12 DE OCTUBRE

Un día como hoy pero de 1492, Cristóbal Colón arribaba a Guanhani, una isla en la Bahamas bautizada por el almirante como San Salvador, dando con ello inicio a una de las grandes odiseas de la humanidad.

Hay suficiente evidencia histórica e historiográfica que nos hace pensar que Cristóbal Colón no fue el primero en llegar a nuestro continente, y es probable que chinos, vikingos y otros ya hubiesen andado por estos lares siglos antes que él. La diferencia radica que con el arribo de Colón se inicia todo un proceso civilizatorio en el cual participaron todas las potencias mercantilistas europeas (España, Portugal, Francia, Gran Bretaña y Países Bajos) y con el cual el continente americano ineludiblemente terminó integrado a la civilización occidental y al mundo en general.

Colón fue patrocinado por los reyes católicos de España Isabel de Castilla y Fernando de Aragón quienes, a su vez, eran los representantes de los dos grandes reinos españoles que, después de conquistar los reinos de León, Navarra y Granada, habían llevado el peso del final de la Guerra de la Reconquista de la península de manos de los moros. Esa guerra de reconquista había durado 8 siglos y terminó precisamente en 1492. El período comprendido entre la caída de Constantinopla en 1453 y el final de la reconquista española con la caída del reino Nazarí de Granada el 2 de Enero de 1492, se toma como la transición entre el final de la Edad Media y el inicio del Renacimiento en Europa. España, ya unificada bajo los reyes católicos, era una tierra que además de la masa plebe y campesina pobre e ignorante, estaba plagada de un clero dominante, soldados, aventureros, oportunistas y mercenarios que lo único que habían conocido a lo largo de sus vidas era la guerra y el pillaje. Era, a resumidas cuentas, una sociedad altamente militarizada y fuertemente religiosa y dueña de un innegable legado histórico y cultural que se remontaba hasta los fenicios y allende.

Aquellos que llegaron con Colón, el mismo almirante y por supuesto, los que llegaron posteriormente durante la conquista y la colonia, eran fieles representantes de esa sociedad acostumbrada a la guerra, a la búsqueda de riqueza y gloria. Y las nuevas tierras “descubiertas” eran un escenario perfecto para actuar como válvula de escape a esa enorme presión que significaba para esa sociedad el verse libre de conflictos. Y trajeron consigo tanto sus demonios como sus valiosas galas civilizatorias.

A la llegada de Colón, nuestro continente – que debe su nombre al navegante, cartógrafo y viajero italiano Americo Vespucci – había estado y estaba poblado por algunas de las civilizaciones más antiguas y desarrolladas que la humanidad haya conocido jamás. Desde hacía más de 15000 años, América había sido ocupada por grupos humanos desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, y del Pacífico hasta el Atlántico; es decir, prácticamente todos los ambientes naturales y su inagotable variedad biológica ya eran conocidos y explotados por nuestros indígenas: los áridos desiertos de las costas peruana y chilena, los desiertos del suroccidente de los Estados Unidos, las grandes planicies de Norteamérica y las interminables pampas argentinas; la monumental cordillera de los Andes y las montañas rocosas, las selvas de Yucatán, Darién y Amazonas y las heladas tierras del norte del Canadá y el extremo sur de América. Estos grupos humanos habían conformado civilizaciones que, en el siglo XV, no tenían nada que envidiarle a las europeas, principalmente la Maya, la Inca y la Azteca que habían alcanzado niveles políticos (Estados), sociales, militares y culturales extraordinarios, pero también civilizaciones intermedias de gran valor como los Hohokam, Pueblo y los Anasazi de Norte América que habían desarrollado habilidades de ingeniería y arquitectura monumentales, sistemas de riego y organizaciones sociales complejas. Los taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta quienes alcanzaron complejas formas de desarrollo agrícola y cuyos restos arqueológicos nos hablan de una cultura bastante desarrollada en campos como la ingeniería y la orfebrería. Son notables sus logros alcanzados en la construcción de enormes terrazas de tierra y rocas, cuya función primordial era aumentar el espacio horizontal plano en áreas donde era prácticamente imposible hallar un sitio donde construir una casa; y los taironas no solamente construyeron una o dos casas, sino poblaciones enteras con cientos de casas cimentadas sobre roca, sin emplear materiales cohesivos así como puentes monolíticos, grandes plazoletas enlosadas de piedras bien pulidas, sistemas de canalización de las aguas lluvia que evitaban el lavado y erosión de los empinados perfiles montañosos, y hasta el riego artificial en la árida costa aledaña a su localización geográfica. O civilizaciones enigmáticas como los Huetares en Costa Rica, de la cual aún estamos descubriendo por sus grandes legados en Guayabo de Turrialba (sitio que se cree fue un centro “universitario” y no un cacicazgo como muchos han creído) y por su extraordinario testimonio plasmado en la formidables bolas de piedra (patrimonio de la humanidad) únicas en el mundo y que, aún hoy día, siguen siendo un misterio su significado, aunque ya hayan teorías que hablan de ser la creación de un pueblo excepcional y navegante que recorrió los mares del mundo muchísimo antes de que civilizaciones tan antiguas como la Sumeria aprendieran a escribir. O civilizaciones extintas a la llegada de los españoles que habían alcanzado asombrosos estadios de desarrollo civilizatorio como la Olmeca, la Tiahuanaca en el altiplano boliviano y las Teotihuacana, Tolteca, Zapoteca, Mixteca, pueblos chichimecas, entre otras en Meso-América. Logros de este tipo alcanzados por muchas de nuestras civilizaciones originarias, solamente son posibles en sociedades que los arqueólogos llaman “complejas”, para indicar que han alcanzado altos niveles de manejo de los intereses públicos con un complejo sistema de centralización administrativa y jerarquización de los individuos en el ámbito de lo político.

En síntesis a la llegada de Colón a América y antes del inicio de la conquista y colonización por parte de los europeos de estas tierras, hubo y había en nuestra América civilizaciones extraordinarias que rivalizaban con cualquiera del viejo mundo occidental y mediterráneo como la egipcia, la romana, la griega o la musulmana. Nuestras civilizaciones autóctonas no tenían nada que envidiarle a las civilizaciones europeas, ni siquiera en el desarrollo de las matemáticas (conocieron el cero con los Olmecas 10 siglos antes de Cristo) o las ciencias (astronomía y ciencias agrícolas principalmente), la ingeniería y la arquitectura (todas ellas constructoras monumentales) o en la literatura de la cual, pese a la destrucción de muchas obras por el fanatismo religioso, sobrevivieron testimonios de valor universal como el Popol Vuh y el Libro de Chilam Balam (un compendio de historias y leyendas conservadas por la tradición oral maya).

El 12 de Octubre no es una fecha para festejar un encuentro de culturas porque eso NO sucedió. Lo sucedido fue una aculturación de nuestras grandes civilizaciones por parte de una cultura dominante y esencialmente imperialista, producto de una profunda transformación que se había gestado a lo largo de un período bélico y sociopolítico (15 siglos) dominado por la incertidumbre, la ignorancia, la omnipresencia del elemento religioso exclusivista, la férrea y desigual estructura social del feudalismo y el expansionismo territorial que, aún hoy día, tiene efectos en la cultura occidental: el medioevo. El 12 de Octubre debemos de celebrar, ante todo y sobre todo, el que se nos haya concedido la oportunidad de descubrir y apreciar el grandioso legado que es el pasado de nuestra América y de su innegable aporte al desarrollo de la humanidad, especialmente a partir del siglo XVI. Debemos de celebrar, así mismo, el tener la oportunidad de profundizar el convencimiento de que debemos despojarnos de una vez y para siempre de ese odioso síndrome de “víctima histórica” que nos ha maniatado durante siglos y que ha sido potenciado en el imaginario popular por ideologías aberrantes que lo único que han logrado es señalar una culpa histórica que no tiene resarcisión; y justificar con ello nuestras deficiencias e indolencias para así también justificar sus utopías políticas.

El 12 de Octubre debemos de celebrar nuestra humanidad, esa misma que pese a nuestras deficiencias como especie, ha sobrevivido y crecido gracias al enorme acervo histórico al que todas las civilizaciones del mundo han contribuido. Y al cual nuestras civilizaciones originarias contribuyeron de forma decidida con su innegable genio…

¡¡Honrémoslas conservando y amando su indiscutible legado de grandeza…!!

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