencia de regeneraciones naturales y propias del planeta, “la duplicación de los niveles de dióxido de carbono actuales daría lugar al aumento de aproximadamente 2 °C en la temperatura global”. O sea, la predicción de los 2 grados centígrados ya tiene sus 50 años de antigüedad. Esto no quiere decir que no vaya a suceder, sino que estamos conscientes del problema desde ya hace medio siglo y que en lugar de vociferar que aquello sucedería a principios del siglo XXI, ahora vaticinamos basados en modelos computacionales que sucederá, “PROBABLEMENTE”, a principios del sigo XXII. De que va a suceder no hay duda, pero no sabemos exactamente cuando y no sabemos, tampoco, como evitarlo con lo que actualmente sabemos.

Hacia finales de la década de los 80s me alejé de forma definitiva del movimiento ambientalista costarricense. Era un movimiento fatalista, obstruccionista e ideológicamente sesgado. Y porque, y esto es la conclusión a la que llegué en esos años, para mi el problema del Cambio Climático es único. Es “el problema”. Y es único porque es global y afecta, en consecuencia, todas las manifestaciones de la vida en nuestro planeta: ecosistemas, producción de alimentos, desarrollo urbano, cadenas globales de suministros comerciales e industriales, sistemas educativos, estructuras económicas y financieras, procesos políticos y civiles, etc. Ver el cambio climático como un problema estrictamente “ambiental”, y además ideologizarlo, es no entenderlo por un lado, y desvirtuarlo por el otro. Es un problema que abarca la totalidad planetaria, y por supesto, la totalidad de nuestra especie y todas sus manifestaciones.

En todo caso, nunca había sido un activista ecológico, sino un fiel simpatizante y defensor de sus postulados. Pero había muchas “cosas” con las que no estaba de acuerdo, en especial su radicalización y tendencia hacia el ecosocialismo marxista, de las estrategias obstruccionistas y de la injerencia cada vez más abierta de sectores tendenciosamente ideológicos del escenario político partidista costarricense. En otras palabras, se agudizaron los postulados fatalistas, no se permitía el disentir, la evidencia científica se manipulaba y, para mí lo peor, se culpaba de forma inclemente al ser humano como único e irresponsable actor de los problemas ecológicos que se nos venían encima “… porque el capitalismo, el principal interesado en destruir el movimiento ambientalista, no se detendría para terminar arruinando el planeta”. De nada servían argumentos que indicaban, sin lugar a dudas, que la concientización ambiental era un movimiento gestado en los mismos países capitalistas, siendo USA el principal abanderado y el único que había empezado a hacer “algo” tanto política como financieramente para concientizar al mundo del problema, que prácticamente todos los estudios y avances científicos para confirmar el problema que se nos venía encima eran de países capitalistas, y sobre todo de universidades y laboratorios estadounidenses, británicos y alemanes. Que las principales fuentes de divulgación y financiamiento eran instituciones estadounidenses o de países capitalistas como Suiza, Holanda, España y Gran Bretaña, países donde estaban localizadas organizaciones globales como National Geographic, WWF y otras que básicamente eran y son ideológicamente neutras. Que la URSS había sido, y por mucha diferencia, la mayor contaminante del planeta desde la década de los 50s y que no cooperaba absolutamente con nada para enfrentar el problema global que teníamos; y que la República Popular China, principalmente a partir de las reformas de Deng Xiaoping, estaba convirtiéndose en la mayor contaminante, y sin control alguno, de los finales del siglo XX.

Pero sobre todo, el argumento de que perfectamente se podía equilibrar el avance humano con la protección al medioambiente y que el movimiento ambientalista no debería ser un obstáculo para el desarrollo de los países sino un aliado valioso para ese “desarrollo sostenible”, y en especial para Costa Rica; era una posición que caía mal y se le endilgaba automáticamente el peyorativo descalificador del “negacionismo”. En fin, nada de eso era de recibo en los círculos que controlaban el movimiento ambientalista costarricense el cual, ya para la década de los 90s, había caído irremediablemente bajo el dominio del mencionado “ecosocialismo” de corte eminentemente marxista, característica que aún se mantiene hasta nuestros días.

Por tener ese convencimiento hasta públicamente se me ha tildado de “negacionista”. El problema es que soy un negacionista porque NO estoy de acuerdo con la forma ideologizada con la cual los grupos ecosocialistas costarricenses y mundiales enfocan la problemática, pero personalmente y desde el punto de vista esencialmente científico, NO lo soy pues NUNCA he negado el problema y, por el contrario, vivo haciendo hincapié en la urgencia de enfrentar el mismo con todo lo que tenemos. Pero… hago énfasis en los hechos, no en las trampas ideológicas.

Les he contado todo esto para decirles que, efectivamente, el problema del cambio climático es absolutamente real y que es inevitable que suceda ya sea por cuestiones propias y naturales del planeta, o porque seamos incapaces de cambiar nuestros abusos de los recursos naturales y, por supuesto, nuestros hábitos de consumo energético. Pero también para decirles que la actividad humana, a pesar de lo que los fatalistas digan, no es el único agente responsable sino parte muy importante y acelerante del mismo, y que el ser humano en todas sus dimensiones es y debe de ser el centro de la ciencia ecológica y de los movimientos ambientalistas. Al bienestar del ser humano no lo podemos sacar NUNCA de la ecuación.

Para decirles que somos la primera y única especie en la historia del planeta que está consciente del problema y que somos la única especie en el planeta que está plenamente consciente de que, si no hacemos “algo”, tarde o tempranos estaremos expuestos a una inminente catástrofe ambiental y consecuentemente humana de características globales. Que somos la única especie que tiene tanto los instrumentos tecnológicos como las herramientas intelectuales de gran poder (como la ciencia) para definir la ruta que nos permitirá enfrentar el problema con buenas alternativas para sobrevivirlo. Y es por eso que, dichosamente, también somos la única especie en el planeta que ha logrado revertir muchos de los efectos negativos que nos hicieron conscientes del problema allá en las décadas de los 60s y 70s. Y que, sobre todo, somos la única especie en la historia del planeta que es capaz de evolucionar y desarrollarse racionalmente en total equilibrio y respeto por el medio ambiente.

Hay pruebas fehacientes que sustentan estas afirmaciones, y hay suficientes ejemplos en países como Holanda, Noruega, Finlandia, Canadá, Estados Unidos y muchos otros que las confirman. Y por supuesto en Costa Rica donde, a pesar de todos los óbices y obstruccionismos a los que nos someten tanto los ecosocialistas como los partidos políticos que los apoyan, tenemos pruebas de que sí se puede lograr desarrollo con respeto y conservación del medio ambiente. El Proyecto Arenal, Puerto Caldera y ahora el Megaproyecto Hidroeléctrico Reventazón son confirmaciones irrefutables, entre muchas otras, de esa realidad.

La problemática es extremadamente compleja y la realidad extremadamente apremiante como para ideologizarlas. Ya el obstáculo político y en gran medida el aspecto financiero, han sido basicamente solventados en Paris 2015. Falta por sacar de la ecuación el aspecto ideológico, indistintamente del signo que sea. Este es un problema planetario, no un problema ideológico y mucho menos anti antropocentrista. El mundo, y a pesar de nuestras agudas diferencias, ha ido acelerando de forma conjunta por el camino correcto para enfrentar y mitigar los efectos del Cambio Climático y del Calentamiento Global. Este fue, esencialmente, el sueño que algunos tuvimos ya hace casi 40 años y estoy convencido que también es el trasfondo determinante de Paris 2015.

Para finalizar, y más allá del imperecedero agradecimiento a las muchas personas que formaron mi carácter y en especial al señor Alfredo Verhaaf, quiero también hacer mías las palabras de nuestro Benemérito de la Patria, don Jose Figueres Ferrer, quien dijo: “SI NO SOÑAMOS, NO SE HACEN LAS COSAS GRANDES”. Tenemos que soñar y poner el empeño para alcanzar esos sueños y hacer las cosas grandes que, como personas y como país, merecemos…

2 thoughts on “SI NO SOÑAMOS, NO SE HACEN LAS COSAS GRANDES

  1. Estimado Claudio:

    Gracias por tus comentarios. Sí, perseveré con el ICE hasta que se dio. Era otra época, amigo, muy diferente de hoy. Había gente muy íntegra en esa gran institución…
    Ese proyecto fue algo realmente extraordinario levantado por gente realmente admirable. Mis respetos por todos ellos.

    Slds;

    Mario I. Franceschi

  2. Claudio Carazo

    Que interesante artículo Mario,sobre todo lo explicativo al tema climático.con respecto al exito en las negociaciones con el ICE aplicaste aquel viejo refrán Percebera y vencerás y se te dio.

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