LA INEXORABLE CUARTA REVOLUCION INDUSTRIAL

La primera Revolución Industrial se da entre 1760 y 1830 y se caracterizó por el paso de la producción manual a la producción mecanizada. La segunda inicia cerca de 1850 con la la electricidad que permitió la manufactura/producción en masa. La tercera pertenece enteramente a la segunda mitad del siglo XX y se caracteriza por el predominio de la electrónica y la tecnología de la información y las telecomunicaciones.

La cuarta Revolución Industrial, o como la llaman los economistas 4.0, ya está en desarrollo y sus artífices serán las “cosas” del internet, las redes globales, las nanotecnologías, neurotecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones e impresoras 3D, etc. Ya estamos embuidos en este proceso, y dado que es indetenible pues eventualmente gobiernos – pero sobre todo el sector empresarial – podrán crear redes inteligentes con capacidad de controlarse a sí mismas a lo largo de toda la cadena de información, de ejecución, producción, logística, distribución y generación eficiente de valor, se hace imperativo que nos preparemos ante estos profundos cambios que se avecinan y que, si se aprovechan correctamente, tienen el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de amplios sectores de la humanidad; incluidos, por supuesto, nuestro país y nuestra región Centroamericana.

Pero, al igual que las anteriores Revoluciones Industriales (que fueron estadios superiores sucesivos del desarrollo tecnológico de la humanidad), la 4.0 trae consigo aspectos únicos, diferenciales y radicales (y ya los estamos notando) cuyas consecuencias planetarias tendrán un profundo impacto en nuestro modo de ser y en el como nos relacionamos. Esta revolución, que repito ya está aquí y que se afianza inexorable y vertiginosamente, afectará los mercados de empleo, el futuro concepto que tendremos de “trabajo”, el comercio internacional, la desigualdad social, la seguridad geopolítica y los marcos éticos, entre muchos otros aspectos que aún hoy consideramos intocables, o como mínimo, los damos por sentado.

Elizabeth Garbee, investigadora de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) considera que “En el juego del desarrollo tecnológico, siempre hay perdedores. Y una de las formas de inequidad que más me preocupa es la de los valores. Hay un real riesgo de que la élite tecnocrática vea todos los cambios que vienen como una justificación de sus valores. Ese tipo de ideología limita gravemente las perspectivas que se traen a la mesa a la hora de tomar decisiones (políticas), lo que a su vez exacerba la inequidad que ya vemos en el mundo hoy”.

Esta Revolución 4.0 “… es prometedora y el entusiasmo no es injustificado ya que estas tecnologías representan avances asombrosos. Pero el entusiasmo no es excusa para la ingenuidad y la historia está plagada de ejemplos de cómo la tecnología pasa por encima de los marcos sociales, éticos y políticos que necesitamos para hacer buen uso de ella”, remata la investigadora.

¿Qué tan preparado está nuestro país para ser parte integral de esta revolución? ¿Estamos preparando nuestras generaciones más jóvenes con las herramientas necesarias para enfrentar este tsunami que los habrá de definir en su identidad histórica?

La respuesta, a como son las cosas en esta tierra bendita, probablemente la tendremos hasta que sus efectos los tengamos encima…

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