EL CONTROVERSIAL DONALD TRUMP

Y cumplió una promesa de su campaña electoral. Y de forma por demás pomposa (muy propia de su estilo de show-man), lo ha anunciado al mundo desde los bellos jardines de la Casa Blanca: la salida de Estados Unidos de América del Acuerdo Marco sobre el Cambio Climático firmado en Paris en Diciembre del 2015.

Esta decisión, que ha causado un tsunami global de críticas contra el inquilino “temporal” de la “West Wing” del ejecutivo estadounidense, hay que entenderla dentro de un contexto más amplio del que nos comparten la prensa global o los analistas políticos. Esto por cuanto hay un claro rechazo contra Donald Trump – el cual es absolutamente justificado – que no debería de nublarnos la mente al momento de analizar este tipo de decisiones. Las mismas son extremadamente significativas para la comunidad internacional como para dejarnos guiar por sentimientos de rechazo, sea este ideológico, partidista y hasta personal, por el 45avo presidente de los Estados Unidos.

Me explico:

La decisión de Donald Trump tiene un impacto que es, esencialmente político y, desde esta perspectiva, de indiscutible corte populista porque, y esto es un hecho irrebatible, Estados Unidos no podrá salirse de forma efectiva de ese acuerdo sino hasta el 2019, prácticamente cuando la administración Trump estará a punto de terminar. Claro, existe la posibilidad de que sea re-elegido, pero eso, a como van las cosas, parece una absoluta imposibilidad.

El Acuerdo de Paris del 2015 NO es un acuerdo vinculante ni de cumplimiento obligatorio para ninguno de los Estados firmantes. Es básicamente una forma de pedirles a los países firmantes que, como mínimo, continúen haciendo lo que ya han venido haciendo para mitigar los efectos del cambio climático. La meta principal es mantener el calentamiento del planeta, debido a ese real e ineludible cambio climático que estamos atravesando, por debajo de los 2 grados Celsius por encima de los promedios pre-industriales, meta que para muchos especialistas es prácticamente imposible de alcanzar. Este propósito es, no obstante, un encomiable esfuerzo global que trata principalmente de enfocarse y potenciar los procesos que se requieren para alcanzar esa meta. O sea, por primera vez los países participantes de la conferencia parisina se comprometieron a realizar esfuerzos en ese sentido y se someterán a revisiones periódicas para determinar el avance de los mismos. La idea detrás de estos procesos es que, con el tiempo, la cooperación entre los países firmantes se facilite, se haga más relevante y pueda ser compartida y aplicada por toda la comunidad de naciones. El punto, aunque parezca quimérico, es que los países, el mundo empresarial, las ONG y la comunidad internacional en general, se comprometieran a “hacer algo” para detener el calentamiento global debido al cambio climático. Pero la realidad es que “nadie” sabe exactamente qué es lo que realmente se puede hacer, ni si podría funcionar de forma efectiva o cual es la escala de eficiencia requerida. El acuerdo de Paris fue diseñado para, precisamente, encontrar respuestas para estas serias cuestiones y lograr alcanzar una meta que cada día que pasa se hace más urgente.

Politicamente, el binomio de cooperación Obama/Xi (USA/China) fue instrumental para alcanzar ese acuerdo; pero dadas las posiciones políticas tan polarizadas y contrarias a su administración que había en esos momentos en los Estados Unidos (principalmente por parte de la mayoría republicana que controlaba el Congreso), Obama procedió a firmar el acuerdo en base a un decreto ejecutivo con lo cual obviaba el refrendo del Congreso. Esta maniobra dejaba margen, tanto a él como a su sucesor, para hacer cambios sin necesitar la aprobación del Capitolio. Así que Trump puede, sencillamente aprovechando esta circunstancia, retirarse del acuerdo de forma unilateral y, si lo prefiere, podría hasta simplemente decidirse a no implementar algunos aspectos del acuerdo a los que obviamente se opone. Además, y como ya fue indicado, los términos negociados en el acuerdo le impiden que pueda comunicar la retirada efectiva de USA hasta noviembre del 2019.

El efecto más notorio, por inmediato de esta decisión, lo es la inminente suspensión de la financiación estadounidense de casi el 23% del presupuesto total que utiliza la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, así como la suspensión de su ayuda financiera a los países menos desarrollados para implementar sus programas para combatir ese cambio y dentro del Marco del Fondo Verde. En otras palabras, es una decisión que tiene consecuencias inmediatas de índole presupuestaria, o sea, financiera.

A pesar de ello, el acuerdo puede perfectamente ser implementado a nivel estatal e, inclusive, a nivel de ciudades en USA. Realísticamente, más del 70% del cumplimiento por parte de USA de ese acuerdo está en manos estatales, en las manos de los alcaldes de sus ciudades, en las ONGs y en la empresa privada, aspecto que le quita peso político específico a la decisión del señor Trump. Por ejemplo, California, que es por mucho el estado de mayor relevancia económica de la Unión, una de las 10 economías más grandes del planeta por derecho propio y una fortaleza del partido demócrata, ya está implementando ese acuerdo y no hay nada al alcance de Donald Trump que obligue a ese estado a detener dicha implementación. Ciudades como Los Angeles, New York, Pittsburg, Miami y muchas otras también están implementando legislación y medidas para mitigar los efectos del calentamiento global y del cambio climático. La posición de grandes conglomerados empresariales (los más grandes del mundo) así como industriales, incluyendo petroleros, ya han anunciado que continuarán implementando políticas amigables con el ambiente emanadas de ese acuerdo, y no se alinearán con las políticas establecidas por este presidente en esta materia. El efecto real de esa decisión es, por consiguiente, exiguo desde una perspectiva de política interna estadounidense, pero monumental desde una perspectiva de imagen geo-política tanto para Estados Unidos como para el mismo Trump.

Las críticas de la UE, China, Rusia y otras potencias industriales y económicas, incluyendo a Brasil, no dejan de ser lógicas, pero no por ello menos oportunistas pues con ellas se demuestra que se apresuran a llenar, por necesidad o por interés nacional, el vacío que esta retirada significa para la imagen de liderazgo global que supuestamente Estados Unidos está dejando de lado con las decisiones de este presidente. Pero una cosa es la retórica y otra muy distinta la realidad por cuanto USA sigue siendo (y lo seguirá siendo con, sin o a pesar de Trump) el país más poderoso y más rico del mundo por lo menos en el futuro inmediato y en el mediano plazo. Debido a esa aparente renuncia al liderazgo global que ha ostentado USA, los países tanto aliados como enemigos ahora tienen la obligación específica de demostrar que son capaces de tomar el relevo y cumplir con los compromisos adquiridos en Diciembre del 2015 (que no son vinculantes ni obligatorios). Y ello incluye no solo la reducción de la emisión de CO2 y otros gases de efecto invernadero, sino el cumplir con los compromisos presupuestarios tanto para con la Convención como para con su implementación particular del acuerdo. Ese 23% que está zafando USA hay que compensarlo de una u otra forma. Está claro que era relativamente fácil alegar que la responsabilidad financiera de USA es y era mayor a aquellas de la UE, o Rusia, India o China por cuanto USA es la economía más grande del mundo y supuestamente es y había sido el mayor contaminante del planeta. La verdad es que el mayor contaminante global, en estos momentos y medido por países y en base a la totalidad de sus emisiones, es China, segundo USA, tercero India, cuarto Rusia y quinto Japón. Pero es importante indicar que la UE en conjunto representa casi el 15% del total de emisiones contaminantes del planeta, lo que la hace la zona de mayor incidencia PER CAPITA en el problema. No obstante, y a pesar de las circunstancias, las contribuciones financieras de estos países, y en particular de los países de la UE, India y Rusia al financiamiento de la Convención Marco de la Naciones Unidas para el Cambio Climático, son muy inferiores a los aportados por Estados Unidos, y en menor medida, por China. En otras palabras, esos países están “cobijados” por la responsabilidad financiera de USA a pesar de que su incidencia colectiva en el efecto invernadero es similar o superior al de Estados Unidos. Además, países como China, Rusia e India, y de acuerdo con lo negociado en Paris, tienen peyorativas que ponen en desventaja los intereses tanto económicos como comerciales de USA, en particular lo referido a la producción de carbón. Y esto es lo que, y lleva cierta razón, no le gusta a Donald Trump.

En general, Donald Trump está siguiendo una línea de acción que se puede resumir de la siguiente forma: “Los tiempos aquellos cuando USA subvencionaba a todo el mundo han acabado. Es hora de que cada quien asuma la responsabilidad que cada quien tiene, y en especial, la responsabilidad presupuestaria y financiera que ello implica”.

Es prácticamente la misma idea que está aplicando con sus “aliados” de la OTAN: cada país debe de ser responsable de cooperar de acuerdo a lo pactado: el 2% de su presupuesto nacional debe de ser destinado a la manutención de la alianza. Y el hecho es que varios países simplemente no cumplen con lo pactado. En otras palabras, si quieren seguridad pues que paguen por ella porque los Estados Unidos de la administración Trump no están dispuestos a seguir cargando con el peso de ese fardo.

Aparentemente, para Donald Trump, la política exterior de USA es una cuestión de responsabilidad efectiva y, sobre todo, proporcionalmente compartida.

En todo caso, y como ya fue referido, las consecuencias de esta decisión de Donald Trump probablemente no afecten gran cosa a un proceso que, dentro de los Estados Unidos, ya está muy arraigado y que ha calado profundamente en el pueblo estadounidense. Los efectos negativos son, por el contrario, de alcance geo-político pues es evidente que esta administración proyecta desconfianza no solo entre sus aliados, sino que globalmente. Además, aparenta renunciar de forma por demás inexplicable (no hay una Doctrina Trump definida que lo respalde) al liderazgo mundial que USA ha tenido desde ya hace más de un siglo en prácticamente todos los grandes temas y acontecimientos de relevancia planetaria. O, por lo mínimo, ese liderazgo – otrora evidente – está cambiando la filosofía que por largo tiempo fue su norte: la presencia dominante de Estados Unidos en prácticamente cualquier asunto de relevancia política, militar, económica y financiera en cualquier región del mundo. Y la actitud de Donald Trump, muy peyorativa por cierto, es: “si están de acuerdo pues perfecto y, si no lo están, pues perfecto también…”

Donald Trump, y aún es temprano para juzgar de forma objetiva, puede perfectamente ser el presidente que fue consecuente con su modo de pensar al exigir y obtener de los demás el respeto a las responsabilidades que les son inherentes o, por el contrario, ser el presidente que terminó convirtiendo a los Estados Unidos en un país reflejo de su personalidad: egoísta, aislado, sin empatía, poco confiable, matón e impulsado por sus apetitos inmediatos, en lugar del país que tradicionalmente ha sido el abanderado de los ideales democráticos y de los intereses compartidos de largo plazo. Indistintamente del resultado de esta dicotomía, de lo que sí estoy seguro es que no logrará hacer a “America Great Again” porque, de todos modos, “America is a great nation, anyways”.

No me cabe duda alguna de que Donald Trump sea una imagen altamente controversial, pero es a este magnate megalómano, irritantemente populista, superficial y conflictivo a quien el pueblo estadounidense le dio un alucinante poder al hacerlo su presidente. Pero… Estados Unidos ya ha demostrado fehacientemente que tiene la suficiente solidez institucional y madurez cívica para corregir sus errores electorales. Y no me sorprendería, para nada, de que esta gran nación procediera a corregir lo que, para muchos, ha sido su peor error electoral en toda su historia política.

No obstante, ya sea por oportunismo, por irracional rechazo partidista o por un genuino interés global, el planeta también tiene el incuestionable derecho a estar seriamente preocupado por lo que hoy día se gesta en Washington o en Mar-a-Lago, porque las consecuencias son, precisamente, planetarias. Todos, de una forma u otra, nos veremos afectados por esas decisiones.

Por lo general soy una persona muy positiva, pero en este caso sí creo firmemente que las sorpresas con este impredecible presidente, para bien o para mal, aún no han terminado…

2 thoughts on “EL CONTROVERSIAL DONALD TRUMP

  1. Muchas gracias por sus comentarios, don Anselmo!!!

    Atentos saludos;

    Mario I. Franceschi

  2. Excelente artículo. Me ha confirmado mi entender en las actuaciones de Trump, es el presidente de su país no del Mundo. Difiero sobre el temas de liderazgo. El líder hace lo que siente, cree y quiere. Hasta algo mal hecho, también lo puede rectificar. Lo peor es no hacer nada!. En todo esto hay mucho resentimiento Hillaryano, no les pasa la derrota. La verdadera política Trump, está enunciada, muchos no la quieren ver, y no les parecen los métodos. Se acabaron los “Plan Marshall”, y el imperio que fue omnipresente y omnifinanciero. Gracias por tan buen artículo.

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