APRENDER, DESAPRENDER Y RE-APRENDER

I
El título de este comentario lo dice en su brutal y magnífica totalidad. En estos convulsos tiempos es absolutamente necesario, estoy convencido de ello, el tener la capacidad de aprender, de desaprender y de re-aprender. Vivimos en una época globalizada, interconectada e interdependiente basada en la masificación de las comunicaciones y el conocimiento. Esta época exige de nosotros nuestro mayor esfuerzo y creatividad para dejar de lado metodologías e ideologías aprendidas a lo largo de nuestras vidas que han perdido su vigencia o, por lo menos, su validez está siendo fuertemente cuestionada o en franca decadencia; y aprender nuevos planteamientos, nuevas propuestas y nuevas alternativas que estén en concordancia con los nuevos, sofisticados, complejos y vigorosos desafíos sociales, políticos y económicos que moldean nuestro mundo y, por extensión y consecuencia, a nuestra Costa Rica.

Nuestra época es una época compleja, de eso no hay la menor duda; y debemos de recurrir a toda nuestra capacidad y potencial para analizar problemas y crear soluciones que estén a tono con esa nueva realidad que hoy envuelve nuestras vidas, tanto a nivel individual como social.

II
Desde que tengo uso de razón política me he definido como un socialdemócrata. Hoy, después de largas cavilaciones y de confrontar tantas posiciones distintas que van desde el neo-mercantilismo salvaje y obtuso, el anarquismo liberal y hasta el marxismo pétreo y fanático, me he dado cuenta de que estas etiquetas ya no tienen el sentido que tenían en el mundo de los años setenta, ochenta e inclusive los noventa. Es más, estoy convencido de que ya no tienen sentido alguno y que, cuando me defino de esta u otra manera, me veo como un dinosaurio intelectualoide casi a punto de enfrentar el asteroide de su extinción. He sido testigo de como hasta mis preciadas convicciones keynesianas están siendo repensadas y, en gran medida, superadas o reformuladas. Todas esas posiciones tradicionales de izquierda o derecha o de centro, en el presente están siendo seriamente cuestionadas e, inclusive, dejadas de lado o desechadas por obsoletas. Y no es porque hayan aparecido teóricos iluminados y reformadores del curso de la historia con nuevas y geniales propuestas. No, para nada. Esta época nuestra aún no tiene, desde el punto de vista estrictamente teórico, ninguna similitud con los grandiosos siglos XVIII y XIX; siglos de grandes y reformadoras teorías políticas, económicas, sociales e, inclusive, científicas. Esas mismas que hoy están siendo seriamente cuestionadas y, en algunos casos, hasta demolidas sin contemplación. Pero es que, cuando lo pienso en detalle, todas esas cimeras teorías nacieron a la sombra de profundas convulsiones sociales, económicas y políticas y que, por su naturaleza, fueron asimismo motores de los extraordinarios cambios gestados a lo largo del siglo XIX y que desembocaron en el siglo XX.

III
Y hoy, por suerte, de nuevo estamos en el amanecer de grandes y profundas convulsiones y transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales, ambientales y científicas. Y esas transformaciones definirán este siglo XXI y; querámoslo o no, nos están obligando a desprendernos de las viejas concepciones y re-aprender nuevas, complejas y sofisticadas formas de pensar y actuar porque nuestras instituciones y organizaciones sociales, políticas, empresariales, económicas y familiares también se han tornado más complejas y sofisticadas. Y hay que manejarlas con mayor precisión y efectividad en sus funciones productivas, económicas, financieras, tecnológicas y administrativas. Aventurándome a hacer una predicción, creo que muchas instituciones, como hoy las conocemos, no sobrevivirán al empuje de las nuevas propuestas. Y eso, a mi juicio, está bien aunque esa transformación o desaparición vaya a ser un parto muy doloroso.

IV
El empuje que energiza toda esta transformación viene de un segmento poblacional que es masivo, con educación superior, con acceso y manejo de tecnologías sofisticadas, con un profundo sentimiento de insatisfacción e indignación por no tener un campo o espacio de desarrollo, ya sea porque el sistema es incapaz de crearlo o porque el sistema simplemente se lo niega. Esta transformación se gesta en la clase media mundial. No se gesta en los anillos de miseria alrededor de las grandes urbes, o en las empobrecidas zonas rurales africanas, latinoamericanas o asiáticas, o en las poblaciones semi-esclavizadas de India o China o en estados fallidos como Somalía. No se gesta tampoco en los claustros universitarios reservados a las cerradas élites intelectuales y mucho menos se gesta en las élites corruptas políticas y financieras que dominan el mundo, que son, por el contrario, el objetivo específico más claro de este masivo movimiento.

Es un movimiento global que pide y exige una gran gama de cambios ya no solo estructurales, sino que también tritura añejas propuestas ideológicas y políticas. Es un cambio que, aún y cuando parezca incipiente, ha llegado para quedarse y transformar nuestro mundo.

V
El mundo, en su complejidad actual, está cambiando y, al menos en mi opinión personal, lo está haciendo para bien. Por ello, ante las inevitables exigencias de este cambio, debemos de re-inventarnos. Dejar de lado nuestras viejas (que no son tan viejas) concepciones y aprender las nuevas propuestas. Debemos de estar informados, involucrarnos, participar y tener la mente abierta a las nuevas corrientes de pensamiento social, político y económico. Debemos de entender que hay propuestas éticas y morales que nacen de la necesidad vital de una sociedad en franca transformación que reclama dignidad y que está hastiada de las degradantes y ofensivas posiciones de las clases dirigentes, sean éstas políticas o no. Debemos de aceptar que el visionario Alvin Toffler tenía razón al decirnos que “… los analfabetas del siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir… sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y re-aprender…” Y, con humildad, me atrevo a agregar que analfabetas serán también aquellos que no sean capaces de entender la magnitud de esta realidad y necesidad existencial y que, en consecuencia, eviten involucrarse.

Nuestra sobrevivencia como individuos y como sociedad depende de que comprendamos la profundidad de los cambios que enfrentamos. No es fácil, pero aquellos que no lo hagamos nos convertiremos en fósiles vivientes y, eventualmente, enfrentaremos el asteroide de nuestra extinción…

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