ALGUNOS APUNTES RAPIDOS SOBRE LA ABOLICION DEL EJERCITO EN COSTA RICA

Ya hacia mediados de la última década del siglo XIX se habían dado, de forma aislada, ideas de abolir o reducir sustancialmente el ejército costarricense. Esto debido, por un lado, a lo corrupto e ineficiente que era además de ser un elemento de continua injerencia en la política nacional y, por el otro, debido lo oneroso que resultaba para el erario público. Solo como ejemplo, en la década de 1870 el ejército costarricense era considerado una potencia militar regional ya que llegó a tener hasta 34000 tropas, marina y artillería, pero también consumía casi el 50% del presupuesto nacional y, además, fue el sostén sobre el cual se afianzó la República Liberal, liderada por los generales empezando con don Tomás Guardia, y que gobernaron Costa Rica hasta finales de ese siglo.

Esos “conatos” de abolir el ejército, por supuesto, no tuvieron ningún eco. Hacia finales de la década de los 40s del siglo pasado, y después de la Revolución del 48, la idea no solo renació sino que adquirió gran relevancia política y económica. Las circunstancias históricas, como lo fueron el hecho de que solo hacía 3 años que la más grande gesta militar de la historia de la humanidad – la II Guerra Mundial – había terminado, así como a los acontecimientos y horrores sucedidos durante la misma revolución, a los acuerdos y alianzas militares y políticas hechas por don Pepe antes y durante la misma, la injerencia de los Estados Unidos en el desarrollo de los acontecimientos posteriores (negarse a proporcionar pertrechos de guerra a don José Figueres por considerar a Costa Rica como un peligro desestabilizador en la región), el recelo que había entre varios líderes de la revolución por los compromisos adquiridos por don Pepe con la Legión Caribe, al hecho de que los sectores conservadores de la Junta de Gobierno (cercanos a Ulate), opuestos a las reformas sociales y económicas que se estaban haciendo, empezaban a adqurir importancia política pero, sobre todo, a la urgente necesidad financiera para sostener y consolidar el proyecto revolucionario, indujeron a varios personajes de la época a proponer a don Pepe la abolición del ejército como institución nacional.

Muchos alegan que esa propuesta no era para abolir el ejército nacional, sino para abolir el Ejército de Liberación Nacional, asunto que es muy cuestionable puesto que al finalizar la revolución quedaban, cuando mucho, 600 efectivos del “supuesto” ejército de Costa Rica, muy mal organizados y muy mal pertrechados.

El hecho incuestionable es que don Pepe había ganado la Revolución y bien pudo, si así hubiese querido, imponer una dictadura. Pero las circunstancias políticas y geopolíticas que imperaban en esos días (ya descritas), la sugerencia de don Fernando Lara Bustamante – considerado el primero en tener la idea de la abolición – pero sobre todo el importantísimo papel que desempeñaría don Edgar Cardona Quirós, ministro de seguridad de la Junta de Gobierno – también considerado uno de los primeros en tener la idea y proponérsela de forma vehemente a don Pepe desde Julio de 1948 – hicieron que el caudillo finalmente accediera a proceder con la abolición del ejército. Es interesante apuntar que don Pepe consideraba que él ya había abolido el ejército de Costa Rica el 8 de Mayo de 1948, día en el que abolió la Constitución de 1871; pero la realidad es que no fue así puesto que toda la legislación militar promulgada en el siglo XIX, incluido el Código de Justicia Militar promulgado en 1884, quedaron incólumes y vigentes. Esto demuestra que la idea era abolir el ejército como INSTITUCION legitimada constitucionalmente desde 1871, y no solo el ejército de Liberación Nacional.

En todo caso, el 25 de Noviembre de 1948 la Junta de Gobierno aceptó la propuesta de Cardona, el 27 de Noviembre se anunció la disolución de la Legión Caribe, el 1 de Diciembre don Pepe da el mazazo simbólico de la abolición (fecha que desde entonces festejamos), el 3 de Diciembre Costa Rica suscribió el TIAR, el 8 de Diciembre fue electa la Asamblea Constituyente (dominada por Ulate) y el 2 de Abril de 1949 (por las continuas tensiones en la Junta de Gobierno) se da el famoso Cardonazo cuando don Edgar Cardona y 22 oficiales se rebelaron contra Figueres en los cuarteles de la Artillería y Bellavista. Don Edgar le ofreció el poder a Ulate (que lo rechazó) y, además, los alzados pidieron la renuncia de Benjamín Núñez (ministro de Trabajo) y Alberto Martén (de Hacienda) por considerarlos afines al comunismo, y demandaron también la derogatoria del impuesto del 10% al capital y de la nacionalización bancaria. Todos los involucrados en la intentona se rindieron y fueron encarcelados (hubo 9 muertos), pero este hecho desencadenó los acontecimientos que desembocaron con la dada de baja de todos los soldados y oficiales el 25 de Abril de ese año de 1949.

En Junio de 1949 la Asamblea Constituyente rechazó el proyecto de Carta Magna elaborado por una comisión de la Junta de Gobierno (en dicha comisión estaba don Fernando Lara Bustamante) y adoptó la Constitución de 1871 como base, pero aceptó – gracias a los esfuerzos y capacidades negociadoras de don Fernando – la propuesta de elevar a rango constitucional la abolición del ejército como institución permanente en Costa Rica. Finalmente, el 7 de Noviembre de 1949 se declara aprobada la nueva Constitución Política y, al día siguiente, don Otilio Ulate asume como presidente de Costa Rica en un país que, un día antes, había CONSTITUCIONALMENTE abolido su ejército nacional.

¿De quién fue la idea de abolir el ejército en Costa Rica? La verdad es que hubo dos personas claves: don Edgar Cardona Quirós y don Fernando Lara Bustamante. Y al menos para mí, hay más indicios de que fue el señor Cardona el primero en PROPONERSELO a don Pepe e insistir constantemente en ello. Al ser rechazado el proyecto de Constitución Política presentado por la Junta de Gobierno (que incluía el artículo de la abolición), la importancia de don Fernando Lara Bustamante asume todo el relieve histórico que merece, pues fue él quien logró NEGOCIAR con la Asamblea Constituyente que el artículo de la abolición fuese incluido casi sin cambios en la nueva Constitución Política.

La importancia de don Pepe es, sobre todo, política pues él era el presidente de la Junta de Gobierno y el hombre que mandaba en Costa Rica. Si don Pepe no hubiese estado de acuerdo, y si no hubiese tenido la visión de estadista que tuvo en momentos de grandes acontecimientos, contrariedades, transformaciones y peligros para la naciente II República, tal y como lo fueron esos 18 meses entre Abril de 1948 y Noviembre de 1949, esa extraordinaria propuesta no habría fructificado y, probablemente, Costa Rica hubiese caído en una vorágine de violencia política y militar característica de toda la región latinoamericana de aquellos años.

¡Nuestro destino como nación hubiese sido otro muy diferente, de eso no me cabe duda!

Así que ya lo saben: don José Figueres Ferrer, don Fernando Lara Bustamante y don Edgar Cardona Quirós fueron los personajes históricos clave que con su visión, empuje, vehemencia y hasta con sus errores, lograron la abolición del ejército en Costa Rica. Lo demás es… historia en construcción y, mientras tanto…

¡HONOR A QUIEN HONOR MERECE!

MATRIMONIO HOMOSEXUAL – UNA PERSPECTIVA HETEROSEXUAL

El matrimonio. Un asunto que anda de boca en boca en esta época nuestra y que, como ha sucedido a lo largo de los milenios – antes de forma lenta pero ahora de forma acelerada – ha ido cambiando no solo en su concepto y alcance originales, sino que también en su manifestación tanto privada como jurídica y social.

Por razones enteramente biológicas, o sea naturales, la unión de un hombre y una mujer (macho y hembra) ha sido la norma desde la aparición de nuestra especie. Inclusive, es la norma en prácticamente todas las especies multicelulares conocidas. Hay variantes también naturales, lo sabemos, pero la norma dominante es esa: masculino y femenino y con fines esencialmente reproductivos. Esta unión, como apuntado, es natural y su razón es, por supuesto, también natural. Es la respuesta al llamado instintivo de perpetuar la especie al que todos los seres vivos responden.

El ser humano no escapa a ese llamado instintivo, como tampoco escapa a ese instinto tan poderoso como es el de sobrevivencia. Pero, a diferencia de las demás especies (inclusive a las anteriores especies Homo ya extintas) el Homo Sapiens, al desarrollar civilización y cultura, se vio en la irrenunciable necesidad de institucionalizar la unión del “macho y la hembra”. Y es tanto así que hasta las relaciones polígamas sufrieron de dicha institucionalización y, por supuesto, de regulación. Y esa institucionalización, fuese civil o religiosa (en la antigüedad realmente no había gran diferencia entre lo uno y lo otro) DESEMBOCÓ EN EL MATRIMONIO, y esa ha sido la norma que ha prevalecido a lo largo de los siglos: la unión del “macho” y la “hembra”, o en nuestro caso, entre el hombre y la mujer. Esta unión se volvió una cuestión contractual que respondía a los intereses políticos, sociales y económicos de las diferentes culturas. Digamos también, para efectos de claridad que, por lo general, otros intereses – muy humanos – no estaban contemplados de forma explícita ni tampoco eran requisitos sine qua non para efectuar el “contrato matrimonial”, como lo era el amor. Y esto fue así hasta que llegaron los romanos quienes, en una muestra más de estar adelantados a su tiempo, institucionalizaron 3 tipos de matrimonio, dos de ellos basados en intereses de clase, de descendencia y de poderío político y económico, y un tercero que generalmente estaba basado en el amor y en un proyecto de vida común, el cual era muy popular entre las clases pobres pues, como es obvio, solo se tenían a sí mismos para ser ofrecidos como dote.

Para hacer un paréntesis, al darse el advenimiento y predominio del patriarcado, esa relación “contractual” ya institucionalizada se enfocó en resaltar y perpetuar la preponderancia del “macho”, siendo la “hembra” relegada a derechos inferiores. No es este un artículo dirigido a condenar o no el patriarcado, pues solo lo traigo a colación porque fue un hecho histórico que determinó el devenir de nuestra especie durante los últimos 14000 años, hasta que llegó el siglo XIX, y sobre todo, el siglo XX. Este tema, y estoy de acuerdo en ello, merece un estudio y una publicación aparte.

Este preámbulo lo hago con la intención de dar un poco de luz sobre lo que hoy tenemos, en la cultura occidental, como concepto del matrimonio el cual, a lo largo de los siglos, ha sido extremadamente determinado por consideraciones religiosas cristianas, las cuales – y dependiendo de como lo veamos – justificaban tanto los matrimonios monógamos como los polígamos. Este concepto religioso del matrimonio es el que ha sido sometido a severos cambios de interpretación y es el que ha venido cambiando aceleradamente. Y es, así mismo, el que ha sufrido los reformas más notorias en los último 2 siglos, especialmente por el hecho de que los intereses civiles de las sociedades han ido prevaleciendo, de forma irreversible, sobre los intereses religiosos. El mismo desarrollo de nuestra civilización, impulsado de forma determinante por la ciencia, la razón y la tecnología, ha terminado imponiendo el valor civil del matrimonio sobre el interés religioso del mismo. Esto ha significado una ruptura con las normas tradicionales que fueron impuestas por la Iglesia Católica a lo largo de casi 20 siglos. A modo de ejemplo, no es lo mismo el concepto de matrimonio dominante en el siglo XVI al que tenemos hoy en el siglo XXI, siendo este último más enfocado hacia los intereses particulares de los contrayentes y hacia los alcances de los valores civiles y jurídicos del mismo.

En todo caso, es un hecho que hoy la institución del matrimonio ya no es esencialmente religiosa (como tampoco lo fue en otras civilizaciones como la china, donde lo primordial era la tradición confuciana y sus primordiales significados espirituales) sino civil. Se puede elegir el estilo, el rito y hasta el contrato de matrimonio que se quiera pero, al final de cuentas, lo importante es el reconocimiento civil. El matrimonio religioso, que aún mantiene su importancia relativa, es también – en su esencia – un contrato civil. Y lo civil, como bien sabemos, conlleva tanto derechos como obligaciones jurídicas las cuales han sido dictadas por las diferentes culturas para proteger la integridad y permanencia de su contrato social.

Pues bien. Hasta acá lo que se refiere a la unión “natural” entre un “hombre” y una “mujer”, sus contratos matrimoniales y sus consecuencias civiles y jurídicas; que es lo que ha tenido una vigencia casi absoluta desde que el Homo Sapiens empezó a hacer y a escribir su historia.

Hoy hay movimientos para, así mismo, dar cabida e importancia tanto jurídica como civil a otras formas de matrimonio. Estas formas, que no tienen las raíces naturales que he descrito, si tienen, por el contrario, exigencias sociales, cívicas, económicas y políticas muy antiguas que, de un modo u otro, también hay que atender y resolver. Y este fenómeno, que por el momento ha surgido principalmente en el mundo occidental, tiene también raíces históricas que, si las estudiamos, son verdaderamente sorprendentes y aleccionadoras. Ya el matrimonio homosexual o gay era legalmente permitido en la antigua Grecia, en la antigua Roma, e inclusive en la provincia china de Fujian. En las tribus originarias de Norte América también se daban este tipo de uniones las cuales eran aceptadas, institucionalizadas y reverenciadas como la unión entre un hombre con un hombre “dos espíritus”. De hecho, los hombres “dos espíritus” eran muy respetados en varias tribus originarias por sus supuestas habilidades chamánicas. Así mismo, es interesante hacer notar que el primer matrimonio homosexual en la Europa cristiana puede ser rastreado hasta la España medieval del siglo XI cuando, en una capilla católica, un sacerdote de Galicia casó un día de Abril del 1061 DC a Muño Vandilaz y a Pedro Díaz.

O sea, a pesar de que puede haber razones justificantes distintas entre las de la actualidad y las de la antigüedad, si queda claro que la unión en su momento aceptada socialmente del matrimonio homosexual no es nada nuevo, aunque el mismo se reservaba estrictamente para ser realizado entre hombres. Las mujeres tuvieron que “agenciárcelas” de otras formas hasta que apareció el famoso “Boston Marriage” a finales del siglo XIX en Estados Unidos, el cual aunque era relativamente aceptado en varias áreas de Nueva Inglaterra, no tenía las características ni la relevancia apuntadas para el matrimonio gay históricos entre hombres. De hecho, era una unión libre entre dos mujeres que, o bien podían tener una relación homosexual o solo platónica, pero que convivían juntas y compartían los gastos y deberes de su convivencia.

La lucha por la aceptación plena tanto jurídica como civil del matrimonio homosexual, fuese entre dos hombres o entre dos mujeres, se inicia con la Revolución Sexual en los años 60s del siglo pasado. Esta lucha ha llevado a que en la actualidad haya 24 países que reconozcan el matrimonio gay y, además, que un país asiático como Taiwán dictara, por medio de su Tribunal Constitucional, que el Código Civil era inconstitucional y ordenara que, dentro de los siguientes 2 años, el mismo se enmendara para que el matrimonio entre dos personas del mismo sexo sea legalmente reconocido. Esto significa que, a pesar de las tradiciones religiosas, filosóficas y hasta espirituales en Oriente, las cosas también están empezando a cambiar en Asia.

En síntesis, si se considera la naturaleza civil contractual que define el matrimonio, y se excluye el elemento religioso por no vinculante, el matrimonio civil entre dos personas del mismo sexo tiene una justificación que cumple con “la suscripción de un contrato jurídico representante de la relación y convivencia de pareja, basada en el afecto y un proyecto de vida en común, cuando la pareja desea comunicar formalmente sus preferencias ante el resto de los miembros de su comunidad, adquiriendo los derechos y deberes pertinentes a la formulación jurídica que esté vigente en aquel país que la legalice”. Bajo esa interpretación, que es la que está prevaleciendo juridicamente en occidente, la unión homosexual estable encaja en la definición jurídica de matrimonio dado que los dos contratantes tienen iguales derechos y deberes. No encaja, eso sí, desde la perspectiva del interés natural y social de la perpetuación de la especie; aspecto este sobre el cual estoy de acuerdo porque este tipo de uniones NO cumplen con los requisitos básicos, a como si lo cumplen las parejas heterosexuales que, por definición, sí tienen el POTENCIAL (y ese es el punto medular) de dar vida a la prole.

Por todo lo anterior, y porque esa decisión privada y estrictamente personal debe de ser tomada de forma exclusiva por adultos que han consentido libremente con la misma, considero que el matrimonio gay CIVIL es una inevitabilidad jurídica para nuestro país. No es una cuestión religiosa ni biológica la que al final la habrá de determinar, sino de derecho y de dignidad. Sé que, a pesar de que los argumentos acá esgrimidos tengan tanto valor histórico como jurídico, la oposición a este tipo de legislación continuará en Costa Rica, más desde la perspectiva religiosa y etico-moral que desde el pragmatismo socio-político y jurídico que es, en definitiva, el que debiera de prevalecer. Es, en definitiva, un asunto de derechos y responsabilidades generadas por una decisión libre y privada entre dos ciudadanos costarricenses adultos consensuales y que el Estado costarricense está en la obligación de garantizar. Es una cuestión de derechos humanos que todo ciudadano costarricense tiene garantizada por nuestra Lex Magna.

No obstante lo apuntado, hemos de estar claros que, a pesar de su probable legalización, el matrimonio homosexual no es ni depositario ni puede estar supeditado al primer derecho y obligación que si le es inherente al matrimonio heterosexual: el POTENCIAL de poder perpetuar la especie. Desde esta perspectiva, el derecho a adoptar se torna, en mi opinión personal, en capricho y no en derecho. Pero este punto, de nuevo, también merece un artículo aparte y no es en éste el lugar para ampliar este concepto.

Esta, como podrán ya inferir, es mi opinión personal única y exclusiva que sobre el tema de la viabilidad del matrimonio homosexual en Costa Rica, y no sobre otros temas que están en el tapete como lo son derecho a tener familia y otros asuntos relacionados que, como dije, no estoy de acuerdo pero que es también urgente discutir como país. Y esta opinión, que la hago para aclarar conceptos sobre los que he sido consultado ya varias veces, es la de un heterosexual católico por Fé y liberal por convicción y evolución ideológica.

Saludos;

Mario I. Franceschi

ESE PAIS, NUESTRO PAIS

Había una vez un país que era ejemplo para el mundo por su concepción democrática, por ser socialmente inclusivo, por su naturaleza pacifista y por su empeño y enfoque en su desarrollo tanto humano como económico. Ese país, minúsculo de territorio continental pero grande por su territorio soberano, tenía y tiene enormes riquezas, siendo su gente la principal de todas ellas. Gente ingeniosa, valiente y emprendedora. Ese país, colocado por las fuerzas de la naturaleza en una zona geográfica llena de conflictos políticos y bélicos, supo evadirlos y diferenciarse de sus vecinos y emprender, gracias a ello, el camino que, como ya fue dicho, fue motivo de honra y respeto por parte de la comunidad internacional.

Pero he aquí que, en algún lugar temporal de su devenir, las cosas empezaron a cambiar en ese país y ya no para mejorar, sino para involucionar. En algún momento de su historia ese país fue traicionado y empezó a perder su rumbo, al punto de que hoy ese país ejemplar ya no es lo diferente de sus vecinos que una vez fue y, por el contrario, es cada vez más parecido a ellos. Ese país… se centro- americanizó.

Sus casi 5 millones de habitantes son ahora prisioneros de unos cuantos grupos con enorme poder económico, financiero, político y judicial que, sumados, no podrían ser ni el 0.5% de su población, pero que controlan la totalidad del país y lo esquilman inmisericordiosamente. Y esos grupos se han apoderado de la institucionalidad de ese país y, desde ya hace varias décadas, lo han mantenido bajo un ataque continuado y masivo no solo para monopolizar el poder político, sino para usufructuar impunemente del mismo. En el proceso han negociado y acordado componendas ya fuese con las organizaciones sindicales y gremiales, sino también con los medios masivos de información para, al mismo tiempo, extender sus tentáculos a lo largo, ancho y profundo de la institucionalidad de ese país y disimular sus fechorías.

Ese país cayó en las garras y fauces de una corrupción traidora, de una inseguridad ciudadana criminal, de una insufrible inoperancia institucional, de la desidia y la garrapatería burocrática, de la opacidad y la desconfianza judicial, del compadrazgo y el nepotismo y, para peor de males, en una inexplicable inacción ciudadana que lo inhibe y limita para ejecutar los cambios que su sistema exige para enderezar el rumbo.

Ese país sufre una de sus peores crisis de identidad y credibilidad y, al mismo tiempo, de una severa mediocridad de liderazgo político; la cual es de tal magnitud que es prácticamente imposible encontrarle parangón en toda su historia republicana. Y lo más escandaloso es que, a sabiendas de toda esta problemática, muchos de sus ciudadanos o se refugian en un conformismo insultante, o apelan a la intimidación, a la manipulación, al populismo y a la politiquería partidaria para justificar todos los males que aquejan a su país, y para acallar aquellos que levantan la voz de la denuncia. Incluso hay voces inteligentes – y que se creen de criterio independiente – que llaman a la cordura y a la confianza en un anquilosado, cómplice y corrupto sistema judicial o en un pétreo sistema constitucional como panacea para todos los problemas que el país sufre, mientras en sus propias narices todo se derrumba irremediablemente. Voces inteligentes que, a pesar de sus buenas intenciones, le hacen el juego a los oscuros intereses que han irrespetado, robado y postrado a ese paraíso tropical.

Ese país, al que alguna vez llamaron la Suiza Centroamericana, está a pocos pasos de caer en un abismo político, social, jurídico y económico de proporciones bíblicas. Y todos sus ciudadanos, incluyéndome, somos y seremos cómplices de este crimen ya sea por acción, por omisión o por indiferencia sino reaccionamos y actuamos de forma contundente.

Ese país al que, seguro estoy de ello, muchos lo amamos honestamente, es el que tenemos que rescatar. Es el que debemos de hacer NUESTRO. Es al que le debemos la IMPOSTERGABLE misión de devolverle su prestigio, su democracia, su empuje y liderazgo. Le debemos nuestro compromiso de recuperarlo, no para revivir añejas glorias, sino para construir glorias nuevas.

A ese país, nuestro país, le debemos un compromiso generacional e histórico de incalculables efectos: el refundar toda su estructura constitucional y, en base a ello, el reconstruir toda su grandeza. No será nada fácil pues hay enemigos poderosos que parasitan a la sombra de un sistema caduco, pétreo e insalvable y que harán todo lo que esté a su alcance para evitar que el estatus quo y su zona de confort les sean arrebatados. Por ello debemos aspirar al mejor cambio posible y NO tener temor de hacerlo. Lo contrario solo traerá drama, crisis y violencia a un país que se precia de pacifista e inteligente.

Una nueva Constitución Política, la fundación de la III República y la modernización de toda su expresión institucional, política, social, fiscal y jurídica es la solución que ese país, nuestro país, necesita urgentemente.

No tengamos ningún temor de hacerlo y, por el contrario, confiemos en nuestras enormes capacidades como pueblo heredero de una larga y sólida tradición democrática y republicana.

¡El momento ha llegado! ¡Y ese momento es ahora!

LA RETORCIDA ETICA DE LOS MERCENARIOS

La esposa de don Ottón tiene acciones en HOLCIM que representan el 0.0051% del total de las mismas que la empresa ha colocado en el mercado local vía la Bolsa Nacional de Valores. Ella es una de entre los miles de costarricenses que han comprado acciones de esta empresa.

Y debido a ello, los fariseos locales atacan inmosericordiosamente a don Ottón. Haciendo uso desmedido, cínico y hasta vulgar de la falacia ad hominem. Atacan la integridad “ética” de don Ottón por su falta de transparencia y por sus “intereses”… pero TODOS, absolutamente todos, se cuidan de NO atacar el trabajo hecho por este diputado en la Comisión Investigadora de los Créditos Bancarios. Ahí solo le dicen Torquemada y autoritario… pero el fondo, el meollo del asunto, lo evitan descaradamente. Ahí NO hay argumentos, solo silencio cómplice y egoísta.

Es tal la hipocresía, la piratería y la mercenariedad profesional que NINGUNO, absolutamente NINGUNO, se ha atrevido a enfrentarlo directamente para cuestionarle su proceder como miembro de esa Comisión, y mucho menos, sus conclusiones y revelaciones. Lo importante es venderse, cotizarse… demostrar que se es el “mejor soldado del amanecer”.

Ataque al mensajero, pero no a su mensaje. Falacia del “Hombre de Paja”. Todo lo dicho por estos “patriotas” es mero discurso falaz. Hay gente que paga muy bien para que estos y otros instrumentales halen los hilos del desprestigio como argumento.

Es tal el amor que le tienen a la Patria y a la necesidad de sanearla, que prefieren hacer un escándalo por 0.0051% de las acciones del Grupo HOLCIM que están a nombre de la esposa del diputado – con tal de desviar la atención sobre lo que realmente importa al país – que apoyar el excelente trabajo que tanto este diputado, como la diputada Patricia Mora, han desplegado estos últimos meses.

El cinismo NO es de don Ottón, sino de aquellos mezquinos que lo atacan a lo personal, no a su obra en pos de esclarecer en este trance tan asqueroso que está pasando Costa Rica.

¿Etica? ¿Por qué no se miran al espejo…?

CONDUCTA INAUDITA – CEMENTAZO

SINOCEM CHINA sí existe. Su cede central está localizada en la ciudad de Hangzhou, en la provincia de Zhejiang, de la cual es su capital. Produce aproximadamente 100 millones de toneladas de cemento de varios tipos y 100 millones de toneladas hormigón al año; y posee su propia línea naviera, SINOBULK, especializada en transportar este tipo de productos. Solo como aclaración, el prefijo SINO significa CHINO, o sea SINOCEM significa CEMENTO CHINO.

Hago esta nota aclaratoria debido a que hay una publicación en La Nación cuyo título es “Embajador Chino: SINOCEM no tiene nada que ver con China”, que puede confundir al lector, especialmente si (como es costumbre en este país) se leen solo los títulos y no el reportaje completo.

En el artículo de marras el señor Embajador de la República Popular China aclara, de forma diáfana, que es la “empresa” SINOCEM COSTA RICA/SINOBUILDING, propiedad de Juan Carlos Bolaños y empresa de “papel”, la que no tiene nada que ver con China. Y, de inmediato, da las explicaciones del por qué.

Este escándalo del CEMENTAZO es de grandes proporciones, razón de suma importancia que debe de obligarnos a tener los conceptos claros para no distorsionar la opinión pública. Y la prensa nacional, es mi opinión, debe de ayudar en ello. Es una obligación ética el hacerlo.

Dicho lo anterior, procedo a la razón por la cual comparto con ustedes este artículo. Hay en ese reportaje un aspecto que tiene VITAL trascendencia y que, por lo declarado por el señor Embajador, me parece realmente inaudito que no se haya procedido con la respectiva gestión por las vías correspondientes, o sea tanto la judicial como la diplomática. El elemento clave de ese artículo es la declaración del señor Embajador que dice “Costa Rica no ha pedido ayuda a su gobierno para investigar este caso o las negociaciones que se dieron en China entre Bolaños y empresarios cementeros.” (sic)

La profundidad e importancia institucional así como jurídica de este caso amerita que, desde que se inició este escándalo, el gobierno de Costa Rica DEBIO de haber pedido al gobierno de la República Popular China toda la información posible sobre el tema. Ya la Casa Presidencial, así como el presidente, han indicado que cooperarán en todo lo que sea necesario para elucidar este espinoso tema, entonces la pregunta es:

¿POR QUE, A ESTAS ALTURAS, NO SE HA PROCEDIDO A SOLICITAR DE FORMA OFICIAL LA AYUDA DE LA REPUBLICA POPULAR CHINA PARA INVESTIGAR LAS RELACIONES EXISTENTES ENTRE BOLAÑOS Y LOS EMPRESARIOS CEMENTEROS CHINOS?

Acá no estamos jugando bolinchas o canicas… estamos ante el mayor agravio CONOCIDO a la institucionalidad de nuestro país. Se debe, de inmediato, proceder a solicitar esa ayuda que, tácitamente, el señor Embajador de la República Popular China está ofreciendo.

¡¡¡DE INMEDIATO!!!

PERSONALIDAD POLITICA

A lo largo de 44 años, y desde que empecé a desarrollar conciencia política allá por 1973, he tenido la oportunidad de atestiguar la elección y posterior proceder de 11 diferentes administraciones ejercidas por 9 señores y una señora presidentes.

A excepción de 1, todos fueron consecuentes en su conducta, en su decir y en su proceder y actuar público. Esto NO significa que hayan sido buenos, regulares o malos presidentes, ese es otro tema, sino que sus personalidades y liderazgos, aunque muy diferentes entre sí, eran coherentes y, de forma general, dominaban o controlaban de forma satisfactoria su entorno y a sus colaboradores.

Varios de ellos se rodearon de equipos extraordinarios, de lujo, otros de amigos que abusaron de la confianza y del puesto al que accedieron. Algunos eran o han sido ególatras, tozudos o autoritarios; otros fueron pausados y políticamente muy hábiles, otros fueron y han sido buenos líderes de equipo, otros “campechanos” y carismáticos, la mayoría poseedores de gran señorío, un par bastante aristócratas y dos o tres, no más, dieron todo lo que tenían para hacer su trabajo lo mejor que pudieron. Ese trabajo que este pueblo le ha dado a muy pocos costarricenses, como lo es el máximo honor político posible: la presidencia de la República.

Aclaro que no intento, de ningún modo, catalogar sus administraciones, sino sus personalidades y la imagen que le proyectaban a nuestro pueblo o, al menos, a mí en lo personal.

De todos aprendí que la política es increíblemente ingrata, aunque en oportunidades muy gratificante, que el juicio del pueblo nunca es absoluto y que, no importa como procedan, la máxima aquella de que “el líder que no escucha a su pueblo no está legitimado para gobernarlo” tenía – y tiene – un profundo sentido ético y moral y una preponderancia y trascendencia universales. Bien que mal, unas veces más y por lo general menos, la mayoría de ellos escuchó a su pueblo, y aunque no necesariamente actuaron en concordancia, si mantuvieron su personalidad y discurso de forma coherente.

Uno, solo uno, mostró o ha mostrado una seria falta de capacidad auditiva, de reacción, de personalidad y coherencia. Nunca tuvo control de su entorno ni de sus colaboradores y nunca entendió que aunque sus gritos se escuchen hasta Cieneguita, no significa que tenga ni autoridad ni liderazgo. Uno, solo uno en mi opinión, ha mostrado que el oasis que nos pintaron como la última Coca Cola en el desierto resultó ser eso: una ilusión óptica generada por una irresponsabilidad mercadológica, además de la consecuente y penosa decepción. Ha sido instrumento o herramienta, ya sea por voluntad o por ingenuidad, en manos de “avivatos”. NUNCA alfarero, escultor o constructor de futuros y destinos, ni mucho menos líder que señalara caminos. En pocas palabras: una personalidad políticamente débil, voluble, impredecible e inestable.

Representó una esperanza que hoy prácticamente todos, con muy pocas y muy puntuales excepciones, queremos ya pasarle la página.

POR UN MARCHAMO MEJOR PARA TODOS

Se viene el pago del marchamo. Un rito impositivo que todos los años los costarricenses que tenemos vehículo, debemos pagar sí o sí. Y hay que pagarlo gustosamente también…

Y todos los años este cobro, o impuesto, le significa al Estado costarricense, ese mismo que injustamente criticamos por paquidérmico, mediocre, corrupto e insaciable, un ingreso muy necesario, y que esta Navidad le significará la bicoquilla de casi 225 mil millones de Colones.

Ese monto, el cual generalmente aumenta todos los años, debemos de pagarlo todos los ciudadanos conscientes y agradecidos porque es por ello, y a las visionarias políticas e inversiones públicas hechas por nuestro Estado a lo largo de las décadas, que hoy podemos disfrutar el tener carreteras y vías de primer mundo, tanto a lo largo y ancho del país como en las ciudades, que son nuestro orgullo nacional y la envidia de toda Latinoamérica.

Así que paguemos gustosos este impuesto, a como gustosos también pagamos el combustible más caro de centroamérica, porque son obvios los beneficios obtenidos. Y, al mismo tiempo, extendamos nuestra felicitación y agradecimiento a los gobiernos e instituciones que, a lo largo de los años, han velado celosamente por no tener ni siquiera una fisura del grosor y profundidad de un cabello en nuestras vías y carreteras, por haber eliminado las agobiantes presas que ya no ahogan nuestras chatas ciudades, desquiciaban nuestra psique y estrujaban nuestras billeteras; pero sobre todo, por la honestidad a carta cabal y el incuestionable compromiso de los que han ejercido su patriótica función para que todo esto sea la hermosa realidad que vivimos hoy.

Sugiero vehementemente el celebrar, TODOS, este pago de marchamo con bombas, platillos, música alegre, bocadillos y bebidas en el histórico Puente de la Platina. Juntémonos masivamente y hagamos patente nuestro imperecedero agradecimiento a nuestra prístina institucionalidad por convertir la infraestructura vial de Costa Rica en un orgullo patrio. Y no se olviden de llevar dispositivos y accesorios para sacarse selfies en este magno e histórico evento. Así que, como decíamos en mi época de carajillo allá en mi adorado Puntarenas: “calda” el que falta…

¡POR UN MARCHAMO MEJOR PARA TODOS!

VERGONZOSA INFRAESTRUCTURA VIAL

Hemos sobrevivido hasta hoy, de forma muy precaria, con la infraestructura vial pensada para una población 2.5 millones de personas, tal y como la teníamos a finales de los 70s, o lo que es lo mismo, desde hace casi 40 años. Los recientes informes internacionales publicados por el Foro Económico Mundial, nos ubican en el lugar 122 a nivel global y 20 a nivel continental, solo superando a Paraguay y Haití. Resultados que deberían ser considerados, se vea por donde se vea, como vergonzosos. Simplemente HUMILLANTES.

Nuestra población total se ha duplicado desde ese entonces y nuestra economía se ha quintuplicado (pasamos de un PIB per cápita de USD2057.00 en 1980 a USD10184.00 per cápita en el 2013) pero, al mismo tiempo que este incremento poblacional y económico presionan fuertemente al país a modernizar su infraestructura vial, hemos venido acumulando irresponsablemente un atraso en su desarrollo, según los expertos del LANAMME, de precisamente 40 años. Y se necesitarían, como mínimo, USD25 mil millones de inversión en los próximos 15 años para rehabilitar y rediseñar la red nacional de alta capacidad conformada por 1.679 kilómetros a lo largo y ancho del país, así como la red de vías regionales de 1.725 kilómetros. Hoy, y con duras penas y dolorosos abusos, invertimos en promedio anualmente en nuestra infraestructura poco menos del 1.2% de nuestro PIB, pero si queremos resolver un problema que día a día se vuelve asfixiante, necesitaríamos que ese porcentaje sea como mínimo el 2.5% del PIB, o sea USD1250 millones al año. Y como nos esperan 15 años para alcanzar las mejoras que urgen, pues debemos de empezar desde ya, y de forma resuelta, a solventar el problema.

La efectiva integración de Costa Rica a un mundo globalizado y profundamente interconectado depende de varios factores, todos importantes pero, definitivamente, el de nuestra infraestructura es central. Estamos ayunos de una política integral, inteligente y EFICIENTE que no solo considere la urgencia de este problema, sino que a la vez considere una solución que abarque otros aspectos interconectados entre sí, que afectan directamente nuestra competitividad y nuestro desarrollo. Mientras los países de nuestro entorno regional invierten fuertemente en modernizar su infraestructura, principalmente la vial, nosotros nos debatimos ante un panorama bastante desolador: aumentar el gasto de recursos propios a un ritmo vertiginoso y descuidando, de paso, otras áreas vitales para nuestro bienestar común, recurrir a empréstitos en el mercado financiero internacional, o sea, más endeudamiento en un momento que nuestro déficit fiscal nos ahoga y degrada la calificación internacional del país, invertir urgentemente los fondos disponibles desde ya hace casi 10 años y sobre los cuales se pagan intereses de deuda o, por último, tratar de reconstruir la confianza y la efectividad de las concesiones y en la ejecución de proyectos mixtos entre el Estado y la empresa privada. El mundo, en su totalidad, está invirtiendo USD9.0 BILLONES (trillions para los gringos) anualmente en desarrollo de infraestructura porque el resto del planeta está consciente de que nuestra época se define por la interconectividad global, por geografía funcional y ya no por geografía política.

Personalmente creo que, dadas las limitantes tanto políticas como financieras que hemos dejado crecer como hiedra, por las circunstancias que ya todos conocemos, la figura de la concesión en la modalidad de empresa mixta (pública/privada) es la solución que mejor posibilidades tiene para enfrentar este angustiante problema. Debemos de explorar muy seriamente esta alternativa y, si es nuestra mejor opción, ejecutarla de forma inmediata. No podemos seguir haciendo el ridículo de esperar 20, 30 o más años para construir una “calle” que nos es vital. Eso es una absoluta irresponsabilidad y un CRIMEN contra el país.

El planeta es un esferoide que rota sobre su eje y NO espera a nadie y, obviamente, no se va a detener a esperar por nosotros. De esto no me cabe la menor duda.

MEDIOCRIDAD PARLAMENTARIA

Francamente, hay momentos en los cuales no estoy de acuerdo con la forma de actuar de los diputados de la comisión legislativa investigadora de los créditos bancarios. Además de que en esa comisión hay o llegan diputados que hasta da grima escucharlos, también los hay que llegan a hacer concienzudamente su trabajo; aunque hay momentos que se evidencia, en algunos de ellos, una actitud de torquemadas que creo no solo inconveniente, sino improcedente. La Comisión no es el estrado de un teatro ni el púlpito de una iglesia, es un recinto politico de profundas raíces democráticas al cual todos los involucrados le deben respeto y, por su puesto, se deben respetuo mutuo.

Entiendo plenamente que esta es una Comisión Legislativa de control político, la cual está sustentada en nuestra Constitución Política y, por consiguiente, tengo muy claro que lo actuado por la misma es un juicio político. Se está determinando si se cometió o no un delito político y, si el mismo, tiene eventuales consecuencias que deban ser dilucidadas en tribunales jurisdiccionales de la República.

Se debe de reconocer, para ser justos, que hay un esfuerzo por parte de la Asamblea Legislativa por hacer partícipe al pueblo de esta función, todo en aras de ser transparente en el proceso que se está llevando acabo. Esa transparencia ya ha obtenido resultados que, de otra manera, hubiese sido imposible que se dieran, como han sido los golpes de timón que se han ejecutado en el Poder Judicial y el Ministerio Público con la suspensión de Celso Gamboa y el Fiscal General, la reapertura de causas de relevancia política nacional que habían sido sobreseídas y el reacomodo de personal clave para atender los casos más complejos de “supuestas” corrupción y tráfico de influencias. Así mismo, ya han habido repercusiones en el Poder Legislativo con la “renuncia/expulsión” de Victor Morales Zapata de la fracción del PAC, y con el llamar a declarar ante la comisión a diputados de las diferentes bancadas (claro, un daño mínimo, pero daño al fin). En el Poder Ejecutivo aún no hay consecuencias relevantes, excepto la comprobación de involucrados del Ministerio de Hacienda (solo una víctima por el momento) y la fuerte sospecha (que va a ser muy difícil de probar) de que el “Capo di tutti capi” de toda esta maraña está en la casa de Zapote. Y también ha habido repercusiones en el sistema bancario (BCR) y en el escenario electoral como lo fue la “solicitada renuncia” al señor Victor Hugo Víquez a su aspiración diputadil, como primer lugar del PLN por Heredia.

Por último, ha quedado también evidenciado que, con claras excepciones que me bastan los dedos de una mano para contarlas, en la Asamblea Legislativa no hay cara en que persignarse. En ese Primer Poder de la República se ha entronizado la obvia mediocridad a la que hemos llegado en nuestro escenario político parlamentario. Esa mediocridad – y otros “atributos” – son la norma, no le excepción. Y esto sí que es en extremo preocupante porque, con la posible conformación de la Asamblea Legislativa 2018 – 2022, es casi seguro de que el clamor y exigencia de este pueblo nuestro por reformas profundas a nuestra constitucionalidad, seguirán siendo diluidas en los intereses partidistas. Es más, fijémonos muy bien y veremos que no hay uno solo de los candidatos presidenciables que se haya referido, de forma importante, a las reformas que se necesitan de urgencia en el país y, mucho menos, ninguno de los candidatos a diputados inscritos en las listas que NOS IMPONEN los partidos políticos. Hay acciones cosméticas, nada de fondo y esencia. El baile, ya montado, seguirá hasta la medianoche de un día de Mayo allá en el 2022, y el problema – que sí es problema – es que NO estamos invitados.

Reitero, con base a lo observado y analizado durante estas sesiones de la Comisión Legislativa, así como por lo observado en lo que va de esta campaña electoral, que se hace imperativa la necesidad de reformas sustanciales en nuestra Patria. De esto NO me cabe ninguna duda. Y está en nosotros, los ciudadanos, el poder de exigirlo y lograrlo.

ESTAMOS MAL… MUY MAL

Estamos mal. Muy mal. Es muy doloroso decirlo, pero lo es más el tener que aceptarlo.

Las comparecencias ante la comisión de la Asamblea Legislativa que investiga lo relacionado con el CEMENTAZO, y en especial las de Celso Gamboa y Victor Morales Zapata, han desnudado un nauseabundo y condenable enjambre de personas y hechos que han dejado, por decir lo menos, perplejos y sumamente indignados a propios y extraños. Y no es por la chismografía rosa que algunas comparecencias han desatado, pareciera que con la intención de desviar el foco de atención sobre lo esencial, sino por la cruel verdad que ya muchos habíamos intuido y denunciado: nuestra institucionalidad ha sido invadida por el cáncer de la corrupción que está haciendo metástasis en frente de nuestras propias narices. Y este es, sobre todo lo demás, el verdadero centro gravitacional en el cual debemos de concentrar nuestro interés.

Es YA patente el involucramiento de altas autoridades en los tres poderes de la República en este negocio del cemento chino, a como también es evidente que hemos estado eligiendo gente a nuestra Asamblea Legislativa que, francamente, dan lástima por su meridiana mediocridad o por su despreciable sumisión, o dan ira por su repugnante bajeza moral. Se ha hecho ya incuestionable la absoluta necesidad de reformar todo el proceso de elección de nuestros representantes populares (diputados), y sobre todo, la elección de nuestros máximos jueces. Se nos ha hecho urgente el realizar una reforma profunda y total de la estructura política y jurídica de nuestro Estado. Es urgente reformar nuestra Constitucionalidad y nuestra manera de hacer política.

Simplemente NO podemos seguir depositando la administración de nuestro país, y de su institucionalidad, en manos ni de pillos ni de mediocres ni marionetas ni, por supuesto, de angurrientos y avivatos que se aprovechan de las debilidades que aquejan a nuestro vetusto y anquilosado Estado para, así, seguir abusando de nosotros y del país. Hemos dejado, sea por indiferencia, omisión, complacencia o por politiquería, que nuestra Costa Rica haya caído en manos de una mafia que la ha llevado a este trance tan doloroso de su historia.

Hoy todos nos sentimos ultrajados al descubrir que, en nuestra estructura política y judicial, se hayan entronizado gente mediocre y, también, gente de tan baja calidad ética y moral. Nuestro país se nos está cayendo a pedazos porque la lista de ofensas es de nunca acabar, y cuyo nocivo efecto ha permeado negativamente TODOS los sectores de nuestro tejido nacional. Solo para nombrar algunas de las calamidades que nos han afectado en las últimas 3 o 4 década, baste con indicar las gollerías y privilegios de los sindicatos y grupos gremiales del sector público, pensiones de lujo ofensivamente escandalosas, SORESCO, OAS, la trocha, Crucitas, las burlas a nuestra Constitución, el amiguismo, el servilismo y el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, la prepotencia, la paupérrima condición de nuestra infraestructura vial debido a instituciones desprestigiadas hasta la médula, impunidad, altísimo costo de la vida, pobreza, miseria, desempleo y un largo etcétera. Puede ser que alguno diga que no hay relación entre algunos de los hechos indicados, pero debemos ya de entender que todos y cada uno ellos ESTÁN unidos como grilletes de cadena y que irremediablemente llevan al mismo fin y resultado: el acelerado y notorio declive y derrumbe de nuestro Estado y, por consecuencia, de nuestra democracia republicana. Hemos permitido que a nuestro país lo lleven a la vergüenza que hoy debemos de afrontar: el tener un país profundamente enfermo, polarizado, débil y mediocre que se está convirtiendo en presa fácil de mafiosos y de grupúsculos políticos contrarios a los intereses de nuestra Patria.

El pueblo costarricense está llegando a un peligrosísimo punto de NO retorno. La indignación, a veces disimulada con agria chota, se acumula a pasos agigantados, y continúa creciendo exponencialmente a medida que se tiene la percepción de que, después de todo este escándalo (y la acumulación de otros anteriores o conexos ya nombrados), la impunidad volverá a funcionar y a salvarle el pellejo y honra a especímenes claramente lesivos para el país. El ya obvio involucramiento de los tres poderes de la República en este escándalo del CEMENTAZO y otros, ha provocado que la gran mayoría en este país no crea en la imparcialidad de nuestra justicia ni en la eficacia de nuestro sistema judicial, ni tampoco en los balances y contrapesos que legitiman nuestra manifestación republicana. El juicio político y sentencia de culpabilidad del pueblo de Costa Rica en contra de aquellos que han ultrajado la integridad de nuestra institucionalidad es, simplemente, demoledor e inapelable. Nuestro pueblo ha juzgado, y ya cada cual rendirá las cuentas políticas y judiciales pertinentes en los tribunales que corresponda. Y en este punto hay que ser vehementes en exigir que se cumpla a cabalidad.

No dejemos que nos desvíen la atención sobre lo que es vital para el futuro de la Patria porque, definitivamente, es imperativo ENFOCARSE en nuestra más absoluta prioridad que es el salvar nuestro país. Organicémonos y concentremos nuestros esfuerzos. No diluyamos nuestra fuerza como pueblo obedeciendo ni a populistas ni a falsos mesías. Formemos un bloque unitario y cívico fuerte y solidario para hacer notar nuestra indignación y nuestro reclamo por las reformas que le son urgentes al país. Hagámolo por nosotros y por las futuras generaciones de costarricenses. La historia y la vida nos están dando esta oportunidad…

Saludos,

Mario I. Franceschi