¿PARA QUE SIRVEN LAS IDEOLOGIAS?

Yo creo que todas las ideologías, al ser concepciones humanas, son intrínsicamente imperfectas. Además de ello, al ser seres humanos con todas sus virtudes y defectos los que las ponen en práctica, se cae invariablemente en el error, en el interés personal, en la imposición político-económica y en la insatisfacción individual y social.

La historia, desde que hemos llevado registro de la misma, confirma esta tesis. El principal error, y que da origen a todos los demás, es creer en la perfección de “una ideología”. En este orden de ideas, creo que “ideologías” tanto de la izquierda como de la derecha son muy suceptibles de equivocar el camino y caer en distorsiones groseras como lo son las tiranìas y las dictaduras, o en convertir países en “fincas privadas” de una familia gobernante y hereditaria, o en creer que la absoluta libertad del mercado o la rígida planificación estatal son los panaceas para todos los males de nuestra especie.

El socialismo tiene extraordinarios postulados que no riñen en nada con nuestra naturaleza pues todo acto humano es, por definición, social; pero su praxis política, especialmente aquella derivada del socialismo marxista/leninista o maoista, tiende a desvirtuar esa esencia. Las ideologías de derecha, sin restricciones tanto políticas como jurídicas, tienden a desvirtuar el sentido social de la actividad política y económica.

He abogado toda mi vida por una posición socialdemócrata al estilo de los países nórdicos con la firme convicción de que, por más que queramos disimularlo, los problemas intrínsecos a una actividad profundamente humana como es la política y el ejercicio del poder, siempre tendrán la capacidad de descarrilar hasta las mejores intenciones.

No hay perfección, lo que hay y debe de haber es la intención de buscar el máximo fin de la política: el bien común. Y ese debe de ser el norte que defina nuestros esfuerzos. La humanidad lleva casi 10 mil años buscando la mejor fórmula. Y seguimos y seguiremos en esa búsqueda aunque algunos necios digan que a mitad del siglo XIX ya un obtuso nos dejó la ruta, o que una escuela en el centro de Europa que se llenó de nóbeles de economía, y con ecos en las costas de los grandes lagos estaounidenses, nos diga que la solución de todos nuestros males radica en la absoluta libertad económica y sus variantes.

En definitiva, al ser el hombre imperfecto pero perfectible, lo serán también sus formas de organizar y dirigir la sociedad, sus propuestas políticas y todas sus manifestaciones económicas.

La búsqueda de la mejor alternativa es una lucha que, indefectiblemente, continúa y continuarà…

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