LOS TICOS SI SOMOS INTELIGENTES

Sí. Los costarricenses hemos sido y somos más inteligentes de lo que muchos malinchistas puedan jamás entender y muchísimo menos apeciar.

Solo como ejemplo bastaría con decir que desde 1919 (cuando cayó la dictadura de los Tinoco), o sea en casi 100 años de vida republicana, NO hemos tenido ningún tipo de dictadura (ni de derecha ni de izquierad) en nuestro país; y muchísimo menos una dictadura marxista hereditaria, asesina, esquilmadora y parasitaria y que es la segunda más longeva del planeta, solo superada por otra estalinista que hoy es un foco de inestabilidad planetaria.

Hemos sido tan inteligentes que supimos adelantarnos a los signos de la época y logramos no solo conservar la integridad de nuestra soberanía, sino nuesta independencia como país y, de paso ayudamos a los demás a obtener los mismos resultados.

Somos tan inteligentes que, juntos como país, logramos alcanzar nuestras garantías sociales en 1943 y fuimos tan inteligentes que en 1948 fuimos a una revolución para hacer respetar la alternatividad democrática, para institucionalizar el derecho al sufragio, proscribir el ejército, consolidar la institucionalidad jurídica e iniciar el desarrollo que generó la cuarta clase media más grande de Latino América. Todo esto mientras la región era dominada por dictaduras de partido (Mexico) hasta dictaduras militares de izquierda y derecha. Y todo esto mientras toda la región estaba sumida en el crimen, la tiranía, el saqueo, la miseria y EN el colapso político y económico.

Hemos sido tan inteligentes que iniciamos, en el momento oportuno, las reformas necesarias para insertar de forma exitosa nuestro país en el modelo global que se apoderó del planeta a partir de la década de 1980. Inteligentes, y en demasía, porque a pesar de nuestros errores recientes, no hemos caído en las nefastas honduras de ideologías falsas que empobrecen países, los sume en el caos político y social o los secuestran con el fraude electoral o con el descarado manoseo constitucional.

Pero… la verdad es que NO somos geniales.

No supimos reaccionar a tiempo y de forma adecuada a las crisis económicas y financieras que han afectado el planeta en este nuevo siglo XXI, con las consecuentes distorsiones macro-económicas y macro-sociales que hoy han generado nuestros más severos problemas: pobreza, miseria, desempleo, infraestructura, desigualdad e inseguridad. No hemos sido capaces de sacudirnos de la maraña burocrática y leguleya que asfixia nuestro desarrollo económico, social y político. No hemos sido capaces de evitar que el manejo de la “cosa pública” caiga en las manos de los menos aptos, al punto de que las dos últimas ofertas electorales han sido las más mediocres de los últimos 80 años. No hemos podido evitar que nuestra institucionalidad caiga en el desprestigio, la mediocridad y, para peores, en la prepotencia. No hemos podido evitar que el país vaya cayendo de forma alarmante en manos de los que creen que lo importante es “lo que el país pueda darles o pueda hacer por ellos” y no lo contrario.

Y hemos sido tan poco inteligentes que aún reclamamos porque nunca “nos dieron” el BMW que nos prometieron… como si las cosas solo valen cuando nos las regalan y no cuando trabajamos por ellas. Y tan estúpidos que permitimos que unos cuantos se hayan convertido en una aristocracia repugnante a costas de nosotros mismos.

Si, a pesar de nuestras imperfecciones, hemos sido y somos un pueblo muy inteligente, pero también somos un pueblo que, a pesar de su inteligencia manifiesta, ha perdido la capacidad de apreciar lo extraordinario que podríamos ser porque algunos, escasos pero muy bulliciosos, nos lo han hecho creer. Porque a algunos, pocos pero escandalosos y falsos, les sirve que perdamos la fe en nosotros mismos…

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