UNA MEZCLA REPUDIABLE

Leí una publicación del vice-ministro de justicia que, en principio, me pareció muy fuera de tono. Es más, me pareció hasta toscamente burlista. Y es que hay asuntos con los que no se puede ser burlista, ni MUCHO MENOS tomar a broma.

Por un lado, los derechos de la población carcelaria costarricense no es un asunto de comicidad. Es un asunto serio. Muy serio. Y en ese sentido, hay que reconocer que se están haciendo esfuerzos importantes para cumplir con los acuerdos internacionales firmados por Costa Rica. Considero, por lo tanto, de muy mal gusto y fuera de toda norma que una autoridad de alto nivel del Ministerio de Justicia salga a hacer ese tipo de declaraciones como las que publicó en sus redes sociales.

Por otro lado, y esto es para mi lo más importante, utilizar la figura de Jesús para hacer conciencia sobre un tema que no tiene relación con un hecho histórico trascendental para la historia de la humandiad y, además, de profunda relevancia para la religiosidad de un pueblo como el nuestro, es muy crticable, por decir lo menos. Veamos porque:

Jesús fue primero acusado ante el Sanedrín y de acuerdo con los principios de la Ley Mosaica, conocida como La Tora. Especificamente, se le acusaba de blasfemia. La pena por ese delito, si se era encontrado culpable – como lo fue a pesar de los errores procesales – era la muerte por lapidación. Siendo Israel en ese momento supeditado a la ley del Imperio Romano, tal pena no podía llevarse acabo pues solo las autoridades romanas tenían el derecho para condenar a muerte a un reo. Las autoridades religiosas judías debían de presentar a Jesús ante el poder imperial que, por demás está decirlo, no lo encontraron responsable de ese delito. En consecuencia, los sacerdotes judíos añaden la acusación de sedición contra el imperio romano, una acusación que era inexistente en el primer juicio al que fue sometido Jesús en el Sanedrín.

En el derecho romano, el acusado debía de ser procesado en el lugar de residencia; y dado que Jesús era nazareno, se le remite ante Herodes Antipas quien considera al acusado digno de escarnio pero no lo considera un delincuente y, por lo tanto, lo remite nuevamente ante Poncio Pilatos, prefecto de Judea. Poncio Pilatos lo condena a ser azotado y, ante la presión de Caifás, sumo sacerdote del Sanedrin, decide someter al acusado a plebiscito y que fuese el pueblo judío el que decidiera su destino. El resultado de ese plebiscito todos lo sabemos: Barrabás obtuvo la absolución y la libertad y Jesús fue condeando a la muerte por cruxificción. Roma, como podrá notarse, se cuidó de NO condenar a muerte a Jesús de acuerdo a sus normas jurídicas.

La muerte por cruxificción era una pena máxima que aplicaban los romanos para delitos de carácter político, y se consideraba que la misma debía servir como ejemplo para inhibir la comisión de actividades que atentaran contra el dominio y la hegemonía de Roma. Al haber sido sometido a esa pena máxima, y desde el punto de vista estrictamente jurídico, Jesús podría ser considerado uno de los primeros reos de conciencia de nuestra era.

Considerando todas las contradicciones inherentes al juicio de Jesús (procesado en base a dos normas jurídicas diferentes como lo eran la Ley Judía y el Derecho Romano) y sobre todo que Jesús NUNCA fue declarado culpable directamente por el derecho romano, podemos concluir (y personalmente estoy convencido de ello) que el nazareno murió en la cruz siendo INOCENTE y víctima de elucubraciones políticas. Es por ello que, si a algún altruismo soy movido por el proceso de Jesus, su detención, su encarcelamiento, sus azotes y posterior muerte, es a tener CONSIDERACION por los reos de conciencia.

No puedo aceptar este ejemplo, como lo sugiere el vice-ministro Feoli, para tener consideraciones semejantes para con reos que han sido procesados por crímenes como robos, violaciones y otros; y que fueron sometidos y condenados de acuerdo a nuestro ORDENAMIENTO JURIDICO. Mis consideraciones para con este tipo de delincuentes, muchos confesos, no van más allá de que se debe de respetar sus derechos humanos, pero no alcanzan NUNCA para justificar su libertad, y mucho menos de la forma como ha procedido la actual administración.

En definitiva, el señor vice-ministro, si hubiese conocido a profundidad el proceso jurídico al que fue sometido Jesús, no hubiese cometido la “gracia o la burla” (vaya usted a saber) de usarlo como ejemplo para provocar empatía de los costarricenses por su lucha política.

Al final, lo hecho por el vice-ministro Feoli no deja de ser una fea, amorfa y repudiable mezcla de religión y política…

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